Noviembre 02, 2004
Política
Empatando
Leo en un estudio del Injuve que los jóvenes españoles son “edadistas”. Es decir, clasifican a la gente según su edad, porque no advierten grandes diferencias entre clases sociales. Mi amiga Carmen me comenta que el otro día su hermano menor la llamó “pureta”. A ella le sonaba a “cultureta” o “intelectualoide”, pero no, al parecer una “pureta” es alguien que tiene ya cierta edad y, aunque es joven y no tiene familia propia, le van las cosas “tranquis”, estar informada, etc... Nunca sabremos muy bien lo que es ser un pureta, pero seguiremos intentándolo. El caso es que la mayoría de los adolescentes se identifican con la “clase media”, aunque ello sea en muchísimos casos una fantasía. Por eso hacen demandas a sus padres que éstos no siempre pueden (o quieren) satisfacer.
El sábado volvía en el tren de Barcelona a eso de las diez de la noche. Una vez más, un grupo de adolescentes montó una pelea deprimente. Eran once o doce. Chillaban que iban a “cargarse al “moro” que supuestamente se había metido con ellos un rato antes. Uno de los “nacionales” acababa de pegarle a “un niño”(eso decían sus compañeros), porque llevaba mucha rabia dentro y le miró raro.
-Era un niño, daba pena, estaba cagado el pobre.
-Bueno, pero a mí nadie me toma por maricón.
El tren estuvo retenido en Sants una media hora en la que los guardias de seguridad detuvieron a uno de los jóvenes. No puedo reproducir el delirio, sólo diré que la expresión de quienes pasábamos de los 25 era de asombro y puede que también de estupidez. La conversación de los chavales oscilaba entre la injusticia de pegarle a un niño y “lo hijoputas que son todos los moros”, la semana que viene se van a enterar. De vez en cuando uno chillaba que “encima que les dejamos venir y así no se mueren de hambre”. En el mismo vagón, un par de mujeres sudamericanas hacían como que no escuchaban. Aquellos niñatos no sólo eran “edadistas” y nos veían como vejestorios, también tenían muy claro quiénes eran los unos y quiénes los otros.
Un pensamiento totalmente contrario encuentro en el último libro que he leído del sueco Henning Mankell. En “Pisando los talones” escribe lo siguiente:
“Wallander tenía frente a él la imagen de un hombre que había enloquecido, que nunca había encajado en ningún ambiente y que, al cabo, había estallado en una violencia que no podía controlar (...). Un niño que no pudo soportar que lo expulsasen del gabinete de ingenieros y que terminó por concluir que las personas que sonreían eran malvadas.
Wallander pensó que, tras todo aquello, se ocultaba una sombra aterradora que se extendía sobre el país entero; que, cada vez con mayor frecuencia, la gente de la que se podía prescindir quedaría apartada y condenada a llevar una vida indigna en reductos en los que se desconoce la conmiseración y desde los que podrían contemplar a aquellos a quienes habían tenido la fortuna de pertenecer al lado adecuado, aquellos a los que les había cabido en suerte tener algún motivo para ser felices.
(...) Comentaron que el estado de descomposición de la sociedad sueca quizá estuviese más avanzado de lo que ellos creían. Aquella violencia irracional e improvisada que se había convertido en algo cotidiano; la sensación de hallarse en una época en que la sociedad de derechos había dejado de funcionar en muchos aspectos... Por primera vez en su vida, Wallander se preguntaba si no se hallarían, simplemente, a las puertas del total desmoronamiento de la sociedad sueca (...).
Será que los suecos se asustan muy pronto...
El caso es que en los últimos tiempos una de las palabras que más se oyen en las secciones de Política y Sociedad de los medios de comunicación es “divididos” y “empate”... EE.UU. está dividida en dos, entre republicanos y demócratas. En la Península ibérica poco menos lo mismo y el etcétera es largo. Pero esa división futbolera es tan falsa como mediática. Todo se ha simplificado a una velocidad aún más rápida desde el “O con nosotros o contra nosotros”. Las televisiones también dividen las pantallas en dos, en falsos antagonistas pagados para pelearse. Acabo de ver a Miguel Ángel Aguilar y Jiménez Losantos haciendo el tonto en Día a día (Tele5). La moda de la telebasura y de la políticabasura se ha extendido de tal manera que incluso los informativos juegan a las pantallas alternas como si fuesen una comedia de Rock Hudson y Doris Day. Y maldita la gracia que tienen.
Si hoy gana Bush algunos nos consolaremos pensando que al menos así las cosas estarán más claras. El gran demócrata Clinton jamás dejó de bombardear Irak junto a los británicos durante los años de embargo. Y a finales del 98 montó la operación Zorro del Desierto porque le dio la gana. O porque le hacía falta. Aquellas maniobras coincidieron con el famoso “impeachment” por el asunto Lewinsky.
En fin, que algo celebraremos mañana. Como mínimo que se acabaron las noticias electorales sobre EE.UU. y lo superreportajes acerca de cómo la venta de caretas de Halloween sirve como sondeo electoral. Y, mientras, pedantes europeos, nos reímos de lo fundamentalistas que son los norteamericanos y no estamos prestando demasiada atención a las sectas que empiezan a poseer televisiones locales en este país. Carlos Cañeque escribe en la edición catalana de El País:
“La expansión fundamentalista también ha llegado a España, donde han proliferado cientos de iglesias evangélicas. Algunas de ellas están ligadas a pastores que emiten programas por radio y televisión. La mayoría de los fieles fundamentalistas en nuestro país son inmigrantes latinoamericanos, pero el número de españoles conversos crece cada día. Ya existen incluso algunos reverendos españoles, como Epi Limiñana (...), que el año pasado consiguió reunir en Madrid a 9.000 personas en la plaza de toros de Vista Alegre. Ya grita como los telepredicadores fundamentalistas norteamericanos más exaltados, practica exorcismos y hace milagros. Epi Limiñana ha pronosticado que dentro de cinco años la población evangélica en España alcanzará el 10%”.
Y mientras, a escuchar a Aznar cambiar de discurso según el foro. Quien tanto criticara a Zapatero por decir en cada lugar una cosa diferente en Israel no ha pronunciado la palabra ETA. Supongo que este peloteo es comprensible. Al fin y al cabo, son tiempos de fútbol. Y de empates más que de empatías.
Publicado por magda Noviembre 2, 2004 01:59 PM
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