Marzo 08, 2004
Activismo y derechos humanos
Nuseirat
Conocí pocas personas en el viaje a Palestina, pero creo que, una vez más, la suerte me acompañó (saludos para todos, incluso para ti, Julio). Una de esas personas, un periodista que lleva varios años viviendo en la zona, me ha enviado este texto. Algunos de los hechos que aquí relata los incluyó en su crónica de ayer sobre los muertos de Gaza. La gran mayoría, no. En este artículo inédito escribe "todo lo que vio". Firma Santiago Recuerda:
Ayer estuve en el campo de refugiados de Nuseirat horas después de una “incursión” del Ejército israelí. Estuve en el Hospital local cuando salían los catorce cuerpos en catorce ambulancias, y que dejaban atrás a más de ochenta heridos. Caminé con ellos los tres kilómetros de vuelta al campo de refugiados junto con miles de personas. Entre ellos hombres, jóvenes seguramente, encapuchados con las insignias de ésta o aquella facción armada, su vestimenta, sus armas viejas y cutres. Me acuerdo de uno que llevaba una navaja y otro al lado con un palo. A mitad de camino empiezan a caer caramelos. Un niño sentado en el tejado de una casa de tres pisos los saca de una bolsa y los lanza, con un movimiento automático, su padre al lado le hace un gesto para que tire más. Había guardado el envoltorio de uno de ellos, ahora miro en el bolsillo de mi chaqueta y he encontrado un condón, qué coño hacía yo con un condón en el bolsillo. Joder...
La primera vez que vi cómo tiraban caramelos me impresionó mucho, y cada vez que lo vuelvo a ver me acuerdo de aquella vez. El simbolismo del dulce... Normalmente, cuando das el pésame a una familia te sirven café, tan amargo que casi cuesta tragar, obviamente porque la separación de esa persona es amarga.
Las calles están cubiertas de arena, y hay niños por todas partes, camionetas llenas de niños, algunos descalzos, la mayoría con sandalias a pesar de que es invierno. Me da la impresión de que la mayoría van vestidos en chándal, como de andar por casa.
Todo con mucha prisa, los cuerpos los intentan enterrar el mismo día. Desnudos, envueltos en una tela. Primero los llevan hasta sus casas, allí sus familiares les miran por última vez, lo que llaman la mirada de despedida. Voy a la casa de Muhamad a-Shatali, de 21 años, la calle es tan estrecha que tienen que poner el cuerpo casi horizontal para entrar en la vivienda.
Las mujeres ululan como en las bodas, pero también se las oye gemir de dolor. Los amigos se abalanzan a tocar la cara del Muhamad, algunos le besan si pueden acercarse lo suficiente. Parece dormido porque tiene los ojos cerrados, sólo que está un poco blanco y tiene los labios morados del frío. La cara ligeramente hacia un lado. Envuelto en una bandera de HAMAS. No hay duda de que HAMAS es importante en Nuseirat. Un “feudo” de HAMAS dirían algunos. Nueve de los muertos los reclama HAMAS, uno al-Fatah, y el resto son niños. La mezquita más importante de Nuseirat se llama mezquita de Is a-Din al-Kasam, que es el nombre del brazo armado del Movimiento Islámico, HAMAS.
A mí no me dice nada nadie, no me preguntan por nada, supongo que saben que soy periodista, son conscientes del trabajo de los medios de comunicación. En un taxi un hombre me habla de la resistencia. Dice que la resistencia es incluso vender pipas en la acera de una calle. Me pide que escriba lo que vea, ni más ni menos.
Cuando yo llegué a Gaza hace ya varios años, se me saltaban las lágrimas constantemente, los gestos de la gente, la solidaridad, la dignidad, la belleza de unas niñas vestidas con un traje de color rosa fosforito en medio de esa jungla de hormigón reforzado, un hombre que me para y me regala un caramelo según me ve, porque sí. Son tantas historias, tengo que hacer memoria.
Caminaba por Nuseirat y me preguntaba por qué esta gente me trata tan bien, por qué son tan nobles, yo qué he hecho por ellos. Nada, no me lo merezco. Lo único que puedo hacerles es mostrarles respeto, eso es fundamental. De alguna manera eso es lo único que sentía que podía darles, hablarles con educación, hacerles las preguntas sin acosarles, no molestarles, intentar entenderles.
A veces he pasado miedo, de esto que no sabes por dónde te va a caer el golpe. Como sabes, Magda, tengo pinta de judío. Bueno, eso dicen, a menudo eso sospechan los palestinos, piensan que soy israelí. Pero la verdad es que por lo general me he sentido muy seguro, a veces incluso avergonzado con lo bien que me han tratado o las facilidades que me han puesto por ser periodista o simplemente al estar de visita.
Los soldados israelíes tomaron tres edificios de varias plantas en el perímetro del campo de refugiados, en realidad nunca han llegado a entrar en las profundidades de los campos de refugiados de Gaza en los últimos tres años. Moriría demasiada gente. Han entrado y han tomado tres inmuebles, unos veinte soldados en cada uno. Han concentrado a todas las familias en una habitación en la planta baja y entre seis y ocho francotiradores se han colocado en el tejado, para entonces ya habían hecho suficiente ruido como para despertar a los habitantes del campo de refugiados, no importa quién comenzó a disparar.
Desde esos tejados, de las 3 de la mañana a las 8.30 han disparado con sus fusiles de precisión con sus miras telescópicas con visión nocturna. Han alcanzado a unas cien personas, han matado a catorce y más de ochenta han sido heridos. Son muchas horas, y muchas balas. Ha sido tiro al plato. No han hecho otra cosa. Ni arrestos, ni inspecciones, ni viviendas de atacantes voladas. Sólo catorce muertos y más de ochenta heridos. Ni un solo soldado ha resultado herido. Qué pasará por su cabeza cuando matan con esa facilidad. Soy de la opinión que debe ser fácil matar, debe ser fácil justificar atrocidades, creo que las personas somos seres muy limitados. Tengo colegas israelíes que me dicen que los soldados no matan a sangre fría, que sólo lo hacen cuando se ven amenazados, en defensa propia.
Mayed Alian, de 30 años, es uno de los residentes de uno de los edificios tomados y fue utilizado como escudo mientras los soldados registraban el edificio donde vive antes de colocar los francotiradores en la azotea. Los soldados israelíes le entregaron un texto muy curioso. “A los ciudadanos palestinos: En la zona donde vives actúan terroristas que con sus actividades nunca consiguen para ti ni para el pueblo palestino ningún logro y ni un rayo de esperanza”, reza un comunicado firmado por el “Liderazgo de las Fuerzas del Ejército de Defensa Israelí”.
“Esta banda de terroristas crea la ficción en ti y te conduce de un desastre a otro. Para tu información: estos terroristas no abonan tu tierra, no venden tus productos y no dan de comer a tus hijos y a tu familia”, continúa la octavilla escrita en perfecto árabe.
“Al principio temíamos que vinieran a derribar el edificio. Es evidente que su único objetivo era matar el número más elevado de personas”, me dice Mayed.
Una portavoz del Ejército israelí afirmó que la operación es una respuesta “a un aumento en el número de ataques en los últimos dos meses y en particular en las últimas dos semanas”.
“Una fuerza de tamaño reducido fue desplegada para localizar y destruir la infraestructura terrorista”, me dijo la portavoz, que reconoció que no se llevó a cabo ninguna detención o confiscación de armamento. Destruir la infraestructura terrorista, obvio. Claro, encima de un edificio con un puñado de francotiradores que disparan contra todo aquel que va armado y a algún otro entre medias para darle más juego a la cosa.
El campo de refugiados de Nuseirat, ubicado a ocho kilómetros al sur de la ciudad de Gaza y con unos 64.000 habitantes, es uno de los más poblados de la franja de Gaza.
En la franja de Gaza, un territorio de unos 360 kilómetros cuadrados, viven alrededor de 1,7 millones de palestinos, la mayoría de ellos hacinados en ocho campos de refugiados y más de la mitad menores de 15 años.
Me fascinan las expresiones árabes. Sabes, cuando alguien muere y tú vas a dar el pésame a sus parientes dices “que el resto (de su vida, de su persona quizá) esté (permanezca) en tu vida” y él te responde “tú eres el resto”.
Los palestinos en la franja de Gaza, en particular los refugiados, están esperando a comenzar a vivir.
Publicado por magda Marzo 8, 2004 11:09 PM
Muchas gracias, Santiago, por transmitirnos tu cruda realidad cotidiana, que ojalá no lo fuese tanto. LLevo pegada a la silla con los pelos de punta desde que lo he leído esta mañana, hacía mucho tiempo que algo no me impresionaba tanto. Ya sé que mi actitud no sirve de nada, sólo quería agradecerte tu labor periodística de comunicador de hechos, labor ejercida con total libertad (merci Magda por publicarlo), ya que hace tiempo que en este país es más que dificil que los medios cuenten algo con un mínimo de objetividad.
Enviado por: noalaguerra en Marzo 9, 2004 04:48 PM

