Febrero 17, 2004
Literatura
De lectura recomendada
Los artículos de opinión de Gregorio Morán, cada sábado en La Vanguardia, no son sólo un ejercicio de buena literatura, sino que, además, suelen ser sorprendentes. A Morán la agenda temática le influye tan poco como el síndrome premenstrual (acabo de leer unos textos que aseguran que las mujeres estresadas vamos a tener más molestias de este tipo en el futuro). No obstante, en las últimas tres semanas ha iniciado una serie sobre el Líbano y Palestina que ofrece puntos de vista diferentes. Reproduzco algunos párrafos más abajo.
Por cierto, la semana que viene viajo a Palestina con la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género y mañana me voy a Alemania a pasar tres días con la familia con la que conviví durante el curso escolar 1988-89. No sé si podré actualizar la bitácora todos los días, aunque lo intentaré.
La maldición palestina (3)
GREGORIO MORÁN - 03:47 horas - 14/02/2004
Para llegar al campo de refugiados palestinos de Bourj-Bragné, al sur de Beirut, conviene por razones pedagógicas recorrer antes la vía principal del campo de Sabra, aquel que se hiciera siniestramente famoso junto a su vecino Chatila por las matanzas de civiles, mujeres y niños, perpetradas por el Ejército israelí y sus aliados en Líbano. Esa calle principal, indescriptible, no es otra cosa que un zoco interminable donde hay puestos de todo lo imaginable, abarrotado de gente cuya característica más notoria es la de ser pobre. Un gran mercado de pobres para pobres; es posible que algunos se hayan hecho ricos, pero seguro que aquí disimulan y se disfrazan de pobres. Ni Sabra ni Chatila tras la matanzas de 1982 son lo que eran; ahora abundan los sirios, la parte más humilde de los buscadores de trabajo en Líbano. Como campo de refugiados, palestino en mayoría absoluta, queda Bourj-Bragné.
¿Cómo es un campo de refugiados donde viven los palestinos desde hace décadas, tantas que uno tendería a llamarlo barrio o gueto? Los años no cuentan, lo que se valora es la calificación de los habitantes. Por eso el Bronx neoyorquino es un gueto para unos y un barrio para otros, pero nunca será un campo de refugiados. ¿Cómo es Bourj-Bragné? Pegadito a una zona de clase media asentada, con mayoría musulmana chiita, y casas de pisos holgadas de muy buen ver incluso en el castigado Líbano, está el campo de refugiados de Bourj-Bragné; el barrio y el campo sólo comparten el nombre. Transcribo lo que escribí apenas verlo: casas sin ventanas, quizá algún agujero o tronera, por callejones esquinados y tortuosos, pero que nadie se confunda, no es el call de Girona, ni la judería de Toledo, ni tampoco el gueto de Varsovia antes de la llegada de la bestia, tampoco, por supuesto, el barrio de “la China”, en el San Fermín madrileño junto al basural del Manzanares. Es otra cosa, nueva, léxicamente nueva, pero al tiempo cutre, vulgar, inhóspita, sucia y digna en su dificultad para albergar personas y no ganado. Tampoco es un barrio árabe del norte de África sino un laberinto de miseria y supervivencia. Los cables, tuberías, todo al aire y no hay calleja que alcance los dos metros ni de ancho ni de largo. Se construyó lo que se pudo y luego se le fue dando el aspecto de una comunidad. Bourj-Bragné es como una ciudad a la que un jíbaro hubiera ido achicando y achicando, igual que un cráneo, hasta dejarla convertida en una monstruosidad donde las callejas se pueden medir por cuartas, las casas tienen la apariencia de cuevas, todo lo que hay oculto en una ciudad está a la vista, los comercios son como un portal de vecindad, pero donde la gente hace como si no se diera cuenta. ¡Qué otra cosa pueden hacer si llevan aquí veinte o treinta años! Laberintos de pobreza donde no es difícil imaginar lo que debe de ocurrir cuando descargan las lluvias. Y las casas son de propiedad –dos habitaciones salen a cien dólares– y aunque parezca un milagro están impecables por dentro –su trabajo les debe de costar, cuando sólo salir a la calle ya contamina– y la gente se mueve con la misma industriosidad que en el resto de la ciudad y han aparecido tiendas de ropa, de prendas largas y sombrías para mujeres fundamentalistas, cosa inexistente hace años.
"La destrucción de Líbano (2)
GREGORIO MORÁN - 02:46 horas - 07/02/2004
Nos explicaron mal las cosas. Y además los mapas son mudos. Empecé a darme cuenta de la complejidad de Líbano, no mientras sufrió una interminable guerra civil entre 1975 y 1990, sino cuando me enteré de que es un país más pequeño que Asturias. ¿Alguien de ustedes tiene imaginación suficiente para pensar en una guerra civil durante quince años en Asturias, en Navarra o en la provincia de Barcelona? A mí me cuesta imaginar una cosa así, con ejércitos armados de artillería pesada, carros de combate y en ocasiones aviación sofisticada.
Si al tamaño del país sumamos la división en grupos étnicos y religiosos, tendremos un puzzle nada extraño en los países de la zona que no hicieron limpiezas étnicas ni religiosas en pasados siglos, como ocurrió en la península Ibérica. Fíjense si Líbano será un país fascinante y curioso que no hay censo de población. Las estadísticas respecto a los habitantes y los grupos étnicos y religiosos son el secreto de Estado mejor guardado. El último censo oficial de población es de 1935. ¿Razón de esta singularidad? Muy sencillo, mantener el equilibrio político social entre una minoría, cada vez más minoritaria pero igual de influyente, la cristiana (fundamentalmente maronita), y una mayoría cada vez más aplastante de población árabe musulmana. Un equilibrio basado en hacer como si no se supiera la realidad, aunque se sabe. Una fórmula libanesa de difícil exportación y de dudosa viabilidad a largo plazo".
La anécdota del censo me recuerda a Plácido, uno de los emigrantes que hace dos semanas participó en las jornadas sobre inmigración de la FNAC. Decía este estudiante guineano que en su país vive aproximadamente medio millón de personas, pero el Gobierno se empeña en repetir que ya son casi el millón. La razón, según Plácido, es que quedaría demasiado mal tener tanto petróleo, tan pocos habitantes y una proporción tan grande de ellos viviendo en la miseria.
Publicado por magda Febrero 17, 2004 02:19 PM


