Abril 12, 2004
Cine
Extrañas conexiones
Mientras esperaba en la cola del cine el pasado viernes, vi cómo tres emigrantes recogían a toda prisa sus mantas llenas de cds piratas. Uno de ellos intentó meterlos dentro de una papelera. No cabían. Los otros dos echaron a correr rambla abajo. La gente que paseaba los miraba y comentaba divertida que no era la primera vez que veía aquellas carreras. Yo misma presencié otra la semana pasada. En aquella ocasión el policía llegó sin que nadie se diera cuenta, se agachó y dobló los picos de la sábana en un instante con tanta pericia como el vendedor que le miraba sin moverse.
Esta mañana una mujer de unos sesenta años se me ha acercado discretamente. Me ha preguntado si necesitaba verdura. En el coche, mal aparcado, tenía semiescondidas unas bolsas llenas de alcachofas y otras de habas recién cogidas de su huerto. Su marido estaba vendiendo unos kilos a otra vecina. De ese modo se sacaban un sobresueldo. No sé cuánta falta podría hacerles.
El otro día también vi vender pañuelos de papel a una mujer de la misma edad. Su aspecto era tan "normal" que muchos de los que estábamos comiendo en aquel restaurante pusimos cara de sorpresa y utilizamos ese absurdo adjetivo.
No sé muy bien cuál es la conexión entre estos episodios, supongo que la misma que entre las últimas películas de Pedro Almodóvar y Mel Gibson, pero de algún modo las tengo asociadas.
Vi La mala educación el miércoles. Primera imagen, megalomanía pura: “Una película de Pedro Almodóvar”. Sólo después se anunciará el título del filme. El último crédito antes de empezar la historia vuelve a ser otro derroche de ego: "Guión y dirección de Pedro Almodóvar". Tan grandes son las letras que casi se derraman por los laterales.
La de Gibson, todo lo contrario. O al menos aparentemente. El director de La Pasión de Cristo no asoma hasta el final de la película. El nombre de los actores, casi desconocidos excepto en el caso de Monica Bellucci-María Magdalena, no se desvela hasta el último momento. Sólo entonces se sabrá el título, si es que alguien no se ha enterado a estas alturas de que lo que está viendo es una de las películas más comerciales de la temporada. Esa “modestia” es falsa. Gibson ha llegado a decir que rodaba la película inspirado directamente por el Espíritu Santo.
En cualquier caso, en ambas cintas me han contado algo que me interesaba poco y me han dejado con las ganas de saber más sobre otras cosas. La supuesta denuncia de los casos de pederastia de la Iglesia Católica es casi “colateral” en la película de Almodóvar. En ella se trata “sólo” un caso. Los criminales podrían haber sido bomberos en lugar de curas. El debate al respecto ha sido mediático, pero no se basaba en la película.
Eso me recuerda las declaraciones del presidente del Parlamento, Manuel Marín. Decía en La mirada crítica que no hay que darle demasiada importancia a que se conocieran el nombre de los futuros ministros mucho antes de que el Rey propusiera formalmente la candidatura de Zapatero. Según Marín, esas "revelaciones" se debían a la prisa de los medios de comunicacion. Y razón no le falta. Los mismos diarios que han criticado ese saltarse las formas constitucionales son los que desde el 15-M están intentando adivinar el nombre de los "ministrables".
De todos modos, lo que a mí me ha hecho pensar es lo que Marín ha añadido poco después. Ha dicho, más o menos, que el día después de la investidura los periódicos ya estarán hablando de la reforma de los estatutos. Siempre adelantándose y no siempre con buenas intenciones...
Pero volviendo a Almodóvar, quería decir que en su película me han parecido mucho más interesantes las referencias a todas aquellas personas que en los 80 sufrieron viendo cómo alguno de sus familiares caía en la drogadicción.
Cuando era pequeña vi muchas veces a heroinómanos en las calles. Los niños no sabíamos cómo reaccionar ante aquellas situaciones. Recuerdo una vez que llamamos a la ambulancia y el enfermero intentó tranquilizarnos.
Si sucedía en calles de ciudades poco conflictivas como la mía, en los barrios del extrarradio era algo cotidiano. No hace demasiado hablaba con unos muchachos que recordaban a todos los “hermanos mayores” que quedaron en el camino.
Hace un año un documental de televisión explicaba la historia de un equipo de fútbol gallego de los años ochenta. Nadie había sobrevivido para comentar aquellos partidos.
Y si eso era lo que pensaba mientras veía La mala educación, el Viernes Santo lo hice en muchas otras cosas durante el pase de “La pasión de Cristo”. Tuve tiempo, el que pasé tapándome los ojos con el cuello alto de mi jersey. Lo peor no eran los tanques de sangre que se derramaban, sino la crueldad, la violencia, el sadismo. Aquellas imágenes me hicieron pensar en muchas de las que estos días se ven en el telediario: linchamientos públicos, fuerzas ocupantes, lapidaciones, Pilatos lavándose las manos...
Pero creo que no es eso lo que le interesa a Gibson. Él ha explicado que lo que quiere mostrar es lo mucho que sufrió Jesús durante su calvario. Y lo consigue. La pregunta es ¿con qué fin?
Y mientras me hacía esa pregunta llegaron los créditos finales. Me quedé a verlos todos. Quería saber dónde habían rodado la película. Valió la pena. Al final de todo, en el apartado de agradecimientos, había una referencia a los jesuitas. Y la última, la que todo el mundo recuerda, era ni más ni menos que para los Legionarios de Cristo. Estos días me he metido en sus páginas y es una "experiencia" que recomiendo, nada que ver con la que describía Enrique Iglesias hace unos años.
Los que vieron el corto de Hay motivo sobre los padres de los alumnos de un colegio que, de repente, pasó a depender de esta secta ya saben de qué va el tema. Los que no, descubrirán por qué les llaman “Millonarios de Cristo”. También los nombres asociados a esta secta, Iñigo de Oriol e Ybarra (presidente de Iberdrola), Alicia Koplowitz, Ana Botella, José María Michavila y Ángel Acebes, entre otros.
Su boletín se llama Lanzad las redes.
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El sábado leí este artículo en El Mundo. Está escrito por Juan A. Herrero Brasas, profesor de Ética y Estudios de Religión en la Universidad del Estado de California. Las referencias a Oscar Wilde y el éxtasis que dice sentir por la imaginería católica me ayudan a entender algo mis "conexiones" entre Almodóvar y Gibson. Tal vez también las haya entre las alcachofas y los cds:
El valor estético de la Pasión
JUAN A. HERRERO BRASAS
Un drama históricamente irrelevante, ocurrido hace más de 2.000 años en una remota colonia de la Roma imperial, sigue obsesionando a medio mundo. Lo que se derivó de aquellos acontecimientos, lo que los seguidores de Jesús de Nazaret hicieron en las décadas, siglos y milenos posteriores no ha sido, claro está, irrelevante. Pero desde la perspectiva histórica, la tortura y ejecución de aquel predicador itinerante no fue más que un caso marginal de ejecución injusta, uno más de entre los millones que ha habido en la noche de la Historia.
La perspectiva teológica nos da otra versión del asunto: la tortura y ejecución -la Pasión, con mayúsculas- de Jesús es el evento supremo y culminante en la Historia de la Humanidad, del que depende la salvación eterna de todos los seres que han existido y que existirán. Por la naturaleza divina del crucificado, la Pasión constituye en sí misma el hecho más doloroso y trágico en la Historia del mundo, más trágico y doloroso que todos los cataclismos, guerras y horrores juntos, más trágico que la misma destrucción del planeta y hasta del Universo.
Entre estas dos versiones -la histórica y la teológica-, tan radicalmente diferentes, se intercala la perspectiva estética. Para algunos pensadores es ahí, en lo estético, donde radica el secreto del perenne éxito de la Pasión. Tal es la idea que expresa, por ejemplo, Oscar Wilde en De Profundis, esa extensa misiva salpicada de reproches y reflexiones, escrita en la cárcel y dirigida a su joven y aristocrático amante, Lord Alfred Douglas, Bossie. Para Wilde, la Pasión de Cristo es estéticamente superior a las mejores tragedias griegas, y a ello, a lo estético, se debe la inagotable fascinación que tal drama ejerce sobre las multitudes.
En De Profundis, Wilde reflexiona sobre la sublime y genial idea de que un joven galileo se imaginara que podía cargar sobre sus hombros con los pecados y sufrimientos de toda la Humanidad, y de que lo llevara a cabo. En cuanto a los pecados, Wilde cita los de papas y emperadores. En cuanto a sufrimientos, los de tantos cuyos nombres permanecerán olvidados entre las tumbas sin nombre, «pueblos oprimidos [...] prisioneros, marginados, y todos aquellos enmudecidos bajo la opresión y cuyo silencio sólo oye Dios». Para el autor de El retrato de Dorian Gray, El alma del hombre bajo el socialismo y de las mejores comedias de la Inglaterra victoriana el lugar de Jesús está entre los poetas.
A la Iglesia católica, Wilde le agradece la representación incruenta en la misa del sublime drama de la Pasión. Pero su fascinación con dicha institución iba más allá. Los atuendos eclesiásticos y toda la parafernalia tradicional del catolicismo le producían auténtico éxtasis. De hecho, durante sus años de universidad tenía su habitación decorada con retratos de papas y cardenales, y mantenía la curiosa teoría de que si se hubiera podido convertir al catolicismo la estética de la Iglesia le habría curado de su homosexualidad. Una claúsula en el testamento de su padrastro le impedía tal conversión, so pena de perder toda la herencia. En París, ya en su lecho de muerte, Wilde se convertiría a la religión católica. A su conversión siguió años después la de Bossie, que acabaría renunciando a su homosexualidad.
Aunque de carácter muy diferente del de Mel Gibson, sin duda Wilde habría disfrutado con La Pasión de Cristo. Y ello a pesar de que la película no está hecha con un afán primordialmente artístico sino piadoso, moralista, algo que Wilde habría repudiado. Mel Gibson es un católico ultraconservador, seguidor de la secta cismática del arzobispo Léfèbvre, de los que piensan que el Vaticano II con sus reformas traicionó a la Iglesia. Los actores seleccionados, todos hasta el momento prácticamente desconocidos, son también creyentes. En particular James Caviezel, que hace el papel de Jesús, es un devoto católico, como Mel Gibson. A modo de excepción, el papel de la Virgen lo hace una actriz judía, Maia Morgenstern.
A diferencia de otras versiones piadosas de la Pasión, la película de Mel Gibson no cae en la ñoñería: la fuerza y realismo de las imágenes son arrebatadores y la violencia, sobrecogedora. Todo ello dirigido a mostrar el choque frontal entre el bien y el mal en estado puro. Algunas escenas en particular están magistralmente conseguidas: la impotencia y frustración de Pilatos en su empeño por evitar la crucifixión, la magnífica actuación de los soldados romanos durante la flagelación, la de los miembros del Sanedrín en su conspiración y la de Judas en su traición y remordimiento. El Jesús de Mel Gibson, por otra parte, tiene un toque californiano que desconcierta un poco. Especialmente cuando le gasta bromas a su madre se revela en él un toque de American boy sin duda ajeno a las pautas de conducta de aquel entonces. También un poco californiana le ha salido a Mel Gibson la Virgen. Con su mirada atónita, y sin apenas derramar lágrima ante las torturas y ejecución de su hijo se aleja del dramatismo de esas madres clamando al cielo con los brazos en alto que vemos habitualmente en las imágenes del conflico palestino.
Para el guión e imaginería de La Pasión de Cristo, Mel Gibson se ha basado no sólo en la tradicional narración bíblica sino de modo muy particular en las visiones de la venerable Katherine Emmerich, una monja visionaria y estigmática alemana del siglo XIX. Emmerich, que ya desde niña demostraba tener enigmáticos poderes, tuvo en su cuerpo durante varios años los estigmas de la crucifixión, se alimentaba sólo de la sagrada comunión y tenía visiones de la vida y Pasión de Cristo. Tras su muerte, su cuerpo se mantuvo incorrupto.
Tan célebre fue el caso de esta mujer que se formó incluso una comisión oficial para estudiar el asunto. Por su parte, el famoso poeta romántico K. Brentano quedó de tal modo impresionado al conocerla que abandonó su labor de creación poética y dedicó varios años de su vida a transcribir las visiones que Emmerich le daba al dictado. En cuanto a las visiones de la Pasión, el resultado son tres gruesos volúmenes que hoy siguen circulando con el título de La dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. En esas detalladísimas transcripciones llevadas a cabo -y posiblemente también retocadas- por Brentano se ha basado Mel Gibson para su película. Con la idea de que las visiones de Emmerich constituyen auténticas y minuciosas descripciones del aquel acontecimiento histórico, Mel Gibson ha querido ofrecer una experiencia audiovisual lo más aproximada posible al modo en que aquello ocurrió realmente.Con ese mismo propósito está la película rodada por completo en arameo (la lengua que hablaba Jesucristo) y latín.
Las acusaciones de antisemitismo que algunos grupos judíos han lanzado contra la película carecen de fundamento. De hecho, La Pasión de Cristo contiene escenas, que no pasan inadvertidas ni mucho menos, que mitigan la idea de una conspiración judía contra Cristo. Cuando, por ejemplo, el Sanedrín juzga a Jesús, dos miembros de dicho tribunal se rebelan y dicen que el juicio es una farsa y que ese hombre es inocente, lo que motiva que sean echados a empujones. Tal detalle y algunos otros (por ejemplo, el prominente papel que se da a la esposa de Pilatos) no aparecen en los evangelios sino que provienen de las visiones de Emmerich.
Hoy como ayer la figura de Cristo sigue constituyendo un fascinante enigma. La película de Mel Gibson así lo demuestra.
Publicado por magda Abril 12, 2004 10:56 PM
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Leo en Al Jazeera la siguiente noticia sobre la opinión de los palestinos sobre la película de Mel Gibson. En fin... No haré comentarios. Es todo demasiado triste.
Palestinians love Mel Gibson's film
Sunday 04 April 2004, 12:06 Makka Time, 9:06 GMT
Mel Gibson's The Passion of the Christ is all the rage
Mel Gibson's controversial film, The Passion of the Christ, is all the rage among Palestinians, curious about complaints by Jews that it is anti-Semitic.
Meanwhile, local distributors in Israel are shunning the film, which Jewish groups say demonises Jews by depicting them as pressuring the Romans into crucifying Jesus.
The film has banked more than $315 million since its release in February.
Only one per cent of Palestinians in the West Bank and Gaza Strip are Christians while the other 99% are Muslims, who revere Jesus as a prophet but do not believe he was crucified.
The portrayal of a prophet in a film is forbidden under Islam.
Pirated copies
"People are calling me from everywhere in the West Bank –from Bethlehem, Hebron, Ram Allah and Nablus - to ask for copies of the movie," said the owner of a Gaza city video shop, which sells pirated copies of new release movies.
The Passion of the Christ has outsold other Hollywood blockbusters in Gaza and the West Bank's pirated video market, including Matrix Revolutions and The Last Samurai.
Israel cold
In Israel, the local agent for the film's international distributor Icon Entertainment said it passed on its option to show The Passion of the Christ, but declined to specify its reasons other than to say the movie was "sensitive".
Industry insiders in Israel say local distributors are not interested in the film because of allegations it is anti-Semitic and for expected lukewarm audience response.
Jewish groups and some Roman Catholic clerics have expressed concern the film could foment anti-Jewish attacks.
Palestinian President Yasir Arafat watched a preview of the film at his West Bank headquarters earlier this month. Aides said he found the film "moving".
Herrero Brasas dice que la Pasión no es antisemita? Entre lo que Gibson decide enfatizar de los evangelios, lo que disimula y cambia, y lo que inventa, es evidente el antisemitismo de Osama Ben Gibson. Quien no lo vea es que es necio. No sorprende que Herrero Brasas enseñe donde enseña, la verdad, Cal State...
Enviado por: Ion en Abril 14, 2004 04:44 AM

