Junio 22, 2004
Activismo y derechos humanos
Malos tratos de Norte a Sur
Sigo con mi particular síndrome de Estocolmo. Me atonto cada vez que regreso del Norte, me da por la reflexión y la ensoñación y, de repente, no soporto los gritos. Por eso no he dicho hasta el momento ni mu sobre el proyecto de ley contra la violencia sexista. Entre otras cosas, porque quería saber más. Me da algo de miedo pensar que todas estas leyes por la igualdad no sirvan de demasiado en el tema de la violencia, porque ello podría significaría que quedan pocas esperanzas. Sin embargo, lo cierto es que la tasa de homicidios de este tipo en las igualitarias sociedades escandinavas supera a la ibérica.
Sin ir más lejos, anoche mientras leía “Los perros de Riga”, del sueco Henning Mankell, encontré el siguiente e inquietante párrafo:
“(El comisario Wallander) se quedó sentado en el sofá hasta muy tarde, y hasta poco antes de medianoche,no se metió en la cama.
Acababa de apagar la luz cuando sonó el teléfono. “Oh, no, otra noche no”, pensó. “Otra muerte por malos tratos, no”.
Con ello no quiero decir, aunque sea innecesario aclararlo, que estoy en contra de promover medidas por la igualdad, sino todo lo contrario. Llegan con décadas de retraso y son absolutamente imprescindibles en todos los ámbitos. Pero la ley que estos días se está gestando es sumamente importante y creo que faltan elementos que se nos escapan, que diría el comisario Wallander. Por eso, la aprobación podría retrasarse unas semanas, sólo “semanas” –como diría otro sueco, el jefe de inspectores en Irak, Hans Blix-, hasta que aumente el consenso.
Y, aunque a alguien le pueda parecer sorprendente, preferiría una ley contra la violencia doméstica que también incluyera a los hombre maltratados, además de a niños y ancianos. Está más que claro cuál es el colectivo más afectado por este problema –los porcentajes hablan por sí solos-, pero esa minoría de hombres afectados debería tener los mismos derechos. Incluirlos en la normativa no perjudicará a las mujeres que se beneficiarán de ella. Así, la ley por la igualdad también sería “igualitaria” y dejaría sin argumentos a esa caverna de retrógrados que establecen relaciones entre el aumento de los malos tratos y la emancipación de la mujer, entre otros.
Entiendo las razones que hacen que muchas y bastantes defiendan la discriminación positiva. Comparto la mayoría de ellas, pero aborrezco que las mujeres sean siempre tratadas como víctimas. Los medios de comunicación tienen gran parte de la culpa. Varias instituciones especializadas, entre ellas el Col·legi de Periodistes de Catalunya, han redactado una serie de recomendaciones sobre el “Tratamiento de la violencia de género en los programas informativos y de entretenimiento en los medios de comunicación”. De momento, no se cumplen.
Sigo dándole vueltas y pensando que deberíamos preguntarles a las suecas y a las finlandesas cómo les protegen sus respectivos gobiernos y en qué están fallando.
Publicado por magda Junio 22, 2004 05:13 PM
| TrackBack
Acabo de colgar la anotación en la bitácora y al comprobar que ya estaba en la página me he dado cuenta de la expresión utilizada por Wallander-Mankell, resaltada por el color gris: "Otra muerte por malos tratos, no".
Dice "muerte" no "muerta", pero ni siquiera me había dado cuenta. Mi cerebro pensó inmediatamente que se refería una mujer.
La ley podría estar redactada con el mismo lenguaje no sexista que reclamamos para el resto de ámbitos, la estadística y la práctica ya se encargan de poner nuestros cerebros en alerta.
Tienes razón, Magda. Parece que cualquier matización u objeción de forma (que no de fondo) a la necesidad de proteger contra los maltratos convierta a quien la formula en un cerdo agresor machista. En plena campaña electoral, dos candidatos del PSC (uno de ellos Raimon Obiols, que no pasa precisamente por ser un demagogo) insultaron al fiscal José María Mena, un hombre de honradez y compromiso con la justicia más que probados (en la línia de Jiménez Villarejo), por secundar la queja contra algunos abusos en casos de divorcio en que se aducen falsos malos tratos para agilizar los trámites. Otro caso es el de la denominación de la futura ley. La militancia feminista y buenista más cerril sigue presionando al gobierno para que la ley se llame "de violencia de género", un verdadero disparate en castellano. Adjunto el informe, cabal y sensato, de la RAE sobre el tema. El gobierno dijo que lo tendría en cuenta, pero parece que se van a echar para atrás. ¿Por qué la izquierda tiene que hablar tan mal? ¿Es que mi abuela va a entender qué coño significa "violencia de género"? La política debe estar al servicio de los ciudadanos (es decir, que debe ser útil y comprensible) y no al de la satisfacción de la mala conciencia de los políticos.
INFORME DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA SOBRE LA EXPRESIÓN VIOLENCIA DE GÉNERO
El anuncio de que el Gobierno de España va a presentar un Proyecto de Ley integral contra la violencia de género ha llevado a la Real Academia Española a elaborar el presente Informe sobre el aspecto lingüístico de la denominación, incorporada ya de forma equivalente en las Leyes 50/1997 y 30/2003 al hablar de impacto por razón de género.
El análisis y la propuesta que al final de este Informe se presentan a la consideración del Gobierno han sido aprobados en la sesión plenaria académica celebrada el pasado jueves día 13 de mayo.
1. ORIGEN DE LA EXPRESIÓN
La expresión violencia de género es la traducción del inglés gender-based violence o gender violence, expresión difundida a raíz del Congreso sobre la Mujer celebrado en Pekín en 1995 bajo los auspicios de la ONU. Con ella se identifica la violencia, tanto física como psicológica, que se ejerce contra las mujeres por razón de su sexo, como consecuencia de su tradicional situación de sometimiento al varón en las sociedades de estructura patriarcal.
Resulta obligado preguntarse si esta expresión es adecuada en español desde el punto de vista lingüístico y si existen alternativas que permitan sustituirla con ventaja y de acuerdo con otras fórmulas de denominación legal adoptadas por países pertenecientes al área lingüística románica y con el uso mayoritario de los países hispanohablantes.
2. ANÁLISIS SOBRE LA CONVENIENCIA DE SU USO EN ESPAÑOL
La palabra género tiene en español los sentidos generales de ‘conjunto de seres establecido en función de características comunes’ y ‘clase o tipo’: Hemos clasificado sus obras por géneros; Ese género de vida puede ser pernicioso para la salud. En gramática significa ‘propiedad de los sustantivos y de algunos pronombres por la cual se clasifican en masculinos, femeninos y, en algunas lenguas, también en neutros’: El sustantivo ‘mapa’ es de género masculino. Para designar la condición orgánica, biológica, por la cual los seres vivos son masculinos o femeninos, debe emplearse el término sexo: Las personas de sexo femenino adoptaban una conducta diferente. Es decir, las palabras tienen género (y no sexo), mientras que los seres vivos tienen sexo (y no género). En español no existe tradición de uso de la palabra género como sinónimo de sexo.
Es muy importante, además, tener en cuenta que en la tradición cultural española la palabra sexo no reduce su sentido al aspecto meramente biológico. Basta pensar al propósito lo que en esa línea ha significado la oposición de las expresiones sexo fuerte / sexo débil, cuyo concepto está, por cierto, debajo de buena parte de las actuaciones violentas.
En inglés la voz gender se empleaba también hasta el siglo XVIII con el sentido de ‘clase o tipo’ para el que inglés actual prefiere otros términos: kind, sort o class (o genus, en lenguaje taxonómico)[1]. Como en español, gender se utiliza también con el sentido de ‘género gramatical’[2]. Pero, además, se documenta desde antiguo un uso traslaticio de gender como sinónimo de sex[3], sin duda nacido del empeño puritano en evitar este vocablo. Con el auge de los estudios feministas, en los años sesenta del siglo XX se comenzó a utilizar en el mundo anglosajón el término gender con el sentido de ‘sexo de un ser humano’ desde el punto de vista específico de las diferencias sociales y culturales, en oposición a las biológicas, existentes entre hombres y mujeres[4].
Tal sentido técnico específico ha pasado del inglés a otras lenguas, entre ellas el español. Así pues, mientras que con la voz sexo se designa una categoría meramente orgánica, biológica, con el término género se ha venido aludiendo a una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades de índole social, económica, política, laboral, etc. En esa línea se habla de estudios de género, discriminación de género, violencia de género, etc. Y sobre esa base se ha llegado a veces a extender el uso del término género hasta su equivalencia con sexo: «El sistema justo sería aquel que no asigna premios ni castigos en razón de criterios moralmente irrelevantes (la raza, la clase social, el género de cada persona)» (País [Esp.] 28.11.02); «Los mandos medios de las compañías suelen ver cómo sus propios ingresos dependen en gran medida de la diversidad étnica y de género que se da en su plantilla» (Mundo [Esp.] 15.1.95). Es obvio que en ambos casos debió decirse sexo, y no género.
3. DOCUMENTACIÓN DE LAS DIVERSAS EXPRESIONES USADAS EN ESPAÑOL PARA EXPRESAR EL CONCEPTO
TÉRMINOS DOCUMENTACIÓN INTERNET (Google) DOCUMENTACIÓN
CREA[5]
AÑO PRIMERA DOCUMENTACIÓN CREA
violencia doméstica 100 000 documentos 136 (72) 1983
violencia intrafamiliar 45 000 documentos 49 (34)[6]
1993
violencia de género 37 700 documentos 19 (9) 1993
violencia contra las mujeres 35 800 documentos 17 (11) 1977
violencia familiar 30 000 documentos 34 (25) 1988
violencia de pareja 3000 documentos 1 2001
discriminación por razón de sexo 13 100 documentos 70 1983
Como se advierte a simple vista, la expresión violencia doméstica es la más utilizada con bastante diferencia en el ámbito hispánico, doblando a la expresión violencia intrafamiliar muy frecuente en Hispanoamérica junto con violencia familiar y violencia contra las mujeres.
Critican algunos el uso de la expresión violencia doméstica aduciendo que podría aplicarse, en sentido estricto, a toda violencia ejercida entre familiares de un hogar (y no sólo entre los miembros de la pareja) o incluso entre personas que, sin ser familiares, viven bajo el mismo techo; y, en la misma línea -añaden-, quedarían fuera los casos de violencia contra la mujer ejercida por parte del novio o compañero sentimental con el que no conviva.
De cara a una “Ley integral” la expresión violencia doméstica, tan arraigada en el uso por su claridad de referencia, tiene precisamente la ventaja de aludir, entre otras cosas, a los trastornos y consecuencias que esa violencia causa no sólo en la persona de la mujer sino del hogar en su conjunto, aspecto este último al que esa ley específica quiere atender y subvenir con criterios de transversalidad.
4. PROPUESTA DE DENOMINACIÓN
Para que esa ley integral incluya en su denominación la referencia a los casos de violencia contra la mujer ejercida por parte del novio o compañero sentimental con el que no conviva, podría añadirse “o por razón de sexo”. Con lo que la denominación completa más ajustada sería LEY INTEGRAL CONTRA LA VIOLENCIA DOMÉSTICA O POR RAZÓN DE SEXO.
En la misma línea, debiera en adelante sustituirse la expresión “impacto por razón de género” por la de “impacto por razón de sexo”, en línea con lo que la Constitución establece en su Artículo 14 al hablar de la no discriminación “por razón de nacimiento, raza, sexo...”.
Avala a esta propuesta el hecho de que la normativa gemela de países de la lengua románica adopta criterios semejantes.
Así en el área francófona:
• En Canadá se discute [texto de 2002] una «Loi de la famille et criminalisation de la violence domestique».
• En Bélgica existe una ley (24 noviembre 1997) «visant à combarte la vilence au sein du couple». Con posterioridad, se ha lanzado una «Campagne nationale de lutte contre les violences domestiques».
• La ministra Nicole Ameline prepara en Francia [2003] una ley que incluye, entre otros aspectos, la «violence à l’égard des femmes».
• La ley luxemburguesa (8 septiembre 2003) trata «sur la violence domestique».
En Italia se documentan ampliamente :
Violenza contro le donne
Violenza verso le donne
Violenza sulle donne
Violenza doméstica
Violenza familiare
Finalmente, en los medios de comunicación españoles predomina hoy, bien que con titubeos, la denominación violencia doméstica. La opción lingüística que la próxima Ley adopte resultará claramente decisiva para fijar el uso común. De ahí la necesidad, a juicio de la Real Academia Española, de que el Gobierno considere su propuesta.
Madrid, 19 de mayo de 2004
[1] Oxford English Dictionary (edición electrónica, en www.oed.com), acep. 1.
[2] OED, acep. 2.
[3] OED, acep. 3.
[4] OED, acep. 3b
[5] Corpus de referencia del español actual (CREA)
Número de casos y, entre paréntesis, número de documentos.
[6] Uso hispanoamericano.
Bueno, esta misma discusión de la denominación la tuvimos en mi ayuntamiento cuando iniciamos el programa de protección que finalmente se denominó "Violencia contra las mujeres". Aunque no estoy de acuerdo con algunos de los discursos de las organizaciones feministas (me pasa lo que a ti, Magda, tengo pocas certezas absolutas y me tiene muy desconcertada lo de los países nórdicos) entiendo por qué ellas desean utilizar género: el argumento principal es que sexo es una realidad biológica que, en si misma, no discrimina sino que diferencia mientras que género -femenino o masculino- es una construcción social que si construye una discriminación.
Lo que me parece indeseable en todo caso es aceptar la definición de "doméstica" ya que no siempre es una violencia intrafamiliar (por ejemplo tenemos numerosos casos de novios que no viven en el mismo domicilio, o de agresiones a vecinas sin relaciones familiares directas).
En cualquier caso considero que la ley debe de centrarse en las mujeres porque la violencia de la que hablamos es "contra las mujeres" (y no por ello discrimina a los hombres), sería como decir que la ley de protección del menor discrimina al adulto.
Bueno no me alargo porque he estado comentando en el blog de Salva y no quisiera repetirme.
Muy interesante el comentario de TLH
Estoy de acuerdo contigo, Julia, en que la palabra doméstica puede no ser la más apropiada. Aún recuerdo que me sorprendía que al pedir una cerveza en la ex Yugoslavia me dijeran si la quería "domestic"? Tal vez la palabra "maltrato"sea suficiente, no sé... En cualquier caso, coincido con TLH, no podemos pensar sólo en ser "políticamente correctos"


