Abril 09, 2004

Activismo y derechos humanos
No les "regalemos" excusas

Mi madre no tiene estudios. Pero sí un sentido común aplastante. Estos días estoy pensando mucho en sus consejos. Cuando era pequeñaja me metí en bastantes líos, una mala costumbre que me quiero quitar. El caso es que cuando venía del cole quejándome de que no entendía por qué razón me habían pegado un guantazo (me cayeron más de dos y más de tres), ella solía tranquilizarme y después me preguntaba si estaba segura de que no les había dado motivos. Aquí se abren varios interrogantes:

1. Lo que es motivo para uno no lo es para otros. Y, como seres civilizados, debemos defender siempre que nada excusa un guantazo.

2. La política de “no dar motivos” no implica convertirse en un “cobarde” y ceder en todo. Para nada. Mi madre quería decir, simplemente, que debía actuar correctamente. "Si lo haces, ay del que te ataque, porque para empezar tienes un arma muy poderosa". Si alguien te agrede “por las buenas” sí puedes ser “implacable”, esa palabra que tanto gusta a nuestros gobernantes cada vez que se les llena la boca hablando de terrorismo.

Y los bolsillos. Desgraciadamente, hay mucha gente ganándose la vida luchando contra el “terrorismo global”. Empresas privadas que garantizan la seguridad, petroleras que cargan los depósitos de los carros de combate, otras que invierten en tecnología para investigar más y mejor, etc. Condoleezza Rice lamentaba ayer que las leyes no les dejaran obtener más información, ¿qué estará sugiriendo esta política de negocios? Después de la Patriot Act la casa de cualquier norteamericano es la casa del Gobierno Federal. Te pueden infiltrar un fontanero para que husmee entre tus cacharros de cocina y los botes de sales de baño, y todo será siempre por motivos de seguridad. A callar.

¿Serán estas empresas una de las causas del terrorismo fundamentalista islámico? Aparte de los cerebros y egos de personajes y criminales como Bin Laden nadie más sale beneficiado de todo esto. Pero no, no insinuaremos nada raro en estas páginas, que bastante tenemos con lo que tenemos. Era un simple razonamiento de esos que se hacen en las novelas negras ("¿quién puede tener un móvil?"). Es la primera pregunta que se plantea un policía de Hollywood cuando investiga un asesinato.

Ahora en serio, ¿quiénes son los verdaderos responsables? ¿Cuáles son las causas? Formulo la pregunta a todos esos columnistas que en los últimos tiempos escriben que estamos confundiendo las causas con las excusas, como por ejemplo Francesc-Marc Àlvaro en La Vanguardia del 7 de abril y Florencio Domínguez (ayer-hoy en el mismo diario), entre otros muchos.

Domínguez argumenta que “una visión acogida con la vitola de progresismo apela a la necesidad de atender las causas que motivan la aparición del terrorismo. Se echa mano de explicaciones que hacen referencia a la intervención en Irak o en Afganistán, al conflicto israelo-palestino o a las secuelas de la colonización. Con frecuencia se extiende la imagen de unos terroristas surgidos de las bolsas de miseria u opresión de los países musulmanes que actúan movidos por una necesidad justiciera de vengar viejos agravios”.

Àlvaro publicaba lo siguiente 24 horas antes:

“Pero hemos aceptado como válido un tipo de razonamiento simplista que escoge un dato (por ejemplo: la miseria en muchas barriadas de grandes capitales de países de fe islámica) y lo eleva a causa directa de la violencia terrorista sin más, partiendo casi siempre de una premisa indiscutible: es normal y lícito pensar que todos los males provienen de Occidente y de Estados Unidos en particular. Tácitamente, lo que se está haciendo es dar apariencia de causa a un dato que, en realidad, actúa como mera excusa en la argumentación. La suma de excusas se sostiene con apariencia racional porque se acepta sin matices ese prejuicio que da sentido a todo: existe una culpa original de los occidentales, encabezados por los norteamericanos y su afán imperialista.
Pensaba en todo esto al leer la crónica de Robert Fisk del pasado domingo, “La atrocidad de Falluja no es inexplicable”. En ella, el célebre periodista nos asegura que nada excusa las barbaridades cometidas contra cuatro estadounidenses pero, en lugar de explicarnos este hecho, se esfuerza en detallar otros sucesos de la guerra para presentar como totalmente lógica, inevitable y comprensible esa explosión de salvajismo. Y lo damos por bueno”.

Y aquí es donde me acordé de mi madre. A falta de que alguien me explique con buenos argumentos cuáles son las causas -y, sobre todo, cuáles son las soluciones-, no les regalemos excusas a los asesinos. No permitamos que existan esas barriadas, ni que las gentes de Palestina vivan sin esperanza y entre check-points en su propia tierra. Cualquiera que haya viajado a Oriente Próximo habrá escuchado que el conflicto israelo-palestino es para los musulmanes una espina clavada. Se identifican con ese sufrimiento.

Por eso es más que discutible lo que comentaba Florencio en su artículo:

“La realidad también nos desmonta a menudo la imagen del terrorismo islámico como un paria sin esperanza. Basta con mirar la lista de sospechosos del 11-M: el jefe del grupo, el tristemente famoso Tunecino, tenía estudios universitarios, al igual que otro de los que está buscando la policía; uno de los encarcelados es licenciado en Química; otro, propietario de un negocio de telefonía; el Chino y su familia tenían negocios de venta de ropa, igual que otros acusado que están en prisión. No parece que este perfil responda al de sujetos desfavorecidos, al contrario que muchos miles de inmigrantes, musulmanes o no, que cada día tienen que buscarse la vida con trabajos duros y peor pagados sin que ni por un momento se les pase por la cabeza la violencia.
Puestos a buscar las causas, habrá que mirar qué es lo que ocasiona el fanatismo que mueve a todos los terroristas y, en particular, a los islámicos. Probablemente, más importancia que la intervención en Irak tiene el adoctrinamiento sectario. Al buscar las raíces de este fenómeno hay que tener en cuenta lo dicho por el profesor Fernando Reinares, experto en el estudio de la violencia: “Es importante no confundir las causas con los pretextos”. Por ahora sabemos mucho de los pretextos, no tanto de las causas.”

Completamente de acuerdo en que el adoctrinamiento sectario está en la lista de las causas. Sin una alienación y un enajenamiento de ese tipo es imposible comprender el problema. Pero echo de menos muchas otras. También me falta la autocrítica de nuestro civilizado Occidente. Y me sobran empresas aliadas en los lugares santos del Islam.

Y también me sorprende esa afirmación de que los universitarios que cometieron la masacre del 11-M no responden “al perfil”. Esos asesinos son lo que son. ¿Pero acaso no podría a ellos, en medio de su fanatismo, dolerles la miseria de esas barriadas ni la humillación que dicen sentir? Para establecer un paralelismo ligerito sería como decir que no puede haber gentes con ingresos boyantes que crean en la justicia social ni tampoco obreros que voten al PP.

El año pasado entrevisté a muchos españoles que estaban realmente angustiados viendo lo que estaba sucediendo en Irak, esa tormenta de misiles cayendo sobre inocentes. Les dolía. Ello no les convertirá en asesinos de inocentes que viajan en tren para ir a trabajar o estudiar. Tampoco debería servir de excusa al “Tunecino”. Ni a nadie. Del mismo modo en que el atentado contra las Torres Gemelas no debió justificar jamás un ataque tan brutal como inmediato contra Afganistán e Irak.

En cualquier caso, Bin Laden no debería haberle regalado excusas al fundamentalista Bush.

Ni nosotros a los fundamentalistas que parecen no estar dispuestos a dejar de amenazarnos durante mucho tiempo.

Pero después de tantas palabras, que no sé si se entenderán correctamente, quiero añadir que lo de verdad me entristece es que pensemos en esas barriadas sólo ahora, cuando nos duelen nuestros propios muertos. Hace muchos años que están ahí.

Reportaje sobre la angustia que siguió a la guerra

Publicado en el Magazine de La Vanguardia en abril de 2003

“Llevábamos varios meses con el miedo en el cuerpo, pero también con la esperanza de que podríamos parar la guerra. Éramos muchísimos, millones en las calles, todos con el mismo objetivo. Me emocionaba como una tonta y creía que lo conseguiríamos, que todo se arreglaría, como en las películas. Pero lo han hecho, no nos han escuchado. Y ahora del miedo he pasado al pánico.

Cada vez que oigo sobrevolar un avión analizo su sonido para averiguar si se encamina hacia Irak. Antes no les había prestado atención, pero ahora sí. Y si yo siento escalofríos, ¿qué sentirá un iraquí?”, se pregunta María Alibés, una maestra de primaria de 27 años, que no sabe qué palabra escoger para definir su sentimiento: ¿rabia? ¿angustia? ¿desilusión?

María disimula los nervios ante sus alumnos, pero al llegar a casa y encender el televisor sufre pequeños ataques de angustia. Como ella, miles de ciudadanos en todo el mundo: “Es una sensación curiosa, como la de ir en un coche sin frenos hacia un acantilado. Este tema me llega a desilusionar tanto que me quedo apática. Sólo me apetece estar en mi casa, en mi cuarto, donde me siento segura, donde puedo evadirme entreteniéndome con mis cosas. Pero al mismo tiempo quiero estar informada, así que combino las noticias con los programas del corazón. Con mi estado de ánimo ocurre lo mismo. Me siento hundida, pero a la vez muy dispuesta a hacer cualquier cosa. Sólo pido que alguien me diga cómo puedo ayudar. Por difícil que sea, yo lo haré. Quiero actuar, quiero que paren esta locura!”, añade.

La guerra de Irak ha provocado esencialmente dos tipos de sentimientos, describe el sociólogo Igor Sádaba Rodríguez: “Por un lado, rabia (odio, enfado, malhumor, malestar e indignación); y por otro, impotencia (frustración, desasosiego, decaimiento, depresión, incapacidad-). Algunas personas se chocan permanentemente en uno de estos dos polos y otros oscilan o alternan según las circunstancias”.

En el caso de España, Sádaba también apunta otro efecto, “un interesante fenómeno que consiste en la reactivación del interés por la política y una propensión alta a la participación. La manera de hacerlo ha variado respecto a épocas anteriores, pero la juventud está dispuesta a salir a la calle”.

La antropóloga Vicky Moreno, que se autodefine como feminista antimilitarista, teme que algunos puedan vivir la guerra como una frustración. “Hay muchas guerras que parar y esta vez hemos conseguido algo histórico a nivel mundial, un rechazo contundente a la guerra. Los pacifistas lo estamos viviendo con euforia. Nunca en la historia se había vivido algo semejante, ni durante la Segunda Guerra Mundial ni durante Vietnam. Hemos creado una energía inmensa y debemos seguir manifestándola”.

También lo recomienda la psicóloga infantil Montse Domènech recomienda que la gente sigua expresándose. “Mucha gente se angustia al pensar que por mucho que haga su opinión no es tomada en cuenta. Pero esa frustración y esa rabia también pueden transformarse en más valor, en más fuerza para seguir luchando. Hay que evitar que la gente se resigne, debemos seguir manifestándonos porque es sano”.

Domènech detecta miedo y nerviosismo entre los adultos, pero se declara sorprendida porque sus pacientes infantiles están demasiado “inconscientes”. Según la psicóloga, “porque no han visto imágenes impactantes con las que puedan identificarse. Después del 11 de septiembre los niños sí estaban muy afectados. Veían en sus televisores edificios muy parecidos a los de su entorno y tenían muchas pesadillas pensando que sus casas se desplomaban. Venían a la consulta explicando que soñaban con explosiones, con incendios... Esta vez les parece que todo está muy lejos y no tienen miedo”.

No obstante, Domènech aconseja hablar con los hijos de la guerra, “para sensibilizarles, para que sean conscientes de que otros niños sufren. Al mismo tiempo hay que tranquilizarles y fomentar que sean valientes. De este modo no sufrirán cosmofobia, ese miedo a todo lo desconocido cada vez más frecuente en nuestra sociedad”.

Resulta especialmente importante infundirles valor antes de irse a dormir, “porque los niños suelen asociar miedo y oscuridad”. Precisamente, el marido de Montserrat Doménech, el doctor Eduard Estivill,es un especialista en esta materia.

El autor del superventas Duérmete, niño dice que “la angustia que se respira en cada esquina” no ha hecho aumentar sustancialmente el número de pacientes que visitan la Unidad de Alteraciones del Sueño que dirige en el Institut Dexeus de Barcelona. “Sin embargo, sí está afectando a quienes ya tenían el problema, a los cuales últimamente les cuesta más conciliar el sueño”.

Estivill reconoce que él mismo siente “indignación, impotencia y rabia por lo que ha sucedido”. Él, que vivió las manifestaciones contra la guerra de Vietnam en California en los años 66-67, se muestra contundente a la hora de denunciar esta guerra: “América es un gran país, donde hay gente que protesta en las calles para denunciar que esta guerra es injusta, que saben que es una cuestión económica. Aún tengo amigos allí y estos días me mandan correos electrónicos impresionantes explicando todo lo que están haciendo. Las manifestaciones están siendo impresionantes, pero temo que lentamente la gente pueda resignarse y aceptar finalmente esta matanza cuando todo acabe y nos vendan que Mr. Marshall ha salvado Irak, porque esa es la siguiente película que nos explicarán”.

Sádaba también utiliza el símil fcinematográfico para explicar las reacciones de los ciudadanos. Según este sociólogo, “nos han ido acostumbrando a la guerra, hemos sido preparados mediáticamente para ella. El choque del 11 de septiembre ha sido fuerte, una especie de película o de extraño espectáculo. Las guerras se están convirtiendo cada vez más en ficciones cinematográficas”.
Para el también sociólogo Marcial Romero, especializado en Cambio Social, “el terrorismo se esta combatiendo provocando más terror. Se está asustando a la gente para contenerla, pero el malestar está llegando a un punto de convulsión. Los ciudadanos se están manifestando masivamente porque consideran que esta guerra es un escándalo, pero también porque en este momento confluyen muchos malestares, hay demasiado dolor acumulado. La guerra de Irak es la última excusa para expresar ese malestar y muy importante, porque la gente ha comprendido perfectamente que esta invasión es un escándalo, que los bombas no son eso que nos explican en la televisión, sino algo que estalla, que mata gente, que la deja reventada”.

Estivill coincide en su apreciación: “La gente es consciente de lo que pasa y no soporta la idea de que vaya a haber tantas víctimas civiles. Vas al café, al colmado y todos hablan de ello”.

Lo mismo sucede en internet donde se repiten los mensajes y las campañas con eslóganes como “No sangre por petróleo” o “No en mi nombre”. Minutos después de que empezaran a caer las primeras bombas sobre Bagdad la red se llenó de mensajes que colapsaron muchas páginas e hicieron temblar a los servidores. También en el ciberespacio “miedo” y “tristeza” eran algunas de las palabras más repetidas. Muchos escribían “vergüenza”.

Internet ha conseguido canalizar muchos de esos sentimientos. Tras el 11 de septiembre, el doctor Rojas Marcos recomendaba hablar y escribir lo sucedido para combatir el estrés postraumático y eso es lo que muchos usuarios han hecho estos días, escribir sin cesar a políticos, a amigos conocidos y desconocidos, a presuntos enemigos.Así, una señora de Arizona repetía la palabra “salam” (“paz”) decenas de veces en el mensaje que enviaba a un foro horas después de que su país invadiera Irak. Una bagdadí exiliada le daba las gracias y le decía que sus palabras la ayudaban a sentirse menos sola, “porque sentía que en el fondo todos estaban en el mismo bando”, el que algunos ya han empezado a definir como “la nueva potencia mundial”, la opinión pública.

Esa gran masa, que antes de que se produjera el ataque ya contaba con una amplia agenda de actos preparados, no deja de generar nuevas ideas que lanzan primero como mensajes en botellas que navegan por la red hasta que las diferentes plataformas las ordenan y, sobre todo, las coordinan. La demanda de información es constante, especialmente la de los colectivos que se encuentran alejados de sus lugares.

En este sentido, destaca el activismo de los españoles en el extranjero. Uno de los grupos más organizados es el Colectivo Espontáneo de Ciudadanos Españoles Residentes en Bruselas, quienes acaban sus comunicados con la frase “Y no olvidemos que la razón está de nuestro lado”. A la angustia de no poder acudir a las manifestaciones contra la guerra “con los amigos”, algunos añaden otro motivo de enfado: “Por un lado es hermoso saber que cientos de miles de españoles han salido a las calles y claramente se sienten impotentes ante la prepotencia de nuestros políticos. Por otro lado, uno siente la vergüenza de tener que escuchar una y otra vez la pregunta: ¿Por qué España apoya a Estados Unidos?”, escribía en una mail Antonio, desde Estocolmo.

También Javier, ingeniero residente en Suiza, decía sentirse más irritado que de costumbre, porque su país participaba en la guerra. Según Romero, la guerra ha irritado a muchos y ha despertado sentimientos de solidaridad con el pueblo iraquí, pero es igual de importante el rechazo “a la excesiva interpretación que ha hecho el presidente español de la legitimidad de su voto, que ha sido utilizada en términos absolutistas”.

Con otras palabras, Cari Rodrigo, una peluquera de 25 años, expresaba la misma idea: “No sé qué tenemos que hacer nosotros en esa guerra. Es lo que más rabia me da de todo. No vamos a sacar nada, excepto problemas. Cualquier día sufriremos un ataque terrorista por culpa de este lío en el que nos han metido”.

Francisco Cruz, jubilado de 68 años, se muestra más preocupado por las consecuencias económicas de la guerra que “de los atentados con ántrax. Esta guerra va a ser muy cara”, dice, “y luego siempre lo pagamos los mismos. A ver si al menos acaba pronto”.

La psicogerontóloga Begoña Gurbindo ha detectado temores similares en sus pacientes, algo más nerviosos de lo habitual por la incertidumbre de las últimas semanas. Escuchar que algunos temen más la recesión que las víctimas civiles aumenta la irritación de los ánimos de los pacifistas más militantes.

La economista Celia Rodríguez, miembro de la asociación Amigos del Pueblo Saharaui de Madrid, se muestra especialmente crítica con este tipo de argumentos, que se niega a entender: “Por más que intento ver las razones del gobierno para mantener su postura menos las entiendo. No tienen ninguna lógica. Se habla de lo que va a sacar Aznar apoyando a Estados Unidos, dicen que presencia en el G8, ayuda en la lucha contra ETA. Dice que al final vamos a ser un país de primera. Yo, personalmente, no quiero ser de primera a costa de la sangre de un pueblo. Debe haber formas menos sucias de conseguirlo”.

Hasta que no las haya, María Alibés prefiere no plantearse grandes cosas, “así no hay quien crea en el futuro. Parece idealista, pero somos muchísimos los jóvenes que tenemos miedo a lo que va a venir. Tenemos toda la vida por delante y muchísimos temores”.

Por fortuna, algunos piensan diferente y sí ven esperanza. Es el caso de la ingeniera industrial Patricia Canalis, quien hace unos días supo que acababa de quedarse embarazada. Ahora sólo espera que los nervios no la afecten demasiado: “Aún no soy del todo consciente de lo que me pasa. Las hormonas se me alteran y, desde luego, ver la tele estos días hace que se me ponga la piel de gallina. Parece que las noticias son una película de terror. Por suerte, luego me entra ese sopor de la siesta y me calmo”.

Cuando le contó a su mejor amiga que iba a ser madre, horas antes de que se iniciara el ataque a Irak, ésta le contestó: “¡Qué alegría, Patri! Es la única buena noticia de la semana. A ver si crece pronto y se viene a las manis”.

Publicado por magda Abril 9, 2004 01:52 PM | TrackBack

Comentarios

padeces el mal d mulder. Intoxicados leer:
http://www.angeltowns.com/members/phidias

Enviado por: tau en Abril 10, 2004 11:21 AM

Hola, Tau,
He leído la página que me recomiendas, gracias. Pero tengo que decirte que erras muchísimo en tu diagnóstico:
1. Para empezar, hacerse preguntas y creer en la justicia social tiene poco que ver con ser seguidor de las teorías de la conspiración, que me aburren tanto como Expediente X (sólo vi un capítulo). Con la realidad me sobra.
He releído mi artículo y supongo que lo más "conspirativo" de él es afirmar que hay muchas empresas que están sacando tajada de la guerra contra el terrorismo. Pero esa afirmación no es mía, no soy periodista de investigación, sino que puedes encontrarlas en el ABC o La Razón. Supongo que conoces la relación entre Halliburton y Dick Cheney, y su papel en la reconstrucción iraquí (además de cómo esta multinacional ha cobrado de más algunas partidas...). Son muchos los ejemplos. Y muy conocidos por todo el mundo desde que escuchamos al hermano de Bush prometer “beneficios” increíbles para la República de España.
2. En ningún momento apuntaba en mi post ninguna teoría. Sencillamente, confesaba mi ignorancia y que nadie está ayudándome a acabar con ella. Muchos protestan por la confusión entre "excusas" y "causas", pero no saben explicar cuáles son las causas. Yo sólo decía que a mí esas barriadas de miseria me duelen, sean o no la cantera de terroristas.
No sé qué opinará Jiménez Losantos de todo esto. En la web que me recomiendas se dice que es un "brillante" locutor, pese a algunas meteduras de pata. Supongo que no es necesario que opine sobre esas meteduras de pata.
3. Para acabar, te diré que tampoco me identifico con ninguno de los ejemplos que se recogen en esa bitácora que me recomiendas. Ni considero “causante del fenómeno terrorista a los propios gobiernos (en particular, los de derechas)”, ni tampoco comparto la afirmación de que “el cerebro de ETA sería el gobierno español, el de Al-Qaeda la CIA, del IRA el británico, etc.”.
Sólo puedes acusarme de una cosa, Tau, y es de ser profundamente de izquierdas. Respondo al modelo del artículo que citaba en el post, soy hija de obreros emigrantes de izquierdas. Pero eso no me impide pensar que el hijo del jefe de mi padre pueda votar PSOE o Izquierda Unida. Se trata de abrir un poquito la mente.
Le iría muy bien a algunos de los que escriben en las páginas que se citan en la web que me recomiendas, como por ejemplo elblogliberal.com. Empezar un artículo con una pregunta como “¿Tiene la izquierda sensibilidad física y psíquica?” es más que revelador.
En esta web no encontrarás ni insultos ni declaraciones chulescas de ese tipo. Tampoco se habla de “la derecha” así, sin más. Si lees más posts verás que precisamente se intenta no dividir más de lo que ya se ha hecho. Pero sí soy tajante en una cosa, la invasión de Irak es una vergüenza increíble. Y eso no es conspiración, sino constatación.
En cualquier caso, me encanta que nos leamos unos a otros. De eso se trata.
Salud y suerte,
/Magda

Enviado por: Magda en Abril 10, 2004 12:50 PM

Para saber más sobre el espionaje al cual están sometidos los ciudadanos de Estados Unidos, recomiendo leer la Patriot Act. Reproduzco aquí unas referencias al programa TIPS, puesto en marcha poco después del 11-S (extracto del libro "Hijos de guerra"):

"33. ESPÍAS DE ANDAR POR CASA
La administración norteamericana planea crear una red nacional de informadores voluntarios que debería espiar a sus conciudadanos y comunicar al gobierno cualquier actividad sospechosa, según informaba el pasado 10 de marzo (2002) Ritt L. Goldstein en El Mundo.
El programa para coordinar a los espías domésticos se llama TIPS (Sistema de Información y Prevención del Terrorismo) y se prevé que empiece a funcionar en agosto de 2002 en una experiencia piloto que se llevaría a cabo en 10 ciudades estadounidenses. Goldstein detallaba que en esta primera fase . Este pequeño se reclutará entre personas con fácil acceso a los hogares de otros, como carteros y amas de casa.
Este tipo de redes de informadores, comunes en regímenes dictatoriales como Cuba o Irak, generan climas de represión y desconfianza asfixiantes. Una de las más célebres por este motivo fue la Stasi, la red creada por la policía de la extinta República Democrática Alemana. Según sus detractores, la palabra no los hace menos temibles y antidemocráticos".

Enviado por: Magda en Abril 10, 2004 03:53 PM