Junio 27, 2006

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Vuelos secretos

Publicaba hoy El Pais un buen articulo sobre los vuelos secretos nocturnos que la semana pasada estuvieron repatriando inmigrantes senegaleses. Estos dias atras hemos conocido a un par de "repatriados". A uno de ellos lo devolvieron en los primeros vuelos; al otro lo vimos el pasado jueves en el pueblo de Rufisque. Nos dijo que acababan de traerlo en un avion espanol, pero no sabemos de que tipo ni si lo volvera a intentar. El primero dice que no lo hara; su travesia duro tres semanas y vio morir a demasiados companeros.

Sobre lo de darles dinero, 300 euros segun El Pais, era algo que se comentaba por aqui en los ultimos dias, aunque la gente no sabia de que cantidad se trataba. En el articulo de Tomas Barbulo se entrecomilla la frase que dice que el dinero era "con el fin de que puedan empezar a rehacer sus vidas". Suena a chiste malo y hace aun mas absurda la expresion "rehacer la vida", que, por cierto, suele aplicarse a desenganyos amorosos varios, otra estupidez, ni que la vida fuera un jersey de lana. Con 300 euros lo unico que pueden hacer es comprar la mitad de un nuevo "pasaje".

En fin, se dicen muchas cosas por aqui y se sabe que aquello -lo nuestro- no es nada facil, pero no les importa, lo tienen claro, seguiran saliendo del pais rumbo a Europa. Por cierto, que el otro dia animaban, curiosamente, a Francia contra Togo, estan picados con ellos porque los desclasificaron -se comprende-, pero tambien porque dicen que desconfiaban de los anfitriones senegaleses y les hicieron unos cuantos feos; pero hoy han cambiado de metropoli. Al menos eso es lo que dicen, incluso en una pequena aldea del interior, cerca de Louga, donde solo podiamos entendernos con la mayoria de sus habitantes cuando pronunciabamos la palabra Ronaldinho. Los senegaleses son muy presumidos, pero durante el dia tienen un uniforme claro que hace que no se distingan demasiado de cualquier joven de este mundo: las camisetas de futbol. Las del Barça son de las mas abundantes.

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Junio 26, 2006

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Desde Dakar

Llevamos una semana en estas calles llenas de taxis identicos a los de Barcelona, negros y amarillos, hablando con gente de todo tipo. Lo que mas abunda son vendedores ambulantes con objetos tan inverosimiles como los que se ven en nuestras capitales. Por eso cuando les preguntamos que esperan hacer en Barcelona o Madrid dicen que exactamente lo mismo que en Dakar, pero ganando muchisimo mas dinero. Sus rutinas aqui y alla, alla y aqui, no se diferencian demasiado.

Tambien hemos visitado un par de pueblos pesqueros desde donde salen piraguas. Esta tarde Tatiana y yo nos vamos al interior. En esos pueblos se produce un importante exodo rural, la sequia es criminal.

Obviamente, todo es muy distinto a Espanya, pero visitando las casas de los senegaleses, las de aquellos que aun pueden plantearse pagar 500 euros para conseguir plaza en una piragua, comiendo y charlando con ellos, no he dejado de recordar la sensacion de aquellas tardes de agosto, hace veinte anyos, en el patio de mis primos en el Valle de Abdalajis esperando...

... Esperando que pasara algo, que la cosa mejorara, que saliera un curro que no fuese en el campo, en la capital, en Malaga o en Suiza. Han pasado veinte anyos y las cosas han cambiado mucho, pero esta muy bien el ejercicio de memoria. Tengo la libretilla llena de paralelismos, pero este teclado afrancesado me vuelve loca, asi que de momento sere breve.

/Magda
pd: Por cierto, que me dicen que en el Valle, el problema del agua sigue igual.

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Junio 19, 2006

Activismo y derechos humanos
Miedo y racismo

El Estatut ya ha sido aprobado, así que las matemáticas deberían acabarse cuanto antes. No tiene sentido repartirse la abstención, el "sí" y el "no". Tampoco lo tiene hacer declaraciones patéticas como las que esta noche han salido de las bocas de Montilla y Rajoy, pero algunos parecen no tener límites. Lo demostraron, entre otros, en el último debate sobre "el estado de la Nación".

Ese día hablaron mucho sobre inmigración. Llevaban más de una semana haciéndolo con la excusa de los asaltos a chalets. Una vez más, se confunden los temas y se fomenta el racismo y la xenofobia con fines propagandísticos y electoralistas (recordar el principio 10 de Goebbels):

10. Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

A continuación, cuelgo el reportaje sobre este tema que escribí en colaboración con Boris Matijas y el ilustrador Flavio Morais para el Magazine del pasado domingo 11 de junio.

En el peligroso círculo de los recelos
Magazine - 11 / 6/ 2006

La llegada de inmigrantes está provocando reacciones en la población española que se mueven entre el miedo a los extranjeros y un aumento palpable de la desconfianza. La base de esas actitudes acostumbra a estar en el desconocimiento del otro y la sensación de peligro que ello entraña. Y a menudo se alimenta de lugares comunes y de aseveraciones que resultan ser falsas

Mustafá, Ana Rosario y Sasa eligieron venir a España. Como tantos otros emigrantes, unos cuatro millones en la actualidad, midieron sus fuerzas y a menudo las calcularon mal. A muchos de ellos, sus particulares odiseas les han convertido en víctimas de un tipo de depresión bautizada como “síndrome de Ulises” por el psiquiatra Joseba Achotegui. Sus historias aparecen de tanto en tanto en los medios de comunicación. En ocasiones se explican desde la corrección política, en demasiadas otras son criminalizadas.

Más complicado resulta contar las historias del señor Francisco o de la señora Juanita. Ambos llevan décadas sin moverse del mismo lugar, pero sus paisajes han cambiado mucho en los últimos años. Aunque también ellos emigraron en su juventud no esperaban que al jubilarse convivirían con vecinos de todas las razas y procedencias. Gente con la que se encontrarían en la escalera y no se cruzarían una palabra. Mucho más altos, mucho más oscuros y también algo más ruidosos, dicen.

Para las sensaciones de Francisco y Juanita, y de muchos españoles asustados ante el fenómeno de la inmigración, no existen nombres de síndromes modernos. Sus miedos son conocidos como xenofobia o racismo. Y esta simplificación no hace más que empeorar el problema. Por un lado, casi nadie acepta que otro le tilde de racista. Por otro, los mismos medios y políticos que critican sus actitudes se pasan el día hablando de ilegales, de asaltos a chalets con “violencia extrema”, de bandas latinas y de bandas del Este.

Algunos habitantes de barrios como el Raval de Barcelona, que han vivido siempre rodeado de “autóctonos” reaccionan con miedo. “Otros lo hacen con sorpresa”, distingue Achotegui. “Vivir con miedo es muy peligroso, porque es el motor del racismo”.

El miedo se retroalimenta y es recíproco
, añade este psiquiatra, quien recuerda el caso de una señora marroquí atemorizada desde que su vecina se metió con ella. “Seguramente, también su vecina tiene miedo. Por ello es tan importante combatir los tópicos y empezar a aceptar que los cambios son tan inevitables como necesarios”.

A Francisco le cuesta creerlo: “¿Cómo no vamos a tener miedo con lo que se oye en el telediario? Es un no parar. Y esto es solo el principio”. Este obrero industrial andaluz de 60 años, que emigró a Cataluña cuando cumplió veintidós, es un comunista convencido que no ve contradicción entre su ideología y su pánico ante la idea de que algún día haya en España un partido islámico que pueda impedir que sus nietas “tengan derecho a votar o que las obliguen a llevar pañuelo”.

Temores semejantes aparecen de modo recurrente en algunos medios de comunicación y en los centenares de páginas de corte fascista colgadas en internet “sin que nadie haga nada para penalizarlas”, denuncia Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, quien también critica la “peligrosa asociación que hacen algunos políticos al vincular delincuencia y emigración, creando una alarma innecesaria y alimentando la xenofobia al estilo de Le Pen”. Según Ibarra, desean hacerse con “ese 6% del electorado soñado por el populismo xenófobo”.

Para empezar, “la mayor parte de los delitos cometidos por extranjeros se debe a la acción de las mafias no a los emigrantes. Los criminales vienen con visado de turista”, remarca Ibarra. Los inmigrantes vienen a trabajar y temen incurrir en cualquier ilegalidad, cuanto más, un delito, porque saben que ello tendría sus consecuencias. Lo que desean es, precisamente, ser lo más legales posible.

Sin embargo, buena parte de los españoles tiene una sensación completamente distinta. Según los últimos barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 60% de los españoles considera que hay “demasiados” inmigrantes. Cuando se les pregunta cuál creen que es el porcentaje de población extranjera en España su respuesta es que un 20%, justo el doble de la realidad.

Este no es el único error ni tampoco el único mito que circula de boca en boca. En los últimos tiempos, las clásicas leyendas urbanas de fantasmas que se aparecen en las cunetas están siendo sustituidos por afirmaciones del tipo “los inmigrantes no pagan impuestos cuando abren un negocio” o “las becas de comedor son para los extranjeros”.

Incluso las llamadas “bandas del Este” no lo son tanto. Tal como publicaba el diario La Vanguardia el pasado 29 de mayo, el 78% de estas asociaciones de criminales son “mixtas”. Españoles y extranjeros planean juntos los crímenes y se reparten el botín. Los índices de criminalidad también desmienten algunas de las sensaciones de la mayoría de los españoles. En este país se producen dos homicidios por cada cien mil habitantes. En la Unión Europea la media es de diez.

Del mismo modo, las supuestas facilidades de los extranjeros para montar una empresa también son una falacia. Sucede todo lo contrario, deben cumplir más requisitos que los españoles, explica Xavier Miró, propietario de una gestoría. Se les exige que tengan una gran cantidad de dinero a modo garantía de viabilidad, “unos100.000 euros”, coincide Ghassan Saliba Zeghondi, secretario de inmigración de Comisiones Obreras. La oficina de información de la Seguridad Social también confirma que a la hora de hacer pagos “no existe ninguna distinción entre nacionales y extranjeros”.

La queja de que las becas de comedor son para ellos también es común. “Y falsa”, asegura una trabajadora social encargada de asignarlas en su municipio. “Se valora las necesidades específicas de los solicitantes y la verdad es que los hijos de los emigrantes suelen enfrentarse a más problemas. Es un problema de pobreza. La única directriz que tenemos es la de evitar que todos los emigrantes se concentren en los mismos centros. Por ese motivo, muchos colegios reservan plazas para los nuevos escolares”, explica Los españoles son los primeros que se quejan de la existencia de ghettos.

“Crash”, ganadora del Oscar a la mejor película, trataba este tipo de recelos y contradicciones. En este filme un policía blanco y xenófobo culpaba del deterioro físico de su padre al mal funcionamiento de los servicios sociales, cuyos principales usuarios son miembros de las comunidades afroamericana y latina. Como excusa para su odio racial, alegaba que su padre había tenido que cerrar su negocio a causa de las leyes de discriminación positiva.

En “Crash” los blancos tienen miedo de los ataques de los negros y los negros de su represión, los persas temen a los árabes y a los latinos y estos nuevamente a sus jefes blancos. Nadie está libre de ser víctima de un ataque de pánico y de convertirse en ese momento en alguien que sólo desea seguridad y protección hasta el punto de volverse agresivo en su empeño.

El sociólogo Zygmunt Bauman cita en su libro “Confianza y temor en la ciudad. Vivir con extranjeros” (Arcadia) a su compañero Richard Sennet para explicar el círculo vicioso del miedo cuando los ciudadanos se temen unos a otros y acaban en “guettos”. Los más pobres en las zonas donde pueden permitirse pagar una vivienda. Los de mayor poder adquisitivo en barrios alejados del centro y ansiosos por protegerse.

Paradójicamente, estas urbanizaciones se han convertido en los últimos tiempos en lugares peligrosos. Por definición, están demasiado aisladas y ello las ha convertido en el objetivo de bandas mafiosas que cometen asaltos extremadamente violentos. El temor a los robos en chalets ha hecho que los latin kings hayan dejado de estar de moda.

Sennet afirma que cuanto más se separan las personas, en estos barrios, menos capaces son de tratar con extranjeros; y “a su vez, cuanto menos capaces son de tratar con extranjeros, mayor miedo les tienen”.
El temor de algunos padres a que sus hijos vayan a escuelas en las que haya demasiados niños inmigrantes puede tener serias consecuencias para ese desconocimiento mutuo en el futuro. Según el CIS, el 34,3% de los españoles nunca ha tenido relación ni trato con un inmigrante.

El conocimiento despierta la empatía, asegura Snezana, también conocida como “Mama Giana”, una gitana búlgara que junto a su marido lleva tres años cantando por las calles de Barcelona y Madrid. “Cuando les contamos cómo vivimos, los españoles se ponen a llorar”. Para ellos esta abuela de aspecto entrañable es una especie de “talismán”.

No todos los gitanos tienen su suerte. “Desgraciadamente, si alguno pensaba que con la llegada de los emigrantes el racismo se iba a dispersar se equivocaba. Para los gitanos no ha bajado ni un ápice”, afirma Juan de Dios Ramírez Heredia, presidente de la Unión Romaní.

Al ser preguntado por su relación con otras etnias y la posibilidad de que puedan producirse enfrentamientos como los ocurridos entre las comunidades gitana y magrebí hace justo un año en Perpiñán, Ramírez asegura que en general las relaciones buenas. Sin embargo, advierte de este riesgo si no se combate la pobreza en los guettos.

Por lo general, nadie quiere hacer distinciones entre los integrantes de las diferentes etnias. Después, en la intimidad, vuelven a aflorar los prejuicios y se establecen categorías para los diferentes emigrantes. “Los chinos no suelen dar problemas. Y la gente del Este suele ser bastante educada. Los magrebíes son diferentes”, sentencia un trabajador de los Juzgados de lo Penal, quien dice no ser racista, pero admite que no querría que sus hijos se casaran “con según qué etnias”. Para este ateo, “el tema de la religión es el principal inconveniente para integrarnos”.

Opiniones similares se oyen entre los emigrantes que viven en España. Como en “Crash”, ellos también sienten sus recelos. La marroquí Khaoula Bouchki dice que sólo le dan miedo “los colectivos que utilizan la violencia gratuita, como, por ejemplo, los Latin King”. Por su parte, la periodista lituana Kristina Nastopkaite recuerda que una compatriota suya reconocía que “si tuviera que compartir habitación y le dieran a elegir entre un francés y un negro, escogería al francés sin saber bien por qué. Sí, soy racista”.

Lamentablemente, la tendencia está cambiando y empezar a admitir que se es racista no está tan mal visto en algunos sectores. Un estudio reciente de la Universidad de Granada concluye que el 63% de los alumnos de 12 a 14 años cree en la igualdad. Sin embargo, un 27% de los escolares son racistas sutiles y un 10% lo son de un modo manifiesto o abierto.

Para evitar que los porcentajes más peligrosos aumenten, Ibarra apuesta por la educación en valores. Y por explicar que la emigración es un efecto de la globalización. Ciertos asuntos tienen causas mundiales, raíces lejanas y recónditas; pero los individuos “se sienten impotentes para luchar contra la contaminación mundial del agua o del aire o las consecuencias de la globalización para la mayor parte de la población mundial”, explica Bauman. Por ello, sólo se movilizan por temas locales, muy concretos. “Cuando se construye un vertedero de residuos tóxicos, o una residencia para refugiados en nuestro barrio”, agrega.

Eso es justo lo que ocurrió hace unas semanas en Tenerife, cuando algunos vecinos atacaron un centro para menores extranjeros. Tenesor Rodríguez, un traductor canario de 26 años, teme que se produzcan más actos similares. “La situación es preocupante. Algunos políticos han abusado de las palabras invasión y sobrepoblación, y ahora la gente tiene miedo. La mayoría de las veces es infundado. Pero su miedo es real”.


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Junio 17, 2006

Política
El mensaje institucional de Maragall

A punto de salir de viaje. Eso sí, lo haré con los deberes hechos, después de votar y de oír como se reparten el "sí" y el "no" unos y otros. Tremendo ver que hasta ayer mismo hubo polémica. Desde luego, el mensaje institucional de Maragall no tuvo desperdicio. En cualquier caso, no voy a valorar ahora si pidió el "sí", es obvio que lo hizo. Lo que me ha sorprendido ha sido el siguiente párrafo:


Català: Les nostres empreses n’adquireixen d’altres. Les nostres ciutats són considerades com a referents a imitar. Les nostres escoles fan bona una tradició pròpia iniciada fa cent anys. Els nostres hospitals tenen qualitat.

Castellano: Nuestras empresas compran a otras. Nuestras ciudades son consideradas como referentes a imitar. Nuestras escuelas hacen buena una tradición propia iniciada hace cien años. Nuestros hospitales tienen calidad".

¿Se puede saber a qué viene la frase "nuestras empresas compran a otras" en el discurso "informativo" sobre el día del referéndum? Nadie espera ya un mensaje "socialista" del Partit dels Socialistes de Catalunya (ayer Maragall fue más líder del PSC que president de la Generalitat) ni tampoco que lamente las deslocalizaciones, pero de ahí a hacer un canto a la concentración empresarial...

Claro que yo me conformo con que no emitan ningún tipo de mensaje. El que me mandó el PSC al móvil la semana pasada con su eslogan electoral no me hizo ni pizca de gracia. Y no sólo porque lo considero malo y poco elegante*, y una intromisión en mi intimidad, sino también porque me costó mis dineritos, ya que estaba en Italia.

Al menos, Maragall no exageró al hablar de "la calidad" de nuestros hospitales. No añadió ningún adjetivo...

* SMS recibido el 8/6/06 a las 17:13: "SI guanya Catalunya NO guanya el PP. Passa-ho. socialistes.org"

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Viaje a Irán

Estoy acabando "Bagdad en llamas. El blog de una joven de Irak" (Laertes). Extraña sensación leer la bitácora de Riverbend así, del tirón y en castellano. La introducción de James Ridgeway también es demoledora, simple hemeroteca, pero sirve para demostrar que, desgraciadamente, los principios de Goebbels citados en el post anterior (5 y 7) siguen muy vigentes. ¡Qué corta es nuestra memoria! ¿Acaso se acuerda alguien, a estas alturas, de Chalabi? ¿Y del bueno de Paul Bremer inventándose primeros ministros iraquíes rotatorios, uno por mes?


Intentaré colgar el artículo que estoy escribiendo sobre Riverbend cuando lo acabe, pero ahora quiero comentar uno de sus posts. No es, ni mucho menos, el más relevante, pero sí tiene su importancia:

Jueves, 28 de agosto de 2003

El Mito: Los iraquíes, antes de la ocupación, vivían en pequeñas tiendas de color beige colocadas a los lados de sucias callejuelas por todo Bagdad. Los hombres y los niños iban a la escuela montados en sus camellos, burros y cabras. Esas escuelas eran versiones más grandes de las viviendas y por cada 100 estudiantes, había un maestro con turbante que enseñaba a los niños unas matemáticas rudimentarias (para contar el rebaño) y a leer. Las niñas y las mujeres se quedaban en casa, vistiendo burkas negros, preparando pan y cuidando de entre 10 y 12 niños.

La Verdad: Los iraquíes vivían en casa con agua corriente y electricidad. Miles de ellos tienen ordenadores. Millones de ellos tienen equipos de video y de CDs. Irak tiene puentes sofisticados, centros recreativos, clubes, restaurantes, tiendas, universidades, escuelas, etc. A los iraquíes les encantan los coches rápidos (especialmente los coches alemanes) y el Tigris está lleno de pequeñas lanchas motoras que se usan para todo, desde pescar hasta hacer esquí acuático".

¿Por qué he seleccionado estos párrafos?:

1. Porque favorecen la identificación con los "monstruos". No son tan distintos a nosotros.
2. Ponen en evidencia algunos de nuestros prejuicios, ignorancia y prepotencia.
3. Escuché frases semejantes en la boca de jóvenes iraníes hace apenas unas semanas.

A mediados de mayo viajé a Irán durante unos días. Después de dos viajes a Irak y de pasar media infancia oyendo hablar de la guerra Irán-Irak sin entender nada, visitar Irán ha resultado toda una experiencia. Necesitaría volver al menos un par de veces para entender cómo funcionan las cosas en la antigua Persia. Por eso, en el reportaje que publiqué en el Magazine (4/6/2006) no expuse grandes conclusiones, sino que me limité a reproducir algunas de las conversaciones que mantuve con jóvenes del país. No fue fácil que se abrieran. Lo están haciendo ahora a través del messenger. Tienen unas ganas tremendas de expresarse y, sobre todo, de que su país no encabece las noticias a diario.

Aprovecho este post para recomendar la lectura de Persépolis, el cómic de Marjane Satrapi es una joya.

La vida sigue tras el velo que cubre Irán
Magazine (4 de junio de 2006)

El río Zayandeh se parece mucho al Guadalquivir al pasar por la ciudad de Isfahán. Un gran puente iluminado y unas orillas que se llenan de gente con ganas de charlar e improvisar picnics. Los persas adoran tumbarse en la hierba, de día y de noche, juntos y a solas.

Los más jóvenes inventan botellones diarios sin alcohol a base de refrescos, pipas de agua y guitarras. Sus canciones hablan del amor y sus derivados. De historias imposibles o que se hacen esperar demasiado. La mayoría de ellos se identifica con estas tormentos, saben que tardarán en casarse y que hasta entonces sus relaciones con el sexo contrario serán más bien escasas.

- Aquí para pagarte una casa tienes que trabajar por lo menos veinticinco años. Si no te ayudan tus padres es imposible emanciparte. Los sueldos son muy bajos y es difícil encontrar trabajo de lo que has estudiado –protestaba un ingeniero de Teherán que espera un milagro que acabe con el 12% de paro que castiga, sobre todo, a la juventud iraní.

Al oírle pensé que aquella conversación podría estar transcurriendo perfectamente junto al Guadalquivir. Cambié de opinión cuando, de repente, uno de los guitarristas entonó una canción de Metallica y las muchachas que estaban sentadas junto a él se levantaron al instante. El rock está prohibido en Irán. Y hay oídos por todas partes.

- Si te ven hablando con alguno de los pocos extranjeros que vienen por aquí en seguida aparece alguien para controlarte -me había contado un par de días antes en la Casa del Artista de Teherán un informático de veinticinco años que intentaba explicarme cuáles eran, según él, los verdaderos problemas de Irán. El paro también encabezaba su lista.

En cuanto descubrieron que estaba hablando en inglés con dos forasteros, tres personas se acercaron a nuestra mesa. Permanecieron junto a nosotros durante un par de minutos, los suficientes para que sus respectivos radares captaran algunas frases sueltas. Debieron parecerles correctas, eran las mismas que en los últimos tiempos se repiten en cualquier conversación medianamente profunda con un iraní:

- Odio la política de los Estados Unidos.
- Tenemos tanto derecho a producir energía nuclear como cualquier otro país.
- El tráfico de Teherán es imposible.
- No te preocupes por colocarte bien el pañuelo, tranquila. No pasa nada.

Pero sí pasa. Una tarde se me cayó mientras tomaba un chocolate con un grupo de amigos. Mi compañero me ayudó a recolocármelo. Al verle, la chica de enfrente arrancó a llorar y salió corriendo. Después me explicó que le había recordado a su padre. Suele estar pendiente de que a ella no se le escapen demasiados mechones por debajo de la tela. Le sucede a menudo por las tardes cuando ella y sus amigas cambian la capucha obligatoria para ir a la facultad y a cualquier edificio oficial por un pañuelo algo más desenfadado que les permite mostrar las mechas rubias y algún que otro tirabuzón.

Las normas están claras. En la entrada a la Universidad hay un cartel enorme en el que tres figuras juveniles recuerdan a los estudiantes que deben vestir adecuadamente. Sus caras están desdibujadas, sólo se ven sus óvalos. Sin ojos, sin boca, sin nariz.

Y sin intrusos. No me dejaron entrar ni en la Universidad de Teherán ni en la de Isfahán. Imposible acceder al recinto sin una acreditación, es un lugar cerrado.

- Todo lo contrario a lo que debería ser una Universidad –lamentaba mi acompañante, quien se disculpó una y otra vez por aquel episodio-. Siento vergüenza. Se equivocan, así no vamos bien, no vamos nada bien.

Esa misma muchacha se había pasado la noche anterior bailando hasta las cinco de la madrugada en una fiesta de cumpleaños. En esos espacios privados los jóvenes se sienten medianamente libres e incluso consumen el alcohol que fabrican en casa o compran en los establecimientos de los iraníes de religión cristiana.

A la mañana siguiente acudió a sus clases en la facultad y a dos de sus cuatro trabajos.

- ¿Por qué trabajas tanto?, le pregunté.
- No quiero tener horas libres porque no quiero pensar.

Si lo hace le sobrevienen ataques de llanto. Ha vivido varios años en Europa y el regreso a Irán ha sido traumático.

- Demasiadas leyes absurdas.

Y encima, en los últimos tiempos, tambores que suenan a guerra.

- Nunca veo las noticias porque me deprimen, se sinceró.
- ¿La gente tiene miedo?

Al hacer la pregunta a un iraní desconocido la mayoría contesta que no. Dicen que Estados Unidos tiene demasiados frentes abiertos. Creen que “no se arriesgarán a cometer más errores”. Esa es su gran esperanza. Sin embargo, este argumento resulta insuficiente para algunos, como para una estudiante de Comunicación de veintiún años de Teherán:

- Siento estrés cuando veo todo lo que está pasando últimamente. Tanto Bush como Ahmadineyad son dos “presidentes amantes de la guerra”. No están buscando una solución, no quieren la paz.

Algunos llegan más lejos y hablan abiertamente de cortina de humo. Mientras el mundo está pendiente de las plantas nucleares, tanto mejor para el líder iraní. El debate sobre el derecho a enriquecer uranio ha conseguido borrar de la agenda política los problemas internos, que no son pocos.

- Como en cualquier otro país –matiza una estudiante de Filología española.

Primera lección: Nunca hagas que un persa se sienta atacado o cuestionado.
Segunda lección: El carácter persa tiende a la calma y no le gusta expresar su nerviosismo.

Dicen que no les da miedo lo que pueda pasar, pero muchos están preparando su salida del país y me preguntan sobre visados.

- ¿Crees que me darían uno en Australia? –me sorprende el informático.

Tiene un plan. Igual que la muchacha pluriempleada de Isfahán y buena parte de los jóvenes de su edad, que cuentan los meses que les quedan para irse del país. También es el caso de una joven periodista de veintiún años que ha dejado de serlo porque no le dejaban “contar la verdad”:

- Ascender tampoco es fácil siendo mujer -añade.
- En España tampoco hay mujeres dirigiendo grandes periódicos -le cuento en pleno momento de comunión feminista.
- ¿De veras?

Aproveché el momento para preguntarle por todas aquellas mujeres de más de cincuenta años que fuman solas sentadas en los bancos de los parques públicos y en las cafeterías de la parte alta de Teherán. Suelen llevar gafas de sol, como las jóvenes más modernas y sofisticadas, y sus pañuelos tienen estampados más vivos de lo habitual. Algunas de ellas lucieron minifalda en los setenta.

- ¿La situación de la mujer ha empeorado con el nuevo presidente?
- No –me contestó la periodista, como la mayoría de las iraníes que entrevisté-. Pero tampoco ha mejorado a pesar de algunas medidas populistas.

Se refiere a la autorización que permite a las mujeres iraníes puedan ir a los campos de fútbol. Pese a todo, lo más probable es que pocas se atrevan a hacerlo. Se arriesgarían demasiado. Tanto como yendo al cine solas, una diversión que puede convertirse en una mala experiencia para quienes no van acompañada de sus maridos o de algún familiar. Demasiada tensión sexual en un país en el que las mujeres se sientan en la parte trasera del autobús para evitar tocamientos. En las paradas, hay una cola para cada sexo. Una entrada distinta en los aeropuertos. Y en la pantalla de muchos móviles masculinos, modelos ligeritas de ropa que se contonean cuando suena el ring.

- Jamás me podría casar con un persa –afirma, contundente, la joven periodista.

La idea tampoco resulta atractiva para una guía turística, preocupada por el descenso de visitantes en los últimos tiempos. Tiene 31 años y es soltera, pero también ella tiene un plan.

- Me voy a casar porque quiero tener hijos. Si no, seguiría viviendo mi vida sin ataduras.

La guía, como muchas mujeres de su edad, se ha operado la nariz. Las persas del siglo XXI prefieren tenerlas respingonas y se pasean, sin reparos, con las vendas del postoperatorio por las calles de sus ciudades. También su maquillaje es ostentoso. Al reparar en su vestimenta se pueden detectar tobilleras, uñas pintadas y algunas sandalias “provocativas”.

- Nuestro presidente dice muchas tonterías y hace algunas locuras como lo de las caricaturas del Holocausto, pero no se mete con nosotras –asegura la guía-. Otra cosa son algunos líderes religiosos a los que no les gusta que las mujeres podamos obtener más derechos. Pero el presidente ha dicho que en este país hay cosas más importantes que hacer que vigilar a las mujeres.

Pese a todo, algunas desconfían de ese “talante”. Dicen que Ahmadineyad sabe que no aceptarían un retroceso y se lo harían pagar en las urnas.
Esta licenciada en Historia pertenece al grupo que sigue creyendo que Ahmadineyad tomará medidas para paliar la pobreza. Muchos lo hicieron al principio. Su promesa de ayudas económicas a los jóvenes para poder casarse también fue muy bien recibida.

- Pero sólo te alcanza para el primer año. ¿Y luego qué? –ironiza el ingeniero enamorado que no ve el momento de tener casa propia.

A diferencia de la guía, él es de los que, según su propia y personalísima estadística, está en contra del presidente “como el 90% de la población”.

- Ese porcentaje parece algo exagerado –le digo-. Alguien debió votarle el año pasado.
- Ha hecho demasiadas tonterías últimamente –razona-. Está perjudicando la imagen de Irán en el mundo y eso no es bueno.

En este tema hay unanimidad: Temen que el mundo vea a Irán como a un “monstruo” o “un nido de terroristas”. Los iraníes detestan la imagen que los medios occidentales dibujan de su país. Dicen sentirse maltratados y manipulados.

- Lo vemos en los canales internacionales. Más de la mitad de lo que dicen de nosotros es mentira.
- Sí, tenemos parabólicas y móviles y ordenadores y tiendas bonitas y buenas carreteras.
- En Irán se vive mejor que en de la Europa del Este, por eso no sé dónde ir. En los países donde me darían un visado hay menos calidad de vida que aquí.
- Seguro que pensabas que íbamos en camello –bromeó la joven periodista.
La referencia a los camellos es constante. Más difícil es que te justifiquen por qué necesitan tanta energía.

- Ahora aún no tenemos problemas, pero en el futuro sí los tendremos –explica un comerciante en el bazar de Shiraz que está aprendiendo español gracias al Canal 24 de TVE.

Por el momento su principal preocupación es que los turistas no dejen de visitar Persépolis. Las ruinas andan más solitarias que nunca. Los vendedores de alfombras de Isfahan también lo notan. Ya apenas si tienen ocasión de practicar su español básico, me explicó un veintañero con pintas de gustarle el hip hop. Y las chicas.

- ¿Por qué no sois más solidarios con ellas? –le pregunté-.
- Nosotros también sufrimos la situación. Es extraño no poder hablar con ellas hasta que decidimos casarnos. Pero es así. Una sola persona no puede cambiar nada.
- ¿Y muchas juntas?
- Sería complicado. En este país hace poco que sufrimos una guerra muy larga en la que murieron muchos jóvenes. No queremos problemas.

Todo lo más escuchar Metallica de vez en cuando y a escondidas. La universitaria de Isfahan prefiere Enrique Iglesias. Se sabe todas sus canciones y no entiende que yo desconozca la mejor de todas ellas: “Escape”.


Publicado por magda 01:44 AM | Comentarios (1)

Junio 16, 2006

Desclasificados
En blanco

Sigo buscando el momento ideal para volver al blog de un modo regular, pero últimamente estoy viajando mucho. El lunes que viene, por ejemplo, la fotógrafa Tatiana Donoso y yo nos vamos a Senegal y Mauritania durante tres semanas con una beca de la Fundación Norte para llevar a cabo una vieja idea.

Y, sí, echo de menos el blog, incluso mucho, pero desaparecer durante unas semanas me ha evitado tener que estar todo el día comentando las lindezas de nuestros políticos. Pese a todo, ha habido muchos días en los que he estado a punto de lanzarme al ordenador a chillar electrónicamente. El pasado lunes fue uno de ellos, difícil permanecer en silencio tras conocer la última expresión inventada por la Administración estadounidense, "guerra asimétrica", para referirse a los suicidios de los presos de Guantánamo. Por más vueltas que le doy sigo sin entender el significado de "asimétrico". Imagino que matar a alguien con un misil debe ser algo mucho más geométrico.

En fin... Esa Administración, como buena parte de nuestros políticos, está utilizando el método de propaganda tan bien diseñado por Goebbels. Con ello no les estoy llamando nazis, que lo de la "mentira mil veces repetida" convertida en verdad es, desgraciadamente, patrimonio de la humanidad. Un amigo me recordaba ayer los principios de este propagandista. Los copio a continuación directamente desde la Wikipedia. Vale la pena leerlos cuidadosamente y establecer paralelismos.

Los principios de la propaganda

Goebbels era un genio de la propaganda. Unos famosos principios impulsaron su trabajo. Todavía son usados hoy en día como herramienta propagandística. Son estos:

1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.

2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan".

4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5. Principio de la vulgarización. "Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar".

6. Principio de orquestación. "La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas". De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad".

7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10. Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer mucha gente que se piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.

Y, llegados a este punto, ya estoy como la última vez que fui a votar, así que el próximo domingo volveré a hacerlo en blanco. No se me ocurre mejor manera de expresar mi rechazo a la clase política catalana (y española) y a toda la serie de mentiras y disfraces que han perpetrado en los últimos tiempos. Han convertido el proceso de elaboración del Estatut en una pesadilla y han rematado la faena con una serie de puñaladas traperas entre sí, berrinches y salidas de tono. Incluso los eslogans son delirantes. Surrealista ver cómo ERC opta por una variante del famoso "ara no toca" de Pujol y el PP se permite parafrasear a Raimon con un "digues no".

Publicado por magda 03:36 PM | Comentarios (5)