Marzo 12, 2011
Medios de comunicación
Entre Japón y Portugal
Incluso la canciller alemana Angela Merkel parece haberlo visto claro: "Lo ocurrido en Japón es un aviso para el mundo". Horas después de sufrir un terremoto y un tsunami, los japoneses, que ya sufrieron los efectos de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, vuelven a experimentar en primera persona el miedo a la catástrofe nuclear. Por desgracia, los políticos suelen olvidar con rapidez y la ciudadanía acostumbra a pedirles poco.
Sin embargo, en esta parte del mundo, los portugueses se han echado hoy a las calles a protestar. Más de 200.000 personas en Lisboa y 60.000 en Oporto se han manifestado contra la precariedad. Respondían a la convocatoria de cuatro jóvenes a través de una red social.
Hace unos días, Isaac Rosa hablaba de la revolución pacífica de Islandia. Y de los motivos por los cuales allí no hay corresponsales.
Las revoluciones son siempre muy fotogénicas, y ahora incluso se retransmiten en directo. Ahí tenemos el caso de Egipto, cuya lucha contra Mubarak hemos visto en tiempo real, con decenas de corresponsales sobre el terreno; y lo mismo pasaría en Libia si Gadafi permitiera la entrada de periodistas.
Pero las revoluciones quedan bien en la tele si son violentas. Si no hay manifestaciones tumultuosas, barricadas ardiendo, pedradas y gente con la cabeza abierta, no hay mucho que ver. Debe de ser por eso que no tenemos corresponsales en Islandia, y hasta ahora ningún telediario ha conectado en directo con las calles de Reikiavik, ni en los periódicos hay infografías diarias sobre este pequeño país del norte de Europa.
Decir “revolución pacífica” suena a oxímoron, y muchos dirán que no es posible, que es otra cosa. Pero los islandeses están protagonizando lo más parecido a una revolución que hemos visto en esta parte del mundo en mucho tiempo, y por aquí apenas nos hemos enterado. Seguramente porque las mediáticas revueltas árabes no tienen riesgo de contagio en Europa, mientras que la movilización islandesa puede darnos ideas peligrosas (...).
La expresión "efecto mariposa" se usa a menudo para hablar de la Bolsa. Pero también es cada vez más utilizada para explicar las consecuencias del cambio climático. Su origen parece ser un proverbio chino que afirma que "el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo". Otra versión, que hoy suena demasiado cruel, sostiene que "el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo". Hay quien ha empezado a aplicarla para explicar cómo el simple click de un mensaje enviado desde un ordenador personal puede lograr que miles de personas se echen a la calle para exigir que se respeten sus derechos.
Publicado por magda 11:20 PM | Comentarios (3)
Medios de comunicación
Repsol en Alaska (I parte)
La multinacional española Repsol ha llegado a un acuerdo con varias compañías estadounidenses para buscar yacimientos de petróleo en Alaska. La noticia es motivo de celebración para la empresa y para la mayoría de los medios de comunicación, que desde el pasado 7 de marzo se han limitado a informar sobre ello como si transmitieran una nota de un gabinete de prensa, sin más.
No he encontrado textos en los que se contextualice esta información. Echo de menos un párrafo, aunque sea breve, en el que se recuerde la historia de la lucha de las grandes compañías petroleras por conseguir que Alaska deje de ser un espacio protegido y poder explotarlo libremente. ¿Será que es una buena noticia para algunos y ni buscan otras fuentes, aprovechando el temor a las restricciones a causa de la guerra en Libia? ¿Tendrá que ver con el miedo de algunos a que las limitaciones de velocidad a 110 km no sean temporales? ¿O estará relacionado con la crisis de los medios, que han visto cómo caían los ingresos por publicidad? Por suerte, hay empresas que siguen pagando páginas completas.
En cualquier caso, recomiendo ir a la hemeroteca de esos mismos medios de comunicación para ver el cambio de sus puntos de vista. Hace sólo tres años, buena parte de ellos ponía el grito en el cielo cuando George Bush, hijo, decidió abrir la veda en Alaska.
Fueron mucho menos críticos con Obama cuando, en marzo del año pasado, remató la faena de sus antecesores, esa saga de empresarios vinculados al petróleo, y renunció a su planteamiento inicial para satisfacer a la demanda de los republicanos de lograr la denominada "autosuficiencia energética". Para entonces Repsol estaba ya en posición de salida.
A continuación, reproduzco un párrafo muy ilustrativo de ese tipo de lenguaje, publicado en El Economista en enero de 2010:
Repsol está dispuesta a buscar petróleo en Alaska, pero tendrá que esperar al menos cuatro años para poder hacerlo, por culpa de los problemas burocráticos que está provocando la decisión de la Administración Obama de congelar la exploración de crudo en esa zona.
Más adelante, acusa a EEUU de tener una “enrevesada” Administración. Curioso vocabulario (“tendrá que esperar”, “por culpa de”, etc).
Ahora, más que nunca, recomiendo ver “También la lluvia”, de Iciar Bollaín, antes de que desaparezca definitivamente de las carteleras.
Publicado por magda 12:29 PM | Comentarios (1)
Evitar un desahucio

A continuación, enlazo un comunicado de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que pide apoyo para evitar mañana el desahucio de una familia en Montcada. La foto de arriba pertenece a su web. En ella se ve el amplio despliegue policial para llevar a cabo uno de los últimos desalojos denunciados por esta asociación.
Para saber más sobre los datos reales de desahucios y ejecuciones hipotecarias en Cataluña (con datos sobre todas las comunidades autónomas), se puede consultar, entre otros, la web del Observatori DESC (Derechos económicos, sociales y culturales).
Publicado por magda 09:54 PM | Comentarios (0) | TrackBack
Activismo y derechos humanos
Indignación de una ciudadana con cáncer ante los recortes en la Sanidad pública
Magda Bandera // 2 de marzo de 2011
Sé que tengo cáncer de mama desde hace cinco meses. Todo va bien y el tumor reaccionó a la medicación satisfactoriamente desde el primer momento. Pero todo podría ser mucho más sencillo ahora si me lo hubieran detectado 10 meses antes, cuando fui a hacerme una ecografía para controlar mis quistes. Desde entonces, he acudido a tres médicos más -en total, dos privados y dos de la Sanidad pública-, porque sabía que algo no funcionaba bien. Su respuesta siempre fue que me tocaba sufrir, “los quistes son así”, y vieron innecesaria –o cara- hacerme una mamografía. Un cúmulo de negligencias y listas de espera, y supongo que una dosis de mala suerte, ha hecho que mi cáncer llegara a ser “localmente avanzado”.
Pero el momento clave fue julio del año pasado, cuando descubrí que tenía un ganglio axilar muy inflamado y corrí al médico de la Seguridad Social. Según el facultativo que me atendió, era “probablemente benigno”. Ante mi insistencia, encargó una ecografía que debían hacerme cuatro meses después, maldita lista de espera. “Te la harán cuando probablemente ya no lo tengas”, predijo el doctor.
Uxue Barkos anunciaba el lunes que debe retirarse de la vida pública para superar el cáncer de mama que padece. La semana pasada fue Esperanza Aguirre. De repente, al oírlas, todo se remueve. Es un sentimiento de solidaridad inmediato y muy profundo. Los primeros días que siguieron a mi diagnóstico solía pensar a menudo cuando veía a alguna chica joven “por favor, que no te pase, que no te pase”. Es la misma fuerza que siento cuando voy a quimioterapia.
Hasta ahora, no sabía nada sobre esas sondas que te inyectan en el cuerpo. Una bolsa tras otra. No las había visto jamás y a fecha de hoy desconozco cuánto cuestan. Bromeo diciendo que deben de ponerle droga, porque siempre estoy ansiosa por recibir cada nuevo “chute”. Desde el principio, pude ver cómo, día tras día, se reducía mi tumor. El mismo que durante el verano, después de mi visita a propósito del ganglio afectado por el cáncer, creció hasta hacerse enorme.
Finalmente, acudí a Urgencias el 8 de octubre y ahí empecé a tener algo de buena suerte: encontré a alguien que hacía bien su trabajo y no me obligaba a esperar más. Me atendió mi doctor perfecto, Xavier Encinas, quien aceleró todo el proceso en cuanto vio mi inflamación. Consiguió incluso que el laboratorio, que iba a cerrar por el puente del 12 de octubre, pusiera en marcha un viernes a mediodía (“a última hora de su jornada laboral”) el proceso para analizar la biopsia.
Por eso escribo hoy. Soy periodista y prefiero evitar la primera persona en mis textos. Llevo meses dándole vueltas a abrir un blog con informaciones sobre el cáncer de mama. He estado a punto de colgarlas muchas veces, pero me vencía la emoción. Hoy es otra cosa. Hoy me mueve la indignación, como diría Stephane Hessel, y no escribo ni como periodista ni como enferma de cáncer, sino como una ciudadana que desde siempre cree en la educación y la sanidad públicas.
Una ciudadana que hoy ha sentido rabia de veras por primera vez desde que enfermó al oír que el conseller de Salut de la Generalitat de Catalunya, Boi Ruiz –antiguo jefe de la patronal de los hospitales-, ha decidido que los quirófanos cierren por la tarde. Ayer la noticia era que acaba de eliminar el compromiso de que las listas de espera para las operaciones no sobrepasen los 180 días. Sus recortes también afectarán a los medicamentos más caros y el catálogo de servicios no incluirá ningún fármaco ni prestación nueva si no hay presupuesto. ¿Anunció esa barbaridad Artur Mas durante su campaña electoral? Yo jamás se lo oí decir.
Ya tengo asignada fecha para mi operación y ahora mismo llevo más del 60% de las sesiones de quimioterapia previstas inicialmente. Si todo va bien, debería de haber superado el 50% del tratamiento total. Los porcentajes, los dichosos pronósticos, son muy importantes para alguien que tiene cáncer. A menudo los traducimos en esperanza. Es una multiplicación infernal que no conduce a nada, por eso la evito. Pero sí hay otros números que no quiero obviar: los del presupuesto que cada gobierno destina a la Sanidad pública. El catalán ha confirmado que reducirá el suyo en un 10%, mil millones de euros.
En su nota de prensa, critica además que entre los años 2003 y 2010 los presupuestos de salud de Catalunya crecieran en un 76,5%. Pero el gobierno conservador de Mas no es la excepción.
Nos sublevan los controladores aéreos, contribuimos a la criminalización de los funcionarios y perdemos el tiempo “espiando” a los medios de comunicación neoliberales. Pero no hacemos nada por defender lo que es de todos y pagamos entre todos, incluido los millones de españoles que ahora están en paro. Nos creemos a pies juntillas que tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, pero lo cierto es que hasta ahora sólo tenemos cubiertos los mínimos. Y la cosa va a empeorar mucho.
En estos momentos, por ejemplo, la Seguridad Social no ofrece, en la inmensa mayoría de los casos, la atención psicológica necesaria para afrontar una noticia de tal impacto ni para afrontar la dureza del tratamiento. Tampoco especialistas en nutrición para los enfermos de cáncer. Yo he tenido que buscarlo y pagarlo por mi cuenta y, gracias a esa asistencia, estoy minimizando los efectos secundarios de la quimioterapia a corto y medio plazo, y he aprendido qué alimentos son adecuados para luchar contra esta enfermedad. Pronto buscaré el modo de hacer públicas todas esas “recetas”.
Por desgracia, en nuestro sistema, psicología y nutrición pueden considerarse “lujos”. Lo que ya no es comprensible es que, en buena parte de los hospitales, como en el mío durante todos estos meses, no exista la figura del cirujano plástico para los casos que requieren una reconstrucción tras la extirpación de una mama. Cuando pregunté por todos los servicios disponibles, me dijeron que había “recortes”. A veces, esas operaciones llegan a tardar varios años cuando se derivan a otro centro, “hasta seis”. Al oírlo, no di crédito, pero no reaccioné. Durante los primeros meses apenas si he podido hacer otra cosa que concentrarme en lo que yo llamo “producir células buenas” como una tricotosa y cuidarme.
Durante todo este tiempo, apenas nunca he usado la palabra lucha. Ni enemigo, ni bicho, ni todo ese léxico bélico que acompaña a esta enfermedad mortal. Asumo que mis células se han vuelto locas y hay que poner cordura. Sin rencor ni rabia por los errores médicos que han cometido conmigo. He tenido bajones y llanteras, pero hasta ahora ninguno me ha paralizado. Desde que comprobamos que no había metástasis (por los pelos) y mi médico pronunció la frase “eso es importante para tu futuro”, supe que tenía que descansar y disfrutar más que nunca.
Por suerte, yo he podido hacerlo, porque desde hace más de tres años no soy autónoma. Tengo un contrato de trabajo que me permite estar de baja hasta curarme y mi empresa paga el 100% de mi salario. Pero soy plenamente consciente de que vivo en el país de los mileuristas y del 20% de la población en paro. Tampoco olvido que cuando era free-lance tuve una hepatitis A que me obligaba a escribir artículos a pesar de tener los ojos amarillos como patatas y el cuerpo agotado.
Dicen que el cáncer te cambia y probablemente lo sabré dentro de algún tiempo, porque estoy decidida a salir de ésta. En cualquier caso, lo que noto es que me está radicalizando. No me da miedo usar esa palabra. Desde que empezó mi desfile por aparatos de diagnóstico de última tecnología –¿hasta qué punto afectarán los recortes diseñados por los políticos con mutua privada a la adquisición de esas máquinas?-, más convencida estoy de que debemos ser más activos que nunca y decir “no” a muchas cosas. La pasividad ante la pérdida de derechos sociales y económicos es una de ellas. Estamos obligados a “indignarnos”, a reclamar a qué queremos que se destinen nuestros impuestos, más allá de la casilla de la Iglesia. ¿Por qué nadie plantea el debate de los presupuestos participativos?
Puedo perdonar los errores médicos pero no las listas de espera que crecerán en el futuro. Tampoco las declaraciones del vicepresidente primero del Gobierno español. Hace unas semanas, Alfredo Pérez Rubalcaba se atrevió a justificar la adopción de las medidas neoliberales de su gobierno diciendo que la austeridad “son las becas, las pensiones, las camas de los hospitales y las resonancias magnéticas del mañana”.
Con eso no se juega. Las listas de espera matan muchas esperanzas. De vida.
Publicado por magda 10:38 PM | Comentarios (19)


