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OBESIDAD EN ESTADOS UNIDOS "Supersize" significa "tamaño súper o extragrande". La expresión "Supersize me" es algo más complicada de traducir, pero fácil de entender para cualquiera que haya oído hablar del documental que con este título se estrenó en Estados Unidos el pasado mes de mayo.
Publicado en:
La Vanguardia Magazine, 5 de septiembre de 2004
Magda Bandera | 05-09-04 Pese a estas consecuencias negativas, el director que se sometió
al "supersizing" se declara satisfecho en su página
personal, en la que informa de todas las cuestiones relacionadas con
la película y la industria del fast-food o comida rápida.
Considera que su denuncia puede ser útil para ese 61% de la población
estadounidense que sufre sobrepeso. Uno de cada tres norteamericanos sufre,
además, una obesidad peligrosa para su salud. Entre los enlaces y artículos archivados en la web de Spurlock,
destacan las distintas respuestas de McDonald's a los consumidores que
le piden hacer más sanos sus menús e informar sobre los
ingredientes que utiliza para elaborar sus productos. Recientemente, la
compañía de comida rápida más famosa del mundo
ha anunciado la eliminación de las porciones "supersize".
La dirección de McDonald's niega que su decisión tenga algo
que ver con la película. En cualquier caso, las tesis mostradas en el filme de Spurlock no son en absoluto revolucionarias. Además de numerosos estudios médicos, Erich Schlosser expuso hace un par de años las mismas conclusiones en el libro Fast food. Hace unos meses, el periodista Greg Critser armó bastante revuelo con su libro Fat Land (País gordo. Cómo los norteamericanos se convirtieron en el pueblo más gordo del mundo). Ingredientes dañinosPor su parte, algunos de los abogados que impulsaron la cruzada contra
el tabaco llevan varios meses haciendo otro tanto contra las compañías
cuyos productos culpan de "contribuir" al aumento de la obesidad
en los Estados Unidos. Estos letrados, especializados en Salud Pública,
alegan que los consumidores no pueden imaginar lo dañinos que resultan
para la salud algunos de los ingredientes usados por las empresas de comida
rápida. En la misma línea, argumentan que si variasen los
procesos de elaboración y utilizasen otro tipo de ingredientes
las consecuencias negativas se reducirían considerablemente. En
otras palabras, si las patatas de un local de comida rápida no
se frieran con aceites baratos serían mucho más sanas. Algunos de los líderes de esta nueva batalla van un paso más
allá y aseguran que este tipo de grasas y azúcares tienen
un componente "adictivo". Del mismo modo en que se ha comprobado
que la simple visión de una gran cantidad de comida incita a comer
más de lo habitual, algunos expertos afirman que el sabor dulce
e intenso de algunas grasas resulta adictivo para muchas personas. En
cualquier caso, lo cierto es que alguien acostumbrado a estos sabores
tendrá dificultades para "reeducar" su paladar. El autor de Fat Land estudiaba con detalle las consecuencias
de introducir este tipo de ingredientes. Concretamente, Cristser se centraba
en el jarabe de maíz de alta fructosa y el aceite de palma. Ambos
productos empezaron a producirse masivamente a finales de los años
setenta para reducir los costes de producción. Se trababa de un
objetivo de interés nacional en una época en que la inflación
era el principal quebradero de cabeza para las amas de casa. Y también
para sus gobernantes, que temían que se repitieran las manifestaciones
de Houston, organizadas en 1973 por enérgicas mujeres que protestaban
por el elevado precio de la carne. Treinta años despues, Houston es la ciudad del los Estados Unidos
con más obesos por metro cuadrado. Y las personas con más
problemas de peso, aquellas con menor capacidad económica. Si en
el pasado los individuos acaudalados hacían ostentación
de sus prominentes estómagos, hoy se cuidan para mantenerse esbeltos.
Las clases más desfavorecidas lo tienen más difícil. El factor económicoGreg Critser decidió a escribir Fat Land después
de someterse a una cura de adelgazamiento mediante el famoso fármaco
Meridia. No obstante, este periodista
admite que si el logró perder peso fue gracias a su nivel económico
y social. Ser de clase media le permitió "tener un buen médico
que insistía en verle cada dos semanas, acceso a un parque seguro
donde poder caminar y correr, amigos que compartían el valor de
la delgadez, una comida casera y sana que consumía junto a su mujer,
libros sobre salud y revistas médicas con los últimos avances
sobre nutrición. Y dinero. Y tiempo", añade. Otro estudio, también citado por Critser, llegó a conclusiones
parecidas. Doce mil adultos obesos fueron analizados por los llamados
"centros para el control de las enfermedades". Menos de la mitad
habían sido aconsejados por sus médicos para que adelgazaran.
El dato "curioso" recogido por Critser es que la probabilidad
de recibir tal recomendación era muchísimo más grande
entre aquellos que ganaban más de 50.000 $ al año. Esta tesis también ha sido confirmada por la Universidad de California,
que en el 2001 realizó un estudio con 10.000 norteamericanos y
concluyó que la obesidad afectaba especialmente a las mujeres con
problemas económicos. Más del 50% de la población
femenina con dificultades para comprar comida sufría obesidad,
frente al 34% de las mujeres que tenían poder adquisitivo. Las dificultades económicas también se encuentra en la
raíz del "supersizing". David Wallerstein, uno de los
directores de McDonald's, había observado que a la gente que iba
al cine le daba vergüenza comprar dos bolsas de palomitas o dos refrescos,
a pesar de que una sola ración siempre se les quedaba corta. Repetir
les hacía parecer glotones. Cuando Wallerstein empezó a trabajar en McDonald's en los años
setenta, la crisis hacía que los estadounidenses vigilasen hasta
el último penique. Por ello, el directivo concluyó que la
única manera de aumentar las ventas era ofrecer mucha más
cantidad por sólo algo más de dinero. A Wallerstein le costó
convencer a Ray Kroc, el fundador de la cadena de hamburguesas. Finalmente
lo consiguió después de estudiar el comportamiento de quienes
compraban bolsas de patatas fritas y apuraban hasta el último grano
de sal. Como en el caso de las palomitas, la gente se quedaba con ganas
de ingerir más patatas, pero temían parecer "glotones"
si adquirían una segunda "dosis". Incrementar el tamaño de las porciones parecía la solución
más adecuada. A partir de ese momento, la "supersize"
se convertió en la palabra mágica del marketing, explica
Critser. Nacía así uno de los eslogans más efectivos
de la historia: el "más por menos". En todo caso, nadie obliga a nadie a ingerir este tipo de comida, aseguran
quienes se oponen a la cruzada contra la obesidad. "Es un acto de
responsabilidad individual", sostienen. Esta afirmación de
la libertad personal es cuestionada por quienes recuerdan que la publicidad
de las compañías de comida rápida se dirige cada
vez más a los niños. Del mismo modo, recuerdan que en los
colegios puede encontrarse máquinas expendedoras de refrescos edulcorados.
Por si fuera poco, en Estados Unidos el agua mineral embotellada es más
cara que los refrescos de cola. Estos factores explican que el 37% de
los niños americanos tenga problemas con el peso y las grasas,
y el 15% de ellos sea obeso. Hábitos sedentariosEl tipo de alimentación no es el único factor causante
de esta epidemia -en palabras de la Organización Mundial de la
Salud-. El pasado mes de agosto se hizo público un estudio en el
que se insistía en la importancia del diseño urbanístico
de las ciudades. Estas diferencias se explican, principalmente, porque en las urbanizaciones
más dispersas, la gente vive lejos del centro y debe coger el coche
para el más sencillo de los desplazamientos, incluido el trabajo.
Suelen pasarse el día de garaje en garaje, sin apenas caminar.
El coche se ha convertido, además, en uno de los "comedores"
más utilizados por los estadounidenses junto a las oficinas. La
estadística afirma que un norteamericano suele caminar 2.500 pasos
al día. Si se calcula que una persona necesita andar siete horas
para gastar las calorías contenidas en un menú clásico
de McDonald's -un BigMac, una porción grande de patatas y otra
de igual tamaño de refresco de cola-, el drama está servido.
Las dificultades para adelgazar de alguien con hábitos muy arraigados
y el rechazo a ser "discriminado" por razones de peso en una
sociedad en la que estar delgado es vital para "triunfar", ha
provocado que en los últimos años proliferen las asociaciones
de obesos que se reúnen para ayudarse, y para salir y llevar a
cabo actividades de lo más diverso. Entre las recomendaciones que
se hacen unos a otros, abundan las referidas a los problemas en los asientos
de los aviones y automóviles, y los remedios para combatir el calor
y los problemas de sudoración. También se ayudan de múltiples
modos para recuperar la autoestima. Sin embargo, algunos colectivos minoritarios reciben muchas críticas
por aferrarse a su obesidad y convertirla en su esencia. En este sentido,
proponen respuestas a aquellas personas que van al médico por un
problema -como por ejemplo, la mala circulación en las piernas-
y el doctor les recomienda adelgazar: "En ese caso cabe preguntarle
si sólo las personas obesas tienen problemas de circulación.
Si la respuesta es "no", le pediremos que nos recete lo mismo
que a una persona delgada con idéntico trastorno". |