Mayo 10, 2004

Activismo y derechos humanos
Mujeres iraquíes

Entre las pocas noticias positivas que llegan de Irak, destaca la actividad de las mujeres que se han asociado para defenderse de las constantes agresiones a las que son sometidas. La inseguridad ciudadana las mantiene pseudosecuestradas en sus casas. También los crímenes de honor y el creciente fundamentalismo.

La revista on line www.equalityiniraq.com es su principal medio de comunicación, aunque también se muestran muy activas dando conferencias y reuniéndose allí donde detectan una situación de emergencia. Eve Ensler, la autora de los Monólogos de la Vagina, ha emprendido una campaña para ayudarles a construir un refugio. La presentaron el pasado mes de noviembre en Nueva York durante una velada vday (vagina day), la asociación fundada por Ensler.

Yo estaba bastante asustada, aunque curiosa, por saber cómo eran las reuniones de "las guerrilleras de la vagina" (Vagina Warriors). Y quedé gratamente sorprendida. Están organizadísimas y son muy competentes recopilando información y elaborando material informativo. Nada que ver con un grupo de seguidoras de Xena, la princesa guerrera.

Entre las asistentes que se congregaron para escuchar a Yanar Mohammed, la responsable de equalityiniraq, estaba Jane Fonda, que ha donado una millonada a la asociación. También recuerdo a varios hombres, uno de los cuales alertó a la audiencia de los riesgos del voto electrónico, que iba a ser algo más que una experiencia piloto en las próximas elecciones estadounidenses. Y, dado el chanchullo de Florida hace cuatro años, estaba espantado.

Como medio mundo.
Como debe andar Blair, después de leer los últimos sondeos.

Pero como quiero mantenerme positiva y acabar el mail del mismo modo, reproduzco aquí una carta que escribí a un iraquí tras mi primera visita a su país. En estos párrafos le contaba que mi amiga Amal (su nombre significa Esperanza) me invitó a pasar una tarde con un "harén". Se trataba de remontar el Tigris en una barcaza al atardecer.

A veces, cuando veo esos palmerales en la televisión pienso en aquel mes de junio de 2001 y no consigo reconocerlos entre tantos marines. Pero sé que en el fondo son los mismos. Como sé que entonces la vida tampoco era precisamente idílica. El dictador ya asesinaba menos -quedaban menos por asesinar-, pero seguía teniendo a la población atemorizada. Aun así, podían pasear por el barrio de Mansur al caer la noche. Si no abrían la boca, podían pasear. Ahora, ni eso.

En el 2001 lo más doloroso era el embargo. Las medicinas que se quedaban al otro lado de la frontera.

Ese "asesino sin cara" mataba a un niño cada 7 minutos.
Y nadie hacía nada.
El embargo estaba impuesto por la ONU.
Después algunos preguntan por qué muchos no confíamos en Naciones Unidas.

También habría que introducir otros costes ocultos de las guerras, como el índice de solteros de los que le hablaba antes o la cantidad de divorcios que provocan. Un economista de Belgrado del grupo G17 me sorprendió al apuntarme la ruptura de parejas como una de las peores consecuencias del embargo que sufrió su país. No era conservador ni tampoco defendía la familia tradicional, sino simplemente la vuelta a la normalidad, el fin de las peleas por no llegar a fin de mes. Una conocida canción española lo dice con palabras sencillas: "Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana".
Olvidé cantársela a unas chicas que conocí en una fiesta privada que celebraban en un barco que surcaba el Tigris. Querían saber algo de música española, y, sobre todo, de Al Andalus. "Para algo somos primas", me dijeron. "Todas descendientes de algún Almanzor". Así que en el fondo nuestros 40 Principales eran un poco suyos, igual que las canciones que en aquellos momentos tocaban los músicos, los únicos hombres autorizados a subir a aquella barcaza, aparte de algunos niños pequeños que habían venido con sus madres.

A cambio de mis informaciones musicales me enseñaron el verdadero significado de "desmelenarse", porque eso fue lo que hicieron literalmente. Tan pronto nos alejamos del embarcadero se soltaron el pelo y empezaron a bailar una de las danzas más sensuales que he visto en mi vida. Me obligaron a unirme a ellas, y se puede imaginar las risas. Usted sabe mejor que yo cómo son las mujeres iraquíes.

Lo pasamos realmente bien. Y comimos fenomenal. Cada una de ellas había traído algo preparado de casa, con ese sumo cuidado que tienen a la hora de decorar las bandejas y recordar que esta tierra es digna de los cuentos de Sherezade y de haber sido escogida por Dios para plantar aquí su Edén, tal como sugieren los más importantes estudios sobre geografía bíblica.

Fue un sueño ver atardecer entre los juncos y las palmeras. Pero, sin duda, lo más bello fue compartir la alegría de aquellas cuarenta y tantas mujeres de todas las edades. El delirio colectivo tenía a los niños entre asustados y divertidos.

Recuerdo que una mujer de unos cincuenta años no paraba de decir "pobrecillo" para referirse a un pequeño que no se movía de la silla instalada junto a la improvisada pista de baile. Se había quedado así desde que el barco vadeó una colina en la cual había unos cuantos soldados montando guardia y las mujeres empezaron a chillarles y hacerles burlas y guiños desde la distancia.

- Pobre, pobre...

Una niña se acercó hasta ella y le dijo:

- Si él es pobre, ¿quiere decir que yo soy rica?

Llegará lejos.
Si la dejan.


Publicado por magda Mayo 10, 2004 09:34 PM | TrackBack

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