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Solzhenitsin, en el Gulag (1946)ESCLAVOS DE STALIN
La vieja mirada de Solzhenitsin
La reedición de 'Archipiélago Gulag', del Nobel ruso, confirma la recuperación de la memoria histórica sobre la represión estalinista en que abundan otras obras

El comunismo debía acabar con las cárceles burguesas. Quizá por este motivo, algunos intelectuales de izquierdas han optado por considerar el Gulag como un invento exclusivamente estalinista. Sin embargo, Alexander Solszhenitsyn (URSS, 1918) demuestra todo lo contrario en Archipiélago Gulag II.

Publicado en: El Periódico (Libros), 7 de julio de 2005
(Versión íntegra antes de ser editada para su publicación)

Magda Bandera | 07-07-05
'Archipiélago Gulag II"Tal como recoge el Nobel nacido en un pueblo de la actual Ucrania, Lenin ya anunció en diciembre de 1917 -tan sólo dos meses después de la Revolución- los castigos que se aplicarían en el futuro: "confiscación de todos los bienes, reclusión en prisión, envío al frente y a trabajos forzados de todos los que desobedezcan las leyes actuales". Según el especialista en estadística I.A. Kurgánov, la represión, el hambre y el déficit por baja natalidad costaron la vida a más de 66 millones de personas. Solzhenitsin da por buena esta cifra.

Los motivos que llevaron a la creación de tan monstruosa maquinaria represora son variados. Más allá de las purgas políticas y paranoicas, la URSS necesitaba mano de obra para colonizar el Norte. "¿A quién podían enviar a las minas de Dzhezkazgán para que perforaran en seco doce horas al día?", se pregunta Solzhenitsin. "No había máscaras, y cuatro meses después se enviaba al hombre a morir a otra parte con una silicosis irreversible".

Las faraónicas empresas emprendidas por Stalin también exigían mano de obra "barata". La construcción del canal que debía unir los mares Blanco y Báltico fue una de las más ingentes. Además de peones, su fabricación requería peritos hidráulicos y especialistas en regadíos. Muchos de ellos fueron oportunamente detenidos en esas fechas.

Las acusaciones para encarcelar a una persona eran tan "estúpidas" como crueles. Solzhenitsin recuerda a un ciudadano al que le cayeron ocho años de trabajos forzados, acusado de "emborracharse porque odiaba al régimen soviético". Un muchacho hambriento fue condenado a cinco años por robar un puñado de pepinos.

La tala de bosques era un trabajo "en el que podía colocarse a todo el mundo y que no estaba cerrado ni siquiera a los inválidos (a los mancos los enviaban en equipos de tres a aplanar la nieve de medio metro)", escribe Solzhenitsin. El Gulag construyó puentes, vías ferroviarias, casi todos los centros de la industria atómica e incluso ciudades enteras. "Más fácil sería enumerar aquello de lo que nunca se ocuparon los presos: la fabricación de salchichón y de productos de confitería". En cualquier caso, todo se hacía en condiciones climáticas y vitales extremas.

"Esto pasaba en los mejores y más brillantes años veinte, antes de cualquier "culto a la personalidad", cuando las razas blanca, amarilla, negra y aceitunada de la Tierra veían en nuestro país la antorcha de la libertad", denuncia con ironía Solzhenitsin.

Un regimen esclavista

Los prisioneros del Gulag y los siervos eran víctimas de sistemas prácticamente idénticos, organizaciones sociales "de explotación forzosa e implacable del trabajo gratuito de millones de esclavos".
No obstante, los siervos tenían más suerte que los indígenas, opina Solzhenitsin. El terrateniente les inflingía castigos que no le supusieran prejuicio. Si mataba a sus esclavos perdía dinero y días de trabajo. En el Gulag reemplazarlos era gratis.

La expansión

Solzhenitsin compara la multiplicación de campos con una metástasis. Crecieron hasta alcanzar dimensiones que aún hoy son de difícil cuantificación. No lograban autofinanciarse y la falta de recursos hizo que en 1938 se diera la instrucción secreta de reducir el número de presos. Las raciones de comida disminuyeron y el trabajo y los castigos aumentaron. Se anularon los escasos días libres y se obligó a trabajar más allá de los cincuenta grados bajo cero. Como los presos seguían siendo "demasiados", empezaron los fusilamientos masivos.

Los cadáveres

"Al final de la jornada la obra queda sembrada de cadáveres. La nieve cubre levemente sus rostros. Uno se ha acurrucado bajo una carretilla volcada, escondiendo las manos en las mangas, y en esa postura se ha congelado (...)", escribió D.P. Vitkovski, un recluso de Solovkí, citado por Solzhenitsin. Según Vitkovski, "en verano los huesos de los cadáveres que no habían sido recogidos a tiempo pasaban a la hormigonera junto con los cantos rodados.

Las mujeres

En los lager mixtos los presos y las presas solían "subcasarse". Una compañera en el campo "es lo mejor de todo". "Nunca antes la habías conocido ni habías puesto un pie en su tierra, ni ella habla del mismo que los de la tuya. Ella tiene hijos en el exterior que van creciendo, igual que los tuyos. Ella ha dejado atrás un marido que va con otras mujeres, y tú has dejado una esposa".

Pero no todas las mujeres eran amadas por sus compañeros. A menudo eran envidiadas e incluso odiadas, porque podían obtener mayores raciones si complacían a los guardias. Estos las seleccionaban nada más llegar a los campos y después las rondaban con más o menos insistencia hasta lograr su objetivo. Algunas de ellas conseguían de este modo convertirse en "enchufadas" que ocupaban mejores puestos. Otras se ligaban a un hombre sólo para evitar el acoso del resto.

Los embarazos también estuvieron al orden del día hasta que las normas se endurecieron. Los recién nacidos eran separados de sus madres en cuanto dejaban de mamar. Algunas se quedaban preñadas sólo para ser admitidas temporalmente en las "casas de bebés" y así ver a sus hijos mayores durante unas semanas.

Enchufados y chivatos

Según una estadística oficial de 1933, "un veintidós por ciento del número total de indígenas se ocupaba del servicio de los lugares de privación de libertad", recuerda Solzhenitsin. Estos "enchufados" gozaban de privilegios y sus condiciones de vida eran infinitamente mejores que las de sus compañeros. El autor de "Archipiélago Gulag" admite haber sido uno de ellos durante una parte de su cautiverio. "Los enchufados constituyen una parte considerable de los que sobrevivieron y de los que alcanzaron la libertad". Entre los presos políticos, constituyen el 90% de los supervivientes. Los que no se doblegaban murieron casi en su totalidad.

Los chivatos merecen especial atención por parte de Solzhenitsin, quien se queja de que la novela policiaca de su país nunca ha tratado el tema del reclutamiento de delatores. El conoció estos procedimientos de primera mano, ya que intentaron convertirle en uno de ellos en el Gulag. Todo solía comenzar con la pregunta: "¿Es usted un buen soviético? Si es así, debe ayudarnos".

Los escritores

Solzhenitsin también muestra su repulsa por el escritor Maxim Gorki, quien después de visitar un campo en 1929 se deshizo en alabanzas "sobre la asombrosa energía de aquellos hombres", ignorando al muchacho de catorce años que le preguntó si quería que le contara "la verdad". Gorki contestó que sí y el adolescente le explicó durante hora y media cómo les obligaban a dormir en la nieve, entre otras torturas. El autor de La madre hizo oídos sordos y el joven fue asesinado poco después.

En la obra colectiva El canal "Stalin" del mar Blanco al mar Báltico, Gorki y el resto de escritores se dedican a loar la construcción del dictador y silencian las muertes de los trabajadores. Según ellos, nadie falleció durante la construcción. Su manera de probarlo es decir que "cien mil hombres empezaron el canal y cien mil lo terminaron. Por lo tanto, todos están vivos. Sólo omiten los traslados de prisioneros, tragados por la construcción en dos crudos inviernos".

Las ventajas del Gulag

"Los campos estaban calculados y orientados para el envilecimiento", asegura Solzhenitsin. En una prisión cada reo recibe su porción de comida. En el Gulag, a menudo se hacía competir a los presidiarios por un trozo de pan insuficiente para tres personas. Aun así, algunos lograron sacar lo mejor de sí mismos y protagonizaron hechos heroicos.

"En la embriaguez de mis éxitos juveniles me sentía infalible, y por ello fui cruel. En mi exceso de poder, fui homicida y violador. En mis momentos peores, armado con mis mejores argumentos, estaba convencido de actuar bien", se confiesa. En el Gulag también aprendió que "la mentira de todas las revoluciones de la historia es que se limitan a destruir a los agentes del mal que les son contemporáneos, pero el mal mismo, sólo que aumentado, lo reciben como herencia". La URSS acabó con el zar, pero no con los esclavos".

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LA VERGUENZA DE UNA COMUNISTA

'El Vértigo'

El Vertigo"Sólo se dio cuenta de que las cosas no iban bien cuando empezaron a meter en la cárcel a los comunistas. En cambio, cuando se exterminaba a los campesinos rusos, todo le parecía perfectamente normal", dijo el redactor jefe de Novy Mir al leer El vértigo (Galaxia Gutenberg), las memorias de Evgenia Ginzbug (1906-1977).

Esta destacada comunista consideró "injusto" el comentario Su autobiografía constituye un mea culpa constante. Ginzburg, periodista y profesora en la Universidad de Kazan, falleció sin perdonarse por haber vivido ajena a la represión que siguió al asesinato en 1934 del secretario general del PCUS.

"Los efectos de una educación demagógica y el hechizo místico de las consignas del Partido" le hicieron negar aquella maquinaria de terror incluso después de convertirse en una de sus víctimas en 1937. Como muchos de sus conocidos, Ginzburg fue primero apartada de su trabajo sin razón aparente y luego acusada de enemiga del socialismo, trotskista de derechas y cómplice de terrorismo.

Leninista convencida, Ginzburg fue separada de su marido y de sus hijos y encerrada durante meses en una celda donde apenas si podía dar "cinco por tres" pasos. Años después seguía creyendo que todas aquellas detenciones formaban parte de una cadena de errores que pronto serían solventados por los verdaderos comunistas.

Ginzburg pasó dieciocho años en el Gulag talando árboles a 49º bajo cero, viendo cómo los guardias abusaban de sus camaradas presas y cuidando de niños que morían sin que nadie les hubiera enseñado a hablar. Aun así, siempre consideró que la pena no fue suficiente para castigar su lealtad a los dirigentes que provocaron tanto horror.

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EN IMÁGENES

'Gulag'

El periodista polaco Tomasz Kizny (1958) ha recopilado durante quince años más de 550 imágenes del GULAG, cedidas por prisioneros y administradores de los campos. Las fotografías demuestran que el Gulag y el Holocausto tienen muchas similitudes, a pesar de que Occidente ha evitado este tipo de comparación por temor a reconocer que fue aliada de un régimen que causó muchas más muertes que el nazismo. Las declaraciones de los supervivientes y los documentos oficiales recogidos por Kizny suplen este vacío. Aunque sólo parcialmente, ya que las autoridades soviéticas impidieron la existencia de imágenes de los exterminios.

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LA HERENCIA DE LA URSS

'Rusia, experimento con un pueblo' / 'La Rusia de Putin'

Rusia, experimento con un pueblo"La Rusia actual es hija de la URSS", concluye el historiador británico Robert Service en Rusia, experimento con un pueblo (Siglo XXI). Según este biógrafo de Lenin y Stalin, la situación que se vive en la Federación Rusa independiente tiene muchos puntos en común con lo que sucedía en los tiempos de la Unión Soviética.

Así, las profundas desigualdades entre las clases trabajadoras y los "nuevos ricos" no son un fenómeno nuevo para los rusos. Service recuerda que "el salario mensual de Leonid Brézhnev ascendía a 800 rublos, ni siquiera tres veces superior a los ingresos de un conductor de tranvía. Pero los beneficios extraoficiales eran enormes. Los miembros del Politburó tenían chóferes personales y servicio doméstico" y, entre otros, disponían de mansiones exclusivas, tenían acceso a tiendas secretas y podían viajar al extranjero.

Tal vez por eso los rusos ven con malos ojos que algunos de sus vecinos se enriquezcan con métodos ilegales, pero tampoco aprueban que los bienes conseguidos de este modo puedan ser expropiados. Al menos eso era lo que explicaban en una encuesta recogida por Service. El autor comenta muchas otras que le ayudan a describir la "confusión" que, según él, vive en la actualidad el pueblo ruso, desgastado por la guerra, la pobreza, el aumento de la delincuencia e incluso de la brujería.

Las estadísticas también le sirven para acabar con algunos mitos como el de la presunta igualdad de la mujer durante el período soviético. Para empezar, la prostitución siempre existió en la URSS, aunque no fuera visible en sus calles. "En realidad, los hombres vivían a costa de sus mujeres. Se emborrachaban. Muchos de ellos golpeaban a sus esposas. Daban por supuesto que si se producía un embarazo inesperado y no deseado, la mujer debía someterse a un aborto". Los hombres también recibían tratamiento preferencial a la hora de ser promocionados en el trabajo.

La URSS dejó de existir oficialmente el 31 de diciembre de 1991. Boris Yeltsin decidió desmantelarla sin consultar a los ciudadanos. Esta falta de legitimidad ha contribuido a aumentar la añoranza de los rusos, que echan de menos el relativo bienestar del que disfrutaban durante las décadas pasadas. En 1995, el 74% de los habitantes de la Federación Rusa "negaban que la independencia del Estado ruso fuera algo positivo. Recordaban a la URSS con cariño".

La "nostalgia" por un estado fuerte también se explica por el miedo a las represalias que pudieran sufrir los 25 millones de rusos que viven en otras repúblicas. Entre ellos, Chechenia, donde se vive una guerra para la que no estaba preparada la sociedad que sobrevivió al Gulag.

Service dedica buena parte de su obra a analizar las repercusiones de la política de Yeltsin. Incluso estudia su cuidadoso lenguaje de "transición", el modo en que empezó a hablar de "trabajo asalariado" en lugar de "clase trabajadora". Sin embargo, se abstuvo de emplear el controvertido término "capitalismo" y optó por hablar de las bonanzas del "mercado libre".

Otros países como la antigua Checoslovaquia o Polonia tuvieron menos reparos a la hora de celebrar el fin del comunismo. Para ellos, siempre fue una imposición, señala Service. Esta diferencia explica que en la República Democrática de Alemania se llegara a juzgar a Erich Honecker, su ex presidente. En cambio, en la Federación Rusa no hubo purgas, destaca Service. Por el contrario, algunos de los antiguos represores siguieron cómodamente instalados en el poder. Putin, antiguo dirigente del KGB, es un buen ejemplo.

Putin, peor que el comunismo

Precisamente, La Rusia de Putin (Debate) es la nueva obra de Anna Politkovskaya. En esta ocasión, la autora de Terror en Chechenia se centra en describir las prácticas totalitarias de su presidente y sus consecuencias para la sociedad y la vida cotidiana de sus compatriotas. "El comunismo fue algo terrible para Rusia, pero lo que tenemos ahora es todavía peor", escribe.

La periodista de la Novaya Gazeta denuncia el oscurantismo en torno a la acción terrorista de la escuela de Beslán y el modo en que Putin se ha valido de la conmoción general para aprobar, entre otros, una ley por la cual "él mismo se ocupará de presentar las candidaturas a los puestos de gobernadores y los parlamentos locales se limitarán a ratificarlas, sin espacio alguno para la alternativa".

¿Cuál es la situación a la que se enfrenta Rusia después de Beslán?, se pregunta Politkovskaya. "El país que fue ya domesticado con rotundo éxito por las mentiras sobre el teatro Dubrovka, no exige una investigación judicial sobre Beslán". Según la periodista, se le ha concedido al gobierno la oportunidad de "aplastar" una vez más la voluntad popular. Desencantada por la apatía de sus conciudadanos, les anima a actuar porque "volver a esperar que el deshielo venga desde el Kremlin, como en la época de Gorbachov, es ahora estúpido y estéril. Y tampoco Occidente nos ayudará".

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