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Soledad Duarte, minera Pioneras
Las mujeres que abrieron el camino de la paridad

España cuenta con el primer Gobierno paritario de la historia, y en Andalucía hay más mujeres que hombres en el nuevo Ejecutivo autonómico. La sociedad sigue discriminando a las trabajadoras por razones de sexo, pero cada vez más mujeres luchan por cambiar la situación y ocupan trabajos considerados tradicionalmente "masculinos". Cada una de estas pequeñas victorias supone un importante paso hacia la igualdad.
Fotografía: FERNANDO MOLERES | Soledad Duarte es una de las 11 mujeres que trabajan en el pozo de Santiago, en Asturias

Publicado en: La Vanguardia Magazine, 09 de mayo de 2004

Magda Bandera | 09-05-04
El reloj de Ferrofet está adelantado. Las jornadas laborales de esta fábrica comienzan a las 8.55, a las 12.55 y a las 16.55. Esta no es la única "rareza" de esta empresa de prefabricados industriales, que aparece como ejemplo en el Libro Blanco de Buenos Usos Empresariales de la Comisión Europea. Su plantilla está formada por 220 mujeres y 7 hombres. Ellas son las que utilizan las pistolas hidráulicas y los equipos de soldadura para ensamblar las piezas metálicas. Ellos se limitan a "hacerles de apoyo en las tareas que requieren un mayor esfuerzo físico", explica Jordi Pujol, director de esta fábrica de Mollerusa.

"La verdad es que contratamos mujeres por necesidad. La ideología vino después", afirma Pujol. En 1999 la tasa de paro en esta zona era la más baja de Cataluña y apenas si había inmigración. Por este motivo, la empresa decidió encargar un estudio a UGT para saber qué colectivo podría incorporarse a la plantilla. La conclusión fue que muchas mujeres, amas de casa y esposas de agricultores, estarían dispuestas a trabajar en la fábrica si las jornadas no sobrepasaban las cuatro horas.

Y así fue. Tan pronto como corrió la voz, 300 mujeres de la comarca se presentaron para pedir un empleo. Esas mujeres agradecen que la adaptación de su horario les permita recoger a sus hijos en la escuela. Trabajar con el soplete también fue sencillo. Recibieron un curso de formación para familiarizarse con las herramientas y aprender a leer un plano.

Celeste Miret, de 29 años, dice que al principio fue un "shock" para la gente del pueblo ver que la fábrica se llenaba de mujeres, "pero ya se ha acostumbrado todo el mundo". Pese a los aspectos positivos y originales de esta experiencia pionera, la empresa no es tan diferente del resto. Los hombres que les sirven de "apoyo" son los encargados y el gerente es un varón.

La situación de Miret también es muy parecida a la de buena parte de las mujeres trabajadoras españolas. Esta soldadora combina su trabajo en la fábrica con el que desempeña en su hogar como esposa y madre de una niña. Dice que puede compaginarlo bien y que su marido "está contento de que pueda trabajar un poco".

La media jornada se presenta como una gran ventaja para todos, explica Pujol. Este empresario asegura que sus empleadas son mucho "más eficientes y están más frescas" gracias a la reducción de jornada. La fábrica también está "más ordenada. Apenas hay que explicarles nada, saben muy bien cómo organizarse. Al principio les da miedo soldar, pero luego es la tarea que prefieren", añade. Este empresario cree que en general las mujeres son más detallistas y esa es una cualidad muy apreciada en alguien que debe soldar piezas pequeñas.

El empleo de estas mujeres no está considerado como "femenino" en una sociedad que aún distingue entre trabajos típicos de hombres y de mujeres. Tradicionalmente, la justificación de esta diferencia solía basarse en el hecho de que los hombres son más fuertes. Sin embargo, en la actualidad tienen más peso las razones instintivas", según Concepción Fernández Villanueva, psicóloga social directora del estudio nacional sobre La igualdad de oportunidades (Icaria).

Estas razones sostienen que el instinto materno hace que las mujeres estén más preparadas para ejercitar los trabajos que reproducen los roles de madre. Entre los trabajos asociados a mujeres, Fernández Villanueva destaca las auxiliares de jardines de infancia, las cajeras, las modistas, las peluqueras.

La pesca no está incluida en este tipo de "labores", pero las mujeres de la localidad valenciana de El Palmar decidieron rebelarse contra la Comunidad de Pescadores para conseguir ejercer esta profesión. Respaldadas por la asociación Tyrius de El Palmar, cinco mujeres solicitaron en 1994 el derecho a pescar, un privilegio que estaba reservado a los hijos varones de los pescadores.

La Comunidad rechazó frontalmente su petición. Después de varios intentos de diálogo y un acto de conciliación, las mujeres de Tyrius acudieron a los juzgados y ganaron "en todas las instancias judiciales, incluido el Tribunal Constitucional", remarca la portavoz de Tyrius, Carmen Serrano.

El triunfo legal no ha supuesto una gran mejora de la situación, según Serrano. "Aquellas cinco mujeres fueron admitidas y en teoría ya no existe una norma que nos prohíba pescar, pero la realidad es muy distinta. Han ingeniado todo tipo de impedimentos para que no podamos acceder a la comunidad de pescadores. Requisitos imposibles de cumplir, expulsión de los pescadores que apoyaron a las mujeres, manifestaciones, pintadas, insultos... Estamos siendo aisladas del medio social donde nacimos y crecimos. La mayoría de los hombres de El Palmar mantienen que la pesca es sólo para los varones. Sus hijas y mujeres defienden la misma postura". Para Serrano, "lo más inverosímil es el comportamiento de estas mujeres, que en 1999 crearon una asociación paralela con el único objetivo de oponerse a las que queríamos pescar".

Negación del problema

La directora del informe sobre La igualdad de oportunidades ha estudiado el modo en que algunas mujeres siguen resistiéndose a la igualdad en el trabajo. Según esta profesora de la Universidad Complutense de Madrid, además de las "razones instintivas", muchas mujeres dificultan este objetivo al decir que "prefieren compartir el trabajo con hombres". En la misma línea, expresan su aversión a "las jefas", sospechosas por el mero hecho de "haber llegado".

No obstante, lo más peligroso para conseguir la verdadera igualdad es considerar que ya se ha logrado, "la negación del problema", en palabras de Fernández Villanueva. En este sentido, las ocho consejeras de la Junta de Andalucía que superan en dos al número de consejeros puede resultar tan engañosa como la foto de las ministras del "Gobierno de la paridad". Y es que el mundo de la política tiene normas propias.

Si se profundiza, las secretarías de Estado son ocupadas mayoritariamente por hombres, tal como estos días resaltan algunas asociaciones feministas. Otro dato está resultando igual de interesante: las ocho ministras del Gobierno de Rodríguez Zapatero suman cinco hijos. Los ocho ministros, veintidós. Ninguna de las cinco ministras que son
madres ha tenido más de un hijo.

Este tipo de realidades hace que muchas mujeres lleguen a la conclusión de que es imposible compatibilizar vida laboral y familiar. Sin embargo, con frecuencia no lo plantean en estos términos. Por el contrario, cuando optan por la vida familiar argumentan que lo han hecho de manera voluntaria y "ni mucho menos porque haya sido una imposición social", explica Fernández Villanueva. El gran problema es que el discurso ha sido interiorizado.

También la periodista Ima Sanchís cree que uno de los principales problemas de las mujeres del Primer Mundo es que han interiorizado buena parte del discurso patriarcal y se autolimitan de modo inconsciente. Después de cientos de entrevistas, Sanchís ha llegado a la conclusión de que en el imaginario de muchas mujeres siguen existiendo trabajos femeninos y masculinos. "Aún cuesta concebir una directora de orquesta o una mujer que sea primer violín", afirma Sanchís, quien acaba de publicar El don de arder. Mujeres que están cambiando el mundo (RBA). Muchas de las protagonistas de su libro rozan la heroicidad y "la mayoría destaca por su originalidad, su capacidad creadora y su generosidad".

Por este motivo, Sanchís considera que no es bueno decir que algunas de las mujeres que han conseguido triunfar han tenido que renunciar a su vida personal. "Quien renuncia es la sociedad. Asegurar que los niños y los adolescentes están bien atendidos es una obligación de toda la sociedad, no sólo de las mujeres". Esa "sociedad" es la que más resistencias ofrece a la plena incorporación de la mujer.

Ana María Ferrer, magistrada de la Audiencia Provincial de Madrid, recuerda que cuando empezó a trabajar hace veinte años muchos se extrañaban al descubrir que la persona responsable de su juzgado era una mujer. "Aún hoy hay ciudadanos a los que les cuesta aceptar que esta profesión sea ejercida por mujeres. Pero hace dos décadas esta opinión se exteriorizaba abiertamente. A veces, escuchabas que alguien decía 'Tantos hombres en el paro y...'"

En la actualidad, hay más mujeres que hombres en los juzgados, "aunque sigue habiendo discriminación en los nombramientos discrecionales", lamenta Ferrer. Esta magistrada señala que hasta hace unos años esta situación era normal, ya que para optar a estos cargos era necesaria una antigüedad. Las mujeres no podían tenerla, porque hasta 1973 no pudieron entrar en la carrera judicial. Ahora esta situación debería empezar a equilibrarse, según Ferrer.

"Muy de hombres"

También es previsible que en el futuro haya más mujeres que trabajen como bomberos. Actualmente, de los 2045 que pertenecen a la Generalitat, sólo ocho son mujeres. Emma Roca, la cuarta en ingresar en este cuerpo, recuerda que durante los primeros días sintió que a su alrededor todo eran ojos: "Entré junto a dos compañeros chicos y a ellos no les miraron de la misma manera. Cuando se dieron cuenta de que era tan válida como el resto, todo fue bien. Pero aun así, siguen protegiéndome de un modo exagerado y me dicen que no cargue con mochilas pesadas. Al principio, parecía la hija del jefe".

A pesar de que "es muy de hombres", Roca asegura sentirse a gusto trabajando en este colectivo. Ahora, dos años y medio después de empezar, ya ha conseguido tener baño propio. "Antes perdíamos tiempo organizando turnos", explica. Últimamente las conversaciones también son más variadas, asegura. "Hablan menos de sexo y de mujeres", bromea.

Ya en serio, Roca considera que otro de los aspectos positivos que aportan las mujeres que trabajan como bombero es su sensibilidad. "Cuando durante un servicio atendemos a una mujer embarazada yo suelo dirigirme a ella y preguntarle qué tal está, cómo se va a llamar el bebé y detalles de este tipo. Cuando ven a una bombero muchas mujeres se
tranquilizan".

Muy distinta es la sensación de algunos hombres que no se habitúan a trabajar codo con codo con sus compañeras en tareas consideradas "masculinas". Soledad Duarte se sorprendió al ver cómo algunos de los hombres que la saludaban dejaron de hacerlo cuando empezó a trabajar en la mina. Su reacción no fue hostil, pero sí sumamente "extraña".

"Estaban como 'cortados'. En la calle me sonreían, pero allí no". Al principio a su familia le costó hacerse a la idea. "Mi hermano murió en la mina y por eso yo tenía preferencia. A mi marido le daba miedo, porque también él estuvo a punto de perder la vida, pero sabe que es una gran oportunidad y me apoya". Duarte dice que las veinte chicas que trabajan con ella en el Pozo de Santiago lo llevan bien, a pesar de que
es un oficio muy duro.

Paradójicamente, las tareas que en principio requieren menos esfuerzo físico pueden resultar incluso más dañinas que las más "espectaculares". La Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo de 1999, elaborada por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene, señala que el 76,3% de las mujeres sufre molestias musculoesqueléticas frente al 65,5% de los hombres.

La causa principal es que muchas de ellas realizan movimientos de manos o brazos muy repetitivos" y a menudo deben mantener una misma postura durante tiempos prolongados, recoge Rebeca Torada, miembro del Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud, y coautora del estudio Mujer y trabajo. Problemática actual (Germania).

En este sentido, las puericultoras sufren el desgaste de estar cogiendo en brazos a los niños continuamente y de adaptarse a un mobiliario que no está pensado para adultos, sino para personas de pocos años. Además de pescadora ocasional, Carmen Serrano es maestra de primaria. Por suerte, esta mujer, que a sus 45 años está trabajando en su tesis doctoral, no se siente sola. Su marido, pescador, apoya su causa pese a las presiones a las que ha sido sometido. Y sus hijas hacen otro tanto. Las tres cursan estudios universitarios y tienen muy claro qué es la lucha por la igualdad.

 

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