Enero 29, 2004
Literatura
Bookcrossing
Admito que leo menos de lo que debería. Los periódicos, internet y la subsistencia me ocupan demasiado tiempo. Pero cuando era pequeña era una adicta insoportable. Y no es un adjetivo hecho, sino una verdad enorme.
Sólo hay que preguntarle a mi hermana María José. Aún me reprocha cómo la torturaba para que leyera. Hasta que empezó a coleccionar ranas, siempre recibía un libro como regalo y lo cierto es que nunca le hicieron demasiada ilusión.
Y, de repente, el otro día la vi entusiasmada con Hamlet. Era un volumen de bolsillo que había recogido en un bar de nuestra ciudad. Se había apuntado al bookcrossing.
Yo ya había oído hablar de libros que se liberaban en lugares más o menos extraños y que iban pasando de mano en mano, pero no sabía que el fenómeno había llegado hasta aquí y ¡hasta mi hermana!
La verdad es que nunca me ha gustado almacenar libros. Sé que quedaría mucho mejor si dijera que soy una fetichista y que los acaricio antes de dejarlos en la estantería, pero no es verdad. Siempre he preferido prestarlos y no me ha preocupado recuperarlos o no. Al contrario, suelo recomendar que los vayan pasando, lo importante es que se muevan en vez de limitarse a adornar la pared y acumular polvo.
Por eso me gusta tanto el proyecto de Ron Hornbaker. En muy poco tiempo ha conseguido que más de 207.000 personas (a fecha de hoy) se estén intercambiando casi 780.000 libros. Los leen y apuntan sus críticas. Y corren a liberarlos en algún otro lugar sin saber quién los adoptará hasta que vuelvan a independizarse.
Sería fantástico impulsar iniciativas similares con ropa, discos, revistas... Quizá ya haya alguien haciéndolo. Pero resulta casi mágico que hayan comenzado con libros y, sobre todo, que hayan cosechado un éxito tan grande. Y me pregunto qué pensaría mi abuela Josefa, una mujer que no tenía estudios, pero que era adicta a la lectura.
Tampoco tenía libros y su pequeña tienda de comestibles apenas si le daba para ir tirando. Y allí la encontrabas, siempre entretenida con la etiqueta del chopped y las instrucciones de los champús que vendía. “Es un vicio”, solía decir.
A Josefa le gustaba imaginar que en sus casas muchos leían después aquel mismo bote de champú.
Publicado por magda Enero 29, 2004 04:58 PM
DIVERTIDO, MAGDA!
PARA LOS INCONDICIONALES DE LA LECTURA Y LA LIBERTAD, RECOMIENDO TAMBIÉN:
http://www.bookcrossing-spain.com/
hasta la próxima
Enviado por: bufanda en Febrero 1, 2004 01:09 PM

