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La música y el cine comercial español han incorporado en los últimos meses mensajes sociales o políticos. Sin imagen de rebeldes, autores o cineastas apuestan por la reivindicación Publicado en:
La Vanguardia, 3 de agosto de 2003
Acceder a la noticia (Requiere ser suscriptor a la edición on-line de La Vanguardia) Magda Bandera | 03-08-03 Es más que previsible que cuando el disco de Sanz salga a la venta el próximo 2 de septiembre se sitúe rápidamente en los primeros puestos de las listas, donde esta semana se encuentran en segunda posición Las Niñas. Su Ojú, que fue vetado en TVE después de analizar la letra con detalle, critica al presidente de Estados Unidos (ojú, el Bush mosqueao), el corralito de Argentina, el escándalo económico (Gescartera, gescartero) y, sobre todo, la invasión de Iraq con un contundente Decimos, no, no a la guerra que la guerra es mu perra. Estrofas de compromisoPero si este último verso se ha convertido en una de las frases más repetidas entre los adolescentes que se identifican con su sonido fresco y desenfadado, no lo es menos una estrofa que resume escuetamente el hartazgo sobre la situación social e internacional y cuya denuncia impregna el trabajo de muchos artistas en los últimos meses: Que mira que la peña está que revienta / desde Madrid a París / desde Cai a Pekín. El mundo va mal, chilla al público Marina, la carismática vocalista de Ojos de Brujo. Antes de entonar su Ná en la nevera aclara que no canta al frigorífico por gusto, ni porque se le haya olvidado llenarlo, sino porque no tiene plata a su vera, ni moneíllas, ni calderilla. Sobre el escenario, este grupo, que autogestiona sus discos, también hace alusiones a la especulación inmobiliaria, a los problemas de los emigrantes, a la política exterior estadounidense. Algunas de estas referencias aparecen en las canciones de La Mala Rodríguez, una sevillana de 24 años que ha saltado de los circuitos del hip hop a las listas de superventas con una canción que habla de una niña que vivía en el barrio de La Paz. El hip hop había tenido hasta hace poco un público reducido, pero ahora sirve de base al mismísimo Alejandro Sanz, quien lo ha introducido en su último disco. Aderezado con rap, rumba, ritmos latinos y, sobre todo, mucho flamenqueo, está presente en Ojos de Brujo y Las Niñas, y en los también inclasificables Dusminguet y Amparanoia, entre otros. Cada cual con su fórmula. El mestizaje, que tan popular y comercial se hizo con Manu Chao, se aplica también a las letras y al compromiso, que aparece colateralmente y con más o menos fuerza o sutileza según los artistas. En algunos caso, como Piratas, puede tratarse directamente en títulos tan explícitos como Globalizatione capitalistica o Dinero, o integrado en una canción de amor como hace La Cabra Mecánica en la popular Lista de la compra al decir Qué bonito el mar, cuando lo miro a tu lado / olvido las pateras, las mareas negras, los alijos incautados. / Las playas donde se dejan morir las ballenas, este infumable plato combinado. La banda de El Lichis había sido algo más contundente en su anterior disco al asegurar que no distinguía entre la noche y el día, trabajando de peón de albañilería / construyendo adosados en el aire / alguien especula con mi espacio urbanizable. Lo realmente nuevo no es que grupos como Sociedad Alkoholika, Los Suaves o Rosendo critiquen el capitalismo en sus canciones; siempre ha habido un público para ese tipo de grupos. La novedad radica en que gente muy joven que está triunfando incluye este tipo de críticas en sus letras y ves que a la peña le gusta escucharlas, que no todo es decir Corazón latino veinte veces por minuto, asegura Robert, un treintañero incondicional de Leño y fan de Ojos de Brujo que ve positivo que Lenny Kravitz se una a un músico iraquí para protestar contra la guerra y que Maná esté en la lista de Los 40 Principales con Justicia, tierra y libertad. Hay una tendencia creciente a tratar este tipo de cuestiones tras años en los que no había espacio para la diversidad y lo social, asegura Cristina del Valle, la cantante del grupo pop Amistades Peligrosas, quien acaba de reaparecer en el panorama musical con La larga espera, un tema y un videoclip dedicados al pueblo saharaui. En los últimos años la música ha estado asfixiada, las listas de éxitos han sido ocupadas por lo más comercial y por Operación Triunfo, pero ahora aparecen grupos que llegan con alternativas. Son gente que busca estrategias para denunciar situaciones e injusticias, pero no son rebeldes como los de antes, añade Del Valle. Amistades Peligrosas, como esas nuevas propuestas, no son fáciles de clasificar, porque no sólo hacen canción social, sino que son más abiertos y también cantan sobre otras cosas. Nuestra táctica para denunciar el incumplimiento de los
acuerdos de la comunidad internacional con el pueblo saharaui es acercarlo
a los más jóvenes popularizándolo con una canción,
agrega la artista que, junto a Alberto Comesaña, convirtió
en éxito de ventas El pecado de ser africanos en Madrid.
Anorexia y precariedadTampoco las chicas de Papá Levante pueden ser consideradas autoras comprometidas según el modelo tradicional, pero en su último CD han incluido una canción protesta, Gorda. Sin renunciar a su estilo ni a interpretar letras más superficiales a continuación, las seis chicas que hace dos años triunfaron con el pegadizo Me pongo colorada luchan contra la anorexia denunciando la presión de los anuncios prêt-à-porter que dejan a las chicas mirando cara a la pared. Precisamente, la insatisfacción de una adolescente es el tema principal de El regalo de Silvia, el primer largometraje de Dionisio Pérez Galindo, estrenado hace unos días. En esta película, una joven música (papel que interpreta Bárbara Goenaga) decide suicidarse para donar sus órganos a otras personas y así dar un sentido a su existencia. El receptor del corazón verá pronto cómo mejora su calidad de vida tras conseguir un trabajo, pero poco después se verá obligado a despedir a sus compañeros. El personaje, interpretado por Luis Tosar ganador este año de un Goya al mejor actor de reparto por su trabajo en Los lunes al sol, sirve a Pérez Galindo para tratar el tema de la precariedad laboral, aunque éste es sólo uno de los muchos que se exponen en el filme. Creo que nadie se plantea voy a hacer cine social, pero sí es cierto que en la actualidad hay unas corrientes, una sensibilidad de la gente y unas preocupaciones que surgen a la hora de escribir, reflexiona el autor de El regalo de Silvia, quien reconoce detrás de este fenómeno la influencia de Ken Loach (Tierra y libertad) y del éxito del cine inglés en España. Pero sobre todo es un fenómeno que nace de la insatisfacción de la gente. Desde que cayó el Muro de Berlín se han ido perdiendo ideales y muchos se han quedado sin un lugar donde agarrarse, añade Pérez Galindo. Estas nuevas fórmulas pueden ser ese lugar para artistas como él, concentrado en estos momentos en un nuevo guión en el que también se toca un tema de carácter social a través de un personaje comprometido. El cine español vive una situación similar a la que se da en el terreno musical. Así, algunos directores como Miguel Albaladejo ambientan sus películas en lugares de exclusión social como los barrios que aparecen en La primera noche de mi vida, El cielo abierto o el Carabanchel de Manolito Gafotas, mientras que otros como Fernando León de Aranoa lo hacen directamente e incluso titulan Barrio a uno de sus principales éxitos. Pero sin duda Los lunes al sol ha sido la película que le ha valido al joven director madrileño la comparación con Ken Loach. Esta cinta, centrada en el drama del paro, no fue la única de esta temática premiada en los últimos Goya. También lo fue El efecto Iguazú, documental dirigido por Pere Joan Ventura que recogió las vivencias de los trabajadores de Sintel durante su acampada en el centro de Madrid. Otra cuestión que despierta gran alarma social y que empieza a reflejarse en las pantallas españolas son los malos tratos, como lo demuestran la reciente Solo mía protagonizada por Paz Vega y Sergi López, y dirigida por Javier Balaguer, Solas el aplaudido debut de Benito Zambrano y la última película de Iciar Bollaín, Te doy mis ojos, que se estrenará el próximo otoño. La también actriz Iciar Bollain ya había destacado como directora con Flores de otro mundo, una cinta de 1999 en la que un grupo de mujeres emigrantes se casaba por conveniencia con los solteros de un pequeño pueblo. El tema de la emigración viene siendo tratado desde hace años en el cine en películas como Las cartas de Alou, de Montxo Armendáriz, Bwana, de Imanol Uribe, o la más reciente Poniente, donde Chus Gutiérrez retrataba un conflicto similar al que tuvo lugar en El Ejido en el año 2000. Sin embargo, ahora es cada vez más frecuente como tema secundario. Así, la problemática de los sin papeles era una más de las varias historias que se entremezclaban en Canícula (de Álvaro García-Capelo) y en el documental En construcción, de José Luis Guerín. Abdel Aziz, el poeta marroquí que trabajaba de albañil en este último largometraje interpretándose a sí mismo, cree que en el futuro se rodarán más historias sobre emigración porque hay una mayor sensibilidad al respecto, pero también porque la inmigración se está arraigando y empieza a tener una influencia positiva al respecto. Un ejemplo es que cada vez hay más actores marroquíes en cine y teatro, y también más iniciativas. Derechos en la pantallaUno de los proyectos más interesantes en este sentido es la celebración del I Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos, que se celebrará en Barcelona del 23 al 31 de octubre. Durante estos días se exhibirán noventa películas, para las cuales su directora, Concha Pinós, cree que hay un público que no deja de aumentar. La prueba es que hicimos una convocatoria y en seguida nos contestaron quinientos jóvenes que querían colaborar. Las obras que se proyectarán en el festival barcelonés afrontan el tema de los derechos humanos y el compromiso de manera frontal. Nosotros creemos que las películas pueden cambiar el mundo, por eso todas las que se verán en Barcelona son documentos sociales que destapan realidades, pero no sólo muestran, sino que también invitan a la acción. En esta línea, Pinós destaca Señorita extraviada, el documental de Lourdes Portillo sobre las mujeres mexicanas asesinadas en Juárez, y En el mundo, la cinta sobre la inmigración firmada por Michael Winterbottom, ganadora de un Oso en el último festival de Berlín. |