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Carta al nuevo gobierno

PRESIDENT MARAGALL
Carta al nuevo Gobierno

Los simpatizantes de los tres partidos que gobernarán Catalunya durante la nueva legislatura celebran estos días la unión de las izquierdas. Superadas las diferencias entre los nuevos socios de gobierno, los votantes de izquierda anuncian que exigirán a sus gobernantes que cumplan el programa del tripartito. Entre sus prioridades figuran la mejora de la sanidad y la educación públicas y de las condiciones para acceder a una vivienda y un empleo dignos

Publicado en: La Vanguardia, 21 de diciembre de 2003
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Magda Bandera | 21-12-03
Dos albañiles comentando las bondades del pacto a la hora del bocadillo, unos profesores de secundaria organizando una cena para celebrarlo y algún que otro brindis en la oficina y hasta en la comida familiar. Estos días, los catalanes de izquierda se proclaman ilusionados, pero, como en el famoso anuncio, no son ilusos. Quieren resultados. Y pronto.

“Quiero hechos, no palabras”, exige Marta Valle, una fotógrafa de 26 años que espera que el Govern cumpla con lo prometido, “sobre todo, el conseller de Medi Ambient i Habitatge”. Para ello, le va a dar “un año de vidilla: soy totalmente de izquierdas, pero estoy muy quemada con los políticos. Aun así, no quiero perder la esperanza. El simple hecho de que por una vez la izquierda haya sido capaz de unirse ya es motivo para estar contenta”.

A pesar de las diferencias en las prioridades de los tres partidos gobernantes, la alianza de la izquierda es uno de los aspectos más valorados por sus simpatizantes. “Teníamos la sensación de que la derecha siempre se unía y que la izquierda siempre estaba dispersa, unos por aquí y otros por allá. Con el tripartito eso ha cambiado y se garantiza una política de izquierdas. Cuando se pacta con la derecha, siempre acaban predominando sus planteamientos”, sostiene Rosa Maria Fernández, militante socialista y presidenta del Lobby de Dones de Catalunya. “Las políticas de igualdad de la derecha son básicamente de imagen. Colocan a mujeres en cargos vistosos, pero luego hacen políticas de hombres. Ahora, el tripartito tendrá que crear las condiciones necesarias para la igualdad mediante leyes y campañas”, asegura.

En cualquier caso, la ilusión de los catalanes de izquierdas del 2003 no es comparable a la que produjo la victoria del PSOE en 1982. “Aquella significaba sacar a España del siglo XIX, ahora el país está plenamente integrado en el XXI y la gente tiene más expectativas y demandas. Está ilusionada, pero lo estará más cuando vea políticas concretas”, asegura Josep Pont, profesor de Sociología Política de la Universitat de Barcelona. “La gente va a ser más exigente con este gobierno de izquierdas que con otros anteriores, porque tiene una experiencia previa y ha conseguido una madurez política que ha sido demostrada en las movilizaciones masivas de los últimos años”, añade.

Esta madurez es la que exige una mayor participación ciudadana. Para el periodista y profesor Jaume Risquete es vital que la izquierda potencie los valores democráticos: “Mi aspiración es que Catalunya alcance niveles de civismo, respeto y solidaridad comparables a los de las sociedades nórdicas”. Igual que hace unos años parecía utópico que una pareja se repartiese las tareas del hogar, Risquete cree que ahora es necesario incorporar valores de convivencia y ciudadanía. “No se trata de que haya carriles apropiados, sino de que la sociedad respete a los ciclistas. Eso es algo que no se logra en una legislatura, pero hay que empezar a impulsar el cambio desde ya”, añade Risquete, hijo de emigrantes que llegaron a Catalunya en los años sesenta.

La incorporación de los castellanohablantes al proyecto del tripartito es otro de los asuntos más debatidos en las últimas semanas. “Cambiar la palabra nacionalismo por catalanismo ha sido un gran acierto. Alguien nacido en Andalucía puede sentirse catalán e incluso desear más autogobierno, pero difícilmente se declarará independista”, dice Mònica Campos, estudiante de Sociología e hija de emigrantes extremeños. Es el caso de Enrique Cuenca, un malagueño de 32 años que lleva diez en Catalunya. “No soy independentista, porque no puedo serlo, pero he cambiado de opinión desde que vivo aquí”, confiesa.

Cuenca afirma que el hecho de ser de izquierdas hace que siga considerando necesario que haya solidaridad entre las comunidades autónomas. “Sin embargo, creo que cada una debería gestionar como mínimo el 50% de su IRPF. Lo lógico es que cada vez tengan más autogobierno”, añade. Ahora, este obrero de la metalurgia dice sentirse “contento de que ERC se encargue de Benestar Social, porque ahora hay pocas ayudas para las familias”.

La madre de Trinitat Gilbert, nacida en Jaén, ha votado ERC. “Mis padres se dejaban aconsejar por mí y yo les decía que era importante que la izquierda gestionase la sanidad y la educación. En los últimos años se ha potenciado las entidades privadas y muchísima gente se ha afiliado a una mutua. Eso supone un retroceso inaceptable”, dice Gilbert. Según esta filóloga en Lengua Catalana, también es esencial que el tripartito cumpla con su promesa de potenciar la cultura: “Está desprestigiada, tanto por los gobiernos anteriores como por la misma sociedad. Hay que invertir en una educación pública de calidad”.

Irene Boada, profesora de Literatura Inglesa en la Universitat Ramon Llull, concede la misma importancia a la mejora de la educación y la cultura políticas. “Espero que el nuevo Gobierno priorice los cambios sociales, como ha anunciado en la campaña. Sobre todo, la educación, que es de un nivel lamentable si nos comparamos con nuestros vecinos franceses o alemanes. También hay que trabajar para que ser catalán sea algo positivo y liberador”, apunta.

Huir del victimismo

Lo dice porque ha vivido en Irlanda del Norte durante diez años. “Allí he visto cómo unas circunstancias históricas adversas pueden llevar a unas gentes a obsesionarse hasta perder, literalmente, el mundo de vista. Esta experiencia me ha hecho pensar que es necesario que los catalanes nos liberemos del victimismo. Necesitamos nuevas maneras creativas de enfrentarnos a los problemas”, agrega Boada.

Algunos maestros de primaria, como María, son expertos en utilizar la imaginación para resolver conflictos: “Yo tengo el corazón partío. Soy hija de emigrantes andaluces, pero creo que el catalán tiene que ser la lengua de la escuela, tal como dice la ley. El año pasado trabajaba en un colegio privado y allí los padres pedían que se enseñara en castellano, aunque eran mayoritariamente familias catalanas de toda la vida. El director nos obligaba a enseñar en castellano por la mañana y en catalán por la tarde. Pero yo no lo cumplía y hablaba en catalán casi todo el tiempo”.

Ahora le sucede al revés. Trabaja en un colegio donde los alumnos son en su mayoría nietos de emigrantes de los años sesenta y setenta e hijos de los nuevos recién llegados. “Son niños de tres añitos, que bastante tienen con acostumbrarse al colegio. Por eso les hablo un 80% en castellano, hasta que se adaptan. Si supiera árabe, haría igual. Las cosas han de explicarse poco a poco.”

El sociólogo Josep Pont considera que “la pedagogía también será muy necesaria para que se entienda bien qué significa cambiar el Estatut y el sistema de financiación. Se deberá explicar que el cambio no se hace contra nadie, sino que simplemente se trata de hacer las cosas de un modo distinto. El Gobierno central manipula para que no se vea de este modo”.

La manipulación de los medios es una de las principales preocupaciones de la psicóloga y orientadora laboral Lídia Pérez. A sus 24 años considera que los políticos son “demasiado falsos”, pero ha decidido votar, “porque si no, luego no tienes derecho a quejarte”. Motivos no le faltan, asegura: “Los sueldos son bajísimos, no podemos compararnos a niveles europeos. Espero que ahora revisen las pensiones de las personas con disminuciones y obliguen a las empresas a cumplir la normativa sobre la contratación de este colectivo”.

Entre los empresarios que más esperan del nuevo Gobierno se encuentran los cooperativistas. Xavier Tubert, presidente de Lleters de Catalunya Llet Nostra, asegura estar ilusionado con el cambio, “aunque también se abren interrogantes. Creemos que la izquierda puede aportar mucho al cooperativismo, porque comparte su ideología. Pero también esperamos que las decisiones en temas de seguridad y medioambientales se tomen con los empresarios. Hay que lograr el equilibrio entre lo idóneo y lo posible para que el sector agrario no pierda competitividad”.

El desarrollo sostenible es otra de las prioridades de los votantes de izquierdas. Para algunos, como Risquete, ésta es la mejor manera de ser nacionalista. “Yo no lo soy, pero me preocupo por que el medio ambiente de Catalunya se mantenga limpio. En cambio, hay quien se llama nacionalista y después no hace nada por evitar que los empresarios del sector porcino contaminen los acuíferos de Osona con purines.” Por eso, muchos se sienten ilusionados al ver que por primera vez en la historia los ecologistas tienen un asiento en el Govern.

 

 

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