Febrero 05, 2004
Literatura
La tesis de Boris
1.
Llevo casi dos años en España. Ronaldo, unos meses menos. Yo, humilde terrícola, le saco ventaja a un supergaláctico. ¿A que es fantástico? Desde que llegamos hemos visto aterrizar al Papa, a Mule y la Mecca-Cola. ¿Pero se puede saber por qué establezco semejante paralelismo entre el crack y yo?
Para empezar, Ronaldo y yo nacimos el mismo año. Él en Brasil y yo en los Balcanes. Sin embargo, lo más importante es que su llegada al Real Madrid me ha ayudado muchísimo a entender España. En cuanto pisó suelo ibérico, Ronaldo se convirtió en la noticia más importante de los telediarios, incluida la información internacional.
¡Ronaldo ha fichado por el Real! ¡Qué alegría! Veía la tele y no me lo podía creer. El telediario empezó con un reportero en directo que señalaba el camino por el cual Ronaldo se escapó del aeropuerto para evitar a la pesada prensa.
¡Ya está en España! ¿Pero dónde?
Una hora más tarde, se emitió una entrevista especial con el camarero que le había servido su primer plato en España: “Ha comido ensalada, jamón ibérico, marisco, postre... Estaba de buen humor”, dijo el camarero más afortunado de la hostelería española.
El espectáculo se repitió, ampliado, cuando llegó Beckham. Desde que supe que iban a ficharle estaba esperando ansioso para poder ver noticias y programas sobre su esposa, sus hijos, su casa, su coche, su pelo, su bebida preferida, su plato favorito, su cuenta bancaria, su infancia, sus fans japoneses...
El Papa me despertó la mañana de su llegada. El campanario de la Catedral, los tejados del barrio gótico, las vistas desde la terraza. Todo esto desde mi nuevo lugar de residencia. “Passeig del Crèdit, Ciutat Vella, Barcelona”. “¡Cabrón, qué suerte tienes!”, me decían: “¿Vives a cinco minutos del mar, a cinco de la Catedral, a cinco de la plaza Cataluña?” .
Desperté de mi primera noche en mi céntrico hogar barcelonés con un repentino BAM, BAMBAAAAAAAAAAAM, BAM, BABABABAMMMMMMMMMM. Ha llegado el Papa a Madrid, imagino que no quieren molestarle y por eso todo el ruido lo hacen en Barcelona. A las nueve de la mañana. BAAAAAAAAM. Estoy seguro de que también las oyeron en Madrid. Es que aquí les encanta hacer ruido.
En cualquier caso, debo reconocer que tal como está la vivienda en España he tenido mucha suerte. Un día vi un anuncio que decía “Se alquila habitación en piso grande de 110 m2. Muy soleado. Animales y música”. ¡Qué bien! Pero seguro que hay alguna pega, algo raro habrá... Pero como no tenía mucho que perder, fui a verla.
Llamé al número indicado y quedé con Emili, mi casero. Muy bien, un tío legal, muy directo y preciso. Vi el piso. De puta madre, todo muy bien y la habitación no estaba mal comparada con las que había visto antes. El precio era lo mejor, 220 euros al mes, gastos incluidos. Estaba esperando el “pero” y, finalmente, llegó. En este caso fue un “perro”, una diferencia fonética importante, aunque yo pronuncie ambas palabras casi del mismo modo.
El perro se llamaba Leo. Y el trato era siguiente: Emili, que es músico, se va de vez en cuando a tocar fuera de la ciudad y entonces necesita que alguien (léase “yo”) cuide del perro. Parece fácil, pero si se analiza es bastante absurdo. Yo debía asumir el papel natural que tiene un perro y ser su “guardián”.
“¿Qué te parece?”, me pregunto Emili. Y la verdad, es que hubiese dicho que sí aunque el “pero” hubiese sido un cocodrilo.
2.
Nunca imaginé que viviría en España, pero estoy seguro de que, en el fondo, era mi destino, porque nuestro coche familiar era un Ford Fiesta y mi juguete preferido el Naranjito. Aquella fruta con brazos y piernas tenía una cuerda, que, al estirarla, chutaba la pelota.
Ahora me parece ridículo que alguien se pueda divertir con una cosa tan sencilla, pero si pienso en el prime time de la televisión española llego a comprenderlo.
3.
Ser emigrante no es nada fácil. Nadie lo ignora. Todo el mundo habla sobre cómo protegernos, cuidarnos, escucharnos, apoyarnos, alimentarnos, mimarnos... ¡Es que ya no puedo más! Con tanto cariño, acabaré flojo, relajado, feliz y entonces, ¿para qué serviré? Perderé mi papel vital, el que con tanto ánimo me asignaron en la oficina que nos ayuda a conocernos entre nosotros y dirigirnos hacia una vida en trámite.
Y es que esta condición es para toda la vida. Siempre te faltará algo y ellos siempre te dirán dónde dirigirte. De vez en cuando, pensarás que ya estás allí y que ya no les necesitas, pero te estás equivocando. En cualquier momento, te puede llegar una de esas cartas escritas de modo que no entiendas nada porque sustituyen los números por letras y esas letras no tienen vocales en medio. Algo así como GHI34 en el séptimo párrafo de la TRPLM de CRES.
Y, aunque suene a swahili, no te molestes en buscar un traductor de swahili, porque lo que necesitas es un abogado.
Por un precio mucho más que simbólico, tu abogado te explicará que aquella carta quiere decir que lamentan mucho molestarte, pero la tinta de los sellos en tu permiso ha caducado y que puedes pasar por la oficina cuando te vaya bien. Eso sí, que sea martes 21 de marzo a las 9.30 con el resguardo bancario que demuestra que has ingresado los euros de los correspondientes sellos... Y de repente se te escapa un joder, un fuck o un scheisse. Depende del idioma del estado donde estás tramitando.
Las injurias tienen que salirte espontáneamente en el idioma de la burocracia donde tramitas. Si no, te estás poniendo sensible y, como te descuides, te ves injuriando a los burócratas en tu idioma natal. Pero esta vez en tu país natal.
4.
La verdad es que soy un emigrante mimado y que lo he tenido más fácil que los demás. He tenido suerte de estar con muy buena gente y, lo más importante, con gente que tenía papeles.
Gracias a ellos, descubrí que los con papeles también sufren lo suyo. Una amiga me dijo: “Yo soy legal y pago tantos impuestos que sólo pienso en “salir” de este sistema como sea. Y tú estás luchando para meterte en esta rueda, es bastante irónico”.
No comprendí la seriedad de sus palabras hasta que pagué mi primer impuesto al Gobierno español. Tampoco había pagado muchas veces impuestos en mi país, así que fue una sensación rara.
El acontecimiento se produjo mientras trabajaba para el Círculo de Lectores. Fue duro ver cómo aquellos porcentajes, desconocidos para mí hasta entonces, se iban comiendo la cifra que debía ser mi salario.
La experiencia como comercial me enseñó muchas cosas sobre este país. Me tocó trabajar como vendedor de libros en un lugar donde leer se considera un ¡hobby! ¡Qué locura!
Mi tiempo en el Círculo de Lectores me ofreció la maravillosa oportunidad de conocer en persona a ochocientos residentes en Cataluña cada día. Y tengo que decir que hay de todo, una fauna muy variada. Y añado que no es verdad que en España falte organización. Lo que sucede es que hay muchísimos colores, gustos y costumbres. Y todos coexisten a pesar de todas esas diferencias.
El caso es que tuve un curro increíble. Ser un inmigrante que habla castellano con el acento de los actores que doblan a los rusos malos en las películas norteamericanas y vender libros en un país con un nivel de lectura bajísimo no es nada fácil. Y lo digo en serio. La gente no lee nada. La gent, tampoc.
El trabajo consistía en hablar y persuadir. “Hola, ¿te gusta leer?” De puerta en puerta, de persona en persona. La verdad es que a veces me sentía como un anuncio que se cuela en tu intimidad y destroza ese programa que te gusta tanto para venderte algo aprovechándose de tu debilidad en ese momento.
Ante mi charla, algunos me decían “no” con una sonrisa y mucha sencillez, y otros me soltaban un “no” que sonaba a ¡vete a la mierda! En cualquier caso, yo siempre seguía escaleras arriba y escaleras abajo diciendo: “Hola, una preguntita que estamos haciendo: ¿Te gusta un poquito la lectura?”
Había quien ni siquiera entendía la pregunta. “¿Que qué, que si me gusta la lechuga?”, me dijo un viejecito. Otros respondían sinceros: “No, hombre, no leo nada”. También había muchísimos que no sabían leer.
5.
Este texto ha sido corregido. Si no, te sorprendería la cantidad de artículos que faltarían. Y que sobrarían. Simplemente, no encuentro ninguna lógica para usarlos entre mis palabras. Y no soy el único. Se puede vivir sin ellos y, además, tener un sueldo muy bueno. Y hablar con la prensa. Y hablar de un tema muy concreto. Porque ese tema es el fútbol.
Una vez estaba sentado en un bar viendo un partido del Barça contra no sé qué equipo y a mi lado había dos señores inmigrantes, aunque españoles –dedicaré un espacio solamente a este fenómeno-. Hablaban del entrenador del Barça, Antic:
“No sé, pero me hace mucha gracia cómo habla este hombre. Es que no pone ningún artículo”.
Su compañero añadió:
“Es que los bosnios no tienen”.
Eso es cierto. Ningún idioma eslavo los tiene, pero no es verdad que Antic sea de Bosnia, sino de Serbia. Pero como la guerra es como una denominación de origen, todos los que somos de esa parte del mundo podemos pasar por bosnios.
6.
Desde que llegué he trabajado en varias cosas. Fontanero, distribuidor de publicidad, comercial, traductor, periodista... Pero como la mayoría de extranjeros, empecé como camarero.
Fue divertido. Llevaba un mes aquí y mi vocabulario se componía de unas trescientas palabras. Una amiga leyó un anuncio en el diario que pedía: “SE NECESITA CAMARERO PARA FINES DE SEMANA. RESTAURANTE”.
De toda la frase apenas si entendí necesita y camarero.
Cuando fui a la entrevista y pensé que lo peor que me podían decir era que no. Pero me equivoqué. Lo peor era que me dijeran que sí. Y eso sucedió: “¿Puedes venir el sábado? Te llamaré para confirmar”.
Pensé que era una broma y que me estaba tomando el pelo, igual que un taxista andaluz en Madrid que en Madrid interrumpió una conversación que mantenía con mi amigo Xavi, quien, entre los idiomas extranjeros que habla incluye el castellano. Aquel taxista nos preguntó si éramos de Valladolid.
Pero no, mi jefe iba en serio. Estaba desesperado por encontrar un camarero. Así que en dos días tuve que aprender los nombres de los “productos típicos de un bar”. Marijose y Sergi me ayudaron fabricándome un pequeño diccionario. Aún lo tengo guardado:
- Una caña, tenedor, copa, taza, vaso, vaso de tubo, jarra.
- Servir las mesas. ¿Qué desean tomar? ¿Beber?
- ¿De primero? ¿De segundo? ¿Y el postre?
Es un trabajo duro, pero si mantienes la sonrisa y ser amable como un imbécil ya tienes media faena hecha.
7.
Cada entrevista de trabajo es una historia, pero creo que la mejor de todas fue la que tuve en un pub de Sitges.
- ¿Eres gay?
- No.
- ¿Bi?
- No.
- ¿Tienes papeles?
- No.
- Pues no sé qué estás haciendo aquí.
No estoy seguro de que tener papeles hubiera cambiado algo aquel día.
Boris Matijas
(borismatijas@yahoo.es)
Publicado por magda Febrero 5, 2004 12:21 AM
Hablando de Ronaldo... Acabo de ver la siguiente noticia en El País: "Una reforma legal permitirá a los futbolistas extranjeros pagar casi la mitad a Hacienda La medida, que requiere aún desarrollo reglamentario, pretende atraer a un mayor número de directivos foráneos"
Boris guapo!!! impresionada me has dejado con tu fluidez verbal en castellano y catalá.. y con tus aventuritas. Si es que las "malas" influencias con las que te juntas.. todo se acaba pegando jajajaja
Enviado por: noalaguerra en Febrero 5, 2004 01:13 PM

