Marzo 08, 2004

Activismo y derechos humanos
Armenios

'Ararat', de Atom AgoyanHace un par de meses vi en el cine la película Ararat, de Atom Egoyan. A la salida, estuve varios minutos sin poder hablar. Por varios motivos. Uno de ellos es que la película es espléndida. Pero el principal fue darme cuenta de que no sabía nada, nada en absoluto, del genocidio que hace sólo 90 años acabó con la vida de 1.500.000 armenios. Y nunca más se habló de ello.

Robert Fisk publica hoy en La Vanguardia un reportaje sobre ellos y sus descendientes, quienes acaban de ganar un juicio a la compañía aseguradora que se negó a pagarles las indemnizaciones alegando que eran "incapaces de localizar" a los fallecidos.

El otro día vimos un rito armenio en la iglesia de la Natividad de Belén, una ciudad en la que ahora no hay un sólo turista, asfixiada por la ocupación. Incluso para los no creyentes resulta mágico ver el lugar donde se asegura que nació Jesucristo. Los armenios bajan cada día a la cripta donde se halla el supuesto pesebre y lo perfuman con incienso. Viéndoles me acordé de Ararat. Y del silencio sobre la tragedia de su pueblo.

No sé en qué cines españoles puede verse ahora la película de Egoyan, pero vale la pena rebuscar entre la cartelera. Lo mismo digo de Hanna K, el filme de Costa-Gavras sobre una abogada judía que defiende a un palestino que reclama su casa. La película se presentó ¡veinte años después de ser filmada! en el Festival de Cine Valladolid del año pasado. Lo peor, que parece que la rodaron ayer mismo.

Justicia al fin para el genocidio armenio

Robert Fisk. La Vanguardia
8 de marzo de 2004

Casi 90 años después del primer genocidio del siglo XX –el asesinato en masa de un millón y medio de armenios a manos de Turquía durante la Primera Guerra Mundial–, los descendientes de las víctimas van a recibir por fin compensación de las compañías estadounidenses con las que sus familias asesinadas firmaron en su momento un seguro de vida.

La compañía New York Life Insurance tendrá que pagar más de 16 millones de euros por 2.186 pólizas contratadas por hombres y mujeres que murieron en el genocidio armenio de 1915, tras décadas y décadas de evasivas con la excusa de que eran “incapaces de localizar” a los asegurados.

En realidad, los cuerpos de quienes habían contratado un seguro de vida con New York Life se encontraban en las fosas masivas de la Turquía otomana o enterrados en los desiertos de lo que es hoy Siria. En algunos casos, fueron asesinadas familias enteras: los hombres fusilados por los gendarmes turcos; las mujeres y los niños, forzados a adentrarse en el desierto, donde les esperaban las violaciones, la muerte por inanición o a cuchillazos.

El actual Gobierno turco, que desea unirse a la Unión Europea, sigue negando el genocidio y sin querer reconocer la cifra de un millón y medio de armenios que “perecieron trágicamente” en el caos civil de la guerra. Miles de supervivientes judíos del holocausto tuvieron que esperar 40 años hasta conseguir obligar a las compañías de seguros a pagar las indemnizaciones reclamadas en nombre de los parientes asesinados por Hitler en los campos de la muerte, pero las reclamaciones armenias han tenido que esperar bastante más tiempo.

Los asesinatos de armenios no habían acabado en lo que entonces era la Armenia turca, cuando los gobernantes otomanos tuvieron la desfachatez de pedir al embajador estadounidense en Constantinopla los nombres de todos los armenios que habían contratado seguros con compañías estadounidenses, alegando que su propiedad pertenecía ya al Estado y que los seguros de vida tenían que pagarse, por tanto, al imperio otomano. El embajador rechazó la petición.

Ahora bien, incluso cuando New York Life accedió por fin a satisfacer la demanda colectiva presentada originalmente contra ella en Los Ángeles en 1999 por descendientes de las víctimas del genocidio armenio, la compañía utilizó el mismo lenguaje neutral con que Turquía describe uno de los crímenes de guerra más monstruosos del siglo XX.
(...)
Una segunda demanda colectiva es la planteada contra Victoria Insurance Company, que, según el abogado de los demandantes, nunca realizó pago alguno a las víctimas de la matanza armenia. “Durante casi 90 años, Victoria Insurance ha estado reteniendo millones de dólares que pertenecen a los herederos de las víctimas... No habría que permitir que ninguna organización se beneficiara del genocidio.”

Andy Kevorkian, uno de los armenios británicos más combativos en relación con las matanzas del año 1915, se muestra implacablemente crítico con esas compañías que no pagaron los seguros a las familias de las víctimas. “Se dedicaron a decir a los supervivientes que demostraran que sus familiares habían muerto. ¿Qué esperaban? ¿Que los turcos escribieran una pequeña nota dirigida ‘a quien corresponda’ con la fecha del asesinato en cada caso?”

Lo cierto es que los pocos testigos presenciales del genocidio armenio están desapareciendo ya con rapidez. El mes pasado murió a los 98 años Arman Keshishian, el último superviviente británico conocido, quien había asistido al primer día de Recuerdo del Holocausto británico (el 27 de enero del 2001). Su familia escapó de la muerte gracias a la ayuda y el valor de un amigo turco... y sobornando a los funcionarios turcos.

Traducción: Juan Gabriel López Guix
© The Independent 2004

Publicado por magda Marzo 8, 2004 06:39 PM

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