Febrero 17, 2005
Activismo y derechos humanos
"Vivir en la nada"
Buscando entre artículos viejos, acabo de descubir que, casualmente, publiqué un reportaje sobre el Sáhara otro 17 de febrero. Hace tres años, pero apenas si ha cambiado nada. Tampoco la actitud de nuestros gobernantes. Desgraciadamente, los saharauis no esperan demasiado del ejecutivo de Zapatero.
Vivir en la nada
Magda Bandera - 03:22 horas - 17/02/2002
Esperar y beber té. Es la única opción que tienen los más de 170.000 saharauis refugiados en Argelia. Veintiséis años después de que llegaran al desierto de Tinduf huyendo de la invasión marroquí, dicen estar cansados de esperar que la ONU cumpla su vieja promesa: convocar un referéndum para determinar si desean un Sahara Occidental independiente o integrarse a Marruecos. Han puesto un límite a su paciencia, que vence el 28 de febrero, cuando finalizará el presente mandato de Kofi Annan en la ONU.
Beber té al modo saharaui requiere de todo un ritual. Nunca se toma uno solo, sino que siempre son tres. El primero debe ser amargo, como la vida; el segundo dulce, como el amor, y el tercero suave, como la muerte. Metáforas aparte, el té azucarado es indispensable para los refugiados, ya que supone un importante aporte de glucosa en su precaria dieta, basada casi totalmente en la ayuda humanitaria.
Los alimentos nunca han sido frescos en los campamentos de Tinduf. Las latas de conserva vacías, con etiquetas procedentes de los lugares más insospechados, se oxidan lentamente bajo el asfixiante sol de la "hamada" o el infierno, como se conoce a este inhóspito desierto.
En los últimos tiempos se están produciendo además importantes problemas en la distribución de la ayuda internacional. "Las deficiencias en el reparto pretenden desalentar a los saharauis", denuncia José Taboada, miembro de la asociación Amigos del Pueblo Saharaui de Madrid. Si el problema persiste, la escasez conseguiría lo que hasta ahora parecía imposible, que los saharauis renuncien a su derecho a la autodeterminación, reconocido por la ONU desde finales de los años 60.
En esas fechas nació en El Aaiún uno de los representantes del Frente Polisario en Barcelona, Abdulá Ahmed. "Tenía ocho años en 1975 cuando Marruecos organizó la ‘marcha verde’. La mitad de mi familia se refugió en Argelia y la otra mitad nos quedamos en los territorios ocupados. Pero a los 18 años decidí escapar, porque la represión era terrible y ni siquiera podía estudiar lo que quería", explica.
Ahmed se unió a otros jóvenes y juntos atravesaron varias alambradas y pasos fronterizos. En uno de éstos fueron interceptados por las autoridades españolas, pero la presión de Amnistía Internacional y otras ONG logró que finalmente llegaran a Argelia, donde les esperaba una representación del gobierno en el exilio de la República Árabe Saharahui Democrática (RASD), autoproclamada el 26 de febrero de 1976. Ese mismo día España había abandonado definitivamente su antigua provincia sin contribuir a su proceso de descolonización, tal como se había comprometido a hacer ante las Naciones Unidas.
"Los primeros años en los campamentos fueron realmente duros. Todavía siguen sin electricidad ni agua corriente, pero en 1985, cuando los vi por primera vez -recuerda Ahmed- la situación era pésima: los hombres estaban luchando contra Marruecos y la ayuda humanitaria no estaba bien organizada. No entendía cómo la gente podía haber aguantado tanto tiempo en esas condiciones."
Desde entonces han pasado otros 16 años. El asentamiento ha mejorado notablemente. Las mujeres organizaron la vida en aquellas primeras agrupaciones de tiendas ("jaimas") hasta convertirlas en verdaderas ciudades. Actualmente, existen cuatro grandes campamentos (vilayas), bautizados con el nombre de las principales ciudades saharauis ocupadas: El Aaiún, Auserd, Smara y Dajla. Las vilayas se dividen en algo similar a pueblos (dairas) y éstos en barrios. Se han creado ministerios y comités que distribuyen los alimentos, aseguran la atención médica y controlan la salubridad del agua.
Pero es en el terreno educativo donde se han obtenido los mayores logros. Si el analfabetismo de la población superaba el 70% durante la dominación española, ahora ha sido prácticamente erradicado entre los más jóvenes. La educación primaria y la secundaria pueden realizarse en Tinduf y la RASD mantiene acuerdos con países como Cuba, Siria y Libia para asegurar el acceso a la universidad.
Una espera interminable
Pese a todo, la "hamada" sigue siendo el infierno para los saharauis. Por muchísimas razones. Para empezar, este pueblo, que tradicionalmente ha sido nómada, se ve obligado a sobrevivir en un pedregal donde la monotonía es tan intensa como el siroco que provoca jaquecas y molestas otitis en niños y ancianos. Allí esperan que la comunidad internacional cumpla con los compromisos adquiridos en 1991. Fue entonces cuando la ONU elaboró un plan de paz que consiguió que Marruecos y el Frente Polisario acordasen un alto al fuego tras 15 años de cruenta guerra.El plan establecía que el referéndum de autodeterminación debía celebrarse al año siguiente. Sin embargo, la convocatoria ha sido aplazada en varias ocasiones debido a las alegaciones del reino alauí. Marruecos rechaza el censo electoral elaborado por la Misión de las Naciones Unidas en el Sahara Occidental (Minurso). Así, a los 86.700 votantes identificados por la ONU, el Gobierno de Rabat añade otros 130.000 de origen marroquí que actualmente residen en la zona.
Ahmed fue uno de los licenciados en Relaciones Internacionales que en 1991, recién llegado de Cuba, fue seleccionado para trabajar en la Comisión Saharaui por el Referéndum. "Los bailes de cifras nunca son neutrales -critica-. Sucede lo mismo cuando Acnur dice que en los campamentos viven 170.000 refugiados. Se sabe que son casi 200.000, pero ello supondría aumentar la ayuda humanitaria."
"Incluida la sanitaria", se queja Sara Gobbi, la doctora italiana responsable del programa de atención materno-infantil de Dajla, donde viven la mayoría de los afectados por las bombas de napalm lanzadas por Marruecos en 1976. Gobbi denuncia que siempre falta material, desde camas hasta comadronas, pasando por los medicamentos contra las diarreas y disenterías.
Bueguia Barca Buzed, una enfermera saharaui de 24 años que trabaja en el hospital de Auserd, asegura que todos los refugiados tienen cubierta la asistencia sanitaria mínima, pero cuando surgen complicaciones tienen que ser desplazados a otro país -Argelia y España, principalmente- o bien esperar la llegada de una comisión de médicos voluntarios.
Estos grupos de doctores suelen visitar Tinduf entre septiembre y mayo, los meses menos calurosos. Durante sus breves estancias se imponen ritmos inhumanos, llegando a operar hasta 17 casos diarios de cataratas en quirófanos que apenas si cuentan con el instrumental imprescindible.
Bueguia se confiesa impotente ante tantas carencias. Ella también estudió en Cuba y ahora recuerda aquellos 12 años con nostalgia: "Pienso mucho en mis amigos de Varadero, pero ni siquiera podemos cartearnos, porque yo no tengo dirección. Vivo en la nada". La enfermera añora su forma de vida en el Caribe: "La ‘hamada’ no es lugar para los jóvenes. Aquí no hay diversiones, todo lo más las fiestas que improvisamos de vez en cuando en alguna jaima para bailar salsa".
El regreso suele ser muy duro para quienes estudiaron en el extranjero. Más difícil que acostumbrarse a transportar el agua en cubos o a obtener la energía mediante placas solares resulta la frustración profesional de los que se prepararon creyendo que desarrollarían su trabajo en un Sahara que soñaban independiente a su vuelta. Muchos de ellos sufren depresiones, pero la mayoría asegura que no abandonarán los campamentos hasta que su gente pueda volver a su tierra.
En el caso de las chicas hay que añadir el trastorno que les produce reencontrarse con el tradicional machismo de la sociedad saharaui, pese a los progresos obtenidos por las mujeres en los últimos años. Los líderes de la RASD remarcan que en su gobierno hay una ministra -la de Educación y Cultura-, y en el Parlamento un 11,5% de representación femenina.
La formación ha tenido un papel fundamental para avanzar en el camino de la igualdad entre sexos. La directora de la escuela de mujeres de Dajla, Maima Mahamud, admite que el camino por recorrer es largo, pero se enorgullece de los cursos impartidos en su centro. Entre éstos destaca los de inglés e informática, y sobre todo el de audiovisuales. "El objetivo es que haya mujeres tras las cámaras explicando la realidad, a su manera y sin intermediarios", explica.
Una filosofía similar es la que, según Maima, caracteriza el programa "Vacaciones en paz", la iniciativa que lleva a miles de niños saharauis a convivir con familias españolas durante el verano: "El regreso puede ser impactante, pero es importante que comprendan que la vida no es el desierto. La vida no es la ‘jaima’, vivir aquí y así. Estos chiquillos nunca han visto un ascensor, ni un avión, ni siquiera un grifo. Deben saber que en el mundo también existe el verde. Y las piscinas. Tienen que entender que es posible vivir mejor y que merece la pena luchar por ello".
Y tal vez acaben haciéndolo, o al menos viendo cómo lo hacen sus hijos. En los últimos meses, los principales dirigentes saharauis amenazan con volver a la lucha armada si la ONU no impone el cumplimiento del plan de paz antes de que finalice el mandato de Kofi Annan. El Frente Polisario y Argelia rechazan cualquier propuesta alternativa al plan, incluida la que mañana hará pública James Baker, enviado especial de Annan en la zona.
Una propuesta que pretende desbloquear la situación mediante un reparto del control político del Sahara Occidental. La división del territorio haría que Marruecos se quedara con el norte, incluida la antigua capital, El Aaiún, y las explotaciones de fosfatos, y el Frente Polisario con el sur, donde se hallan el importante banco pesquero y Dajla, la antigua Villa Cisneros española, que haría las veces de capital.
"Después de tanto sufrimiento, este tijeretazo es inaceptable", sostiene Taboada. También el Frente Polisario. Su representante en las Naciones Unidas, Ahmed Boujari, considera que "la ONU debería admitir públicamente su fracaso si no consigue que se respeten las leyes internacionales. En ese caso debería permitir al pueblo saharaui que estudie libremente qué estrategia ha de emplear para alcanzar sus legítimos derechos". Boujari, como la mayoría de los saharauis, cree que 26 años en el infierno son demasiados, sobre todo cuando las esperanzas empiezan a escasear casi tanto como el azúcar del té.
Publicado por magda Febrero 17, 2005 04:34 PM
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Me resulta injusta e hipócrita la actitud española respecto a este problema. No sólo del ejecutivo, si no también de parte de la clase dirigente, e incluso de parte de la prensa y medios de comunicación. Asegurar la buena vecindad y las relaciones plácidas con el magreb, especialmente con marruecos, se hace a costa de insistir en el error que fue -abondonar de aquella forma la provincia del Sáhara- manteniédolo presente, aplazándolo sine die, a la espera que el tiempo resuelva el problema de manera tácita. Esto es, un sahara autónomo dentro de marruecos, que no es, recordémolo, una democracia con garantías a la que se pueda ceder la responsabilidad de velar por el cumplimiento de cualquier acuerdo que se pudiera tomar al respecto. Y me resulta especialmente insultante el hecho de que, rallando en sumisión, la monarquía española y las carteras de exteriores de los gobiernos sucesivos, se jacten de las buenas relaciones con marruecos o que con especial displicencia y miramiento se trate a su régimen. Por no soliviantar al vecino del sur en los temas de la ciudades autónomas y posesiones españolas, con prejuicio y desconocimiento respecto a la comparativa de este caso con el de Gibraltar, o el hecho de que apoyar la autodeterminación del Sáhara abriera también la comparativa con territorias peninsulares con minorías secesionistas, por todo ello, decía, se prefiere no afrontar la cuestión y dejar que esta se resuelva por el astío y cansancio de generaciones viviendo "en la nada". No deja de resultar curioso que lejos de ser perjudicial, la independencia del Sáhara nos resultase especialmente beneficioso si dado el caso, hubiésemos contribuido a ello. De hecho, me gustaría saber de algún estudio sobre el estado de opinión de los saharauis sobre la posibilidad de formar parte de España con todas las ventajas y derechos de la ciudadanía española y europea, mas las ventajas que un país como el nuestro articula mediante el estado de las autonomías. La diferencia con respecto a un país federal no deja de ser, prácticamente, una cuestión nominal, y lo será tanto más en cuanto se avance en el proceso de descentralización y transferencia de competencias. ¿Alguien les a preguntado sobre esa posibilidad? Sobre el papel se enfrentaría a muchas dificultades... tal vez la mayor, si ese fuese el deseo del pueblo, sería la oposición frontal de Marruecos, pero estaría dispuesto al enfrentamiento antes que seguir viviendo en la vergüenza y en el bienestar a cambio de que otro pueblo viva de comer polvo argelino.
Enviado por: jORDI en Febrero 18, 2005 03:07 PM

