-
Aires
bajo sospecha
(La Vanguardia Magazine, 26-06-05)
-
La
vieja mirada de Solzhenitsin
(El Periódico Libros, 07-07-05)
-
Profesores:
solos ante la odisea de educar
(La Vanguardia Magazine, 03-04-05)
-
La
escuela más siniestra
(El Periódico Libros, 10-02-05)
-
Con
todo el dolor del 11-M
(La Vanguardia Magazine, 26-12-04)
-
Kosovo:
un pueblo en vigilancia intensiva
(La Vanguardia, 17-10-04)
-
A
vueltas con la custodia compartida
(La Vanguardia Magazine, 17-10-04)
-
'El
espejismo humanitario'
(El Periódico, 07-10-04)
-
Tallas
y vidas gigantes
(La Vanguardia Magazine, 05-09-04)
-
Nuha
al Radi, pintora y autora de 'Los diarios de Bagdad'
(El País, 03-09-04)
-
Anna
Politkovskaya: Mentiras de guerra
(El Periódico, 15-07-04)
-
Pioneras
(La Vanguardia, 09-05-04)
-
"Pásalo",
la palabra que anunció el vuelco
(La Vanguardia, 21-03-04)
-
Club
Bilderberg: los amos del mundo
(Revista Playboy, febrero de 04)
-
Palabras
de amor
(La Vanguardia Magazine, 08-02-04)
-
Michael
Moore y muchos más
(La Vanguardia, 25-01-04)
-
Carta
al nuevo gobierno
(La Vanguardia, 21-12-03)
-
Lolita
y otros dolores
(El Periódico, 31-10-03)
-
Donde
los muertos valen más
(El Periódico, 03-10-03)
-
Canciones
de éxito y de protesta
(La Vanguardia, 03-08-03)
-
A
solas: la nueva vida urbana
(La Vanguardia, 25-05-03)
-
El
sistema nos vigila
(Revista Playboy, abril de 03)
-
Argentinos:
Desde la amargura y la distancia
(La Vanguardia, 27-04-03)
-
Diarios
de guerra en el Belgrado de 1999
(El Periódico - Libros, 21-03-03)
-
Pacifistas:
boicot al conformismo
(La Vanguardia, 23-03-03)
-
La
generación de la paz
(La Vanguardia, 30-03-03)
|
 |
VIOLENCIA
SEXISTA
La tragedia que nadie sabe cómo parar
Las muertes de mujeres a manos de sus compañeros
sentimentales son ya la primera patología de la sociedad española.
Esta es la crónica de la impotencia colectiva ante una vieja lacra
Magda Bandera | 08-02-04
Te doy mis ojos recogió siete premios de la Academia de las
Artes y las Ciencias Cinematográficas hace apenas ocho días.
Desde entonces, tres mujeres han muerto asesinadas por sus maridos en
una de las semanas más dramáticas que se recuerdan. Alicia
Luna, coguionista de la película junto a Icíar Bollaín,
dedicó su premio a las miles de mujeres que sufren malos tratos
en España.
Las cifras sobre la violencia doméstica que barajan administraciones
y entidades de apoyo a las mujeres maltratadas suelen ser parciales e
incompletas. A menudo, simples estimaciones. Pero en todo caso, espectaculares
y sorprendentes por su magnitud. Las organizaciones que trabajan con las
víctimas de los malos tratos en pareja para muchos especialistas
los apelativos de violencia doméstica o sexista no acaban de definir
lo que habitualmente son palizas y chantajes psicológicos
cifran en unos dos millones el número de españolas (aunque
también hay hombres) que viven una auténtica pesadilla en
su relación.
Contabilizarlos con un mínimo de rigor es una tarea imposible,
además de baldía. El goteo, casi diario, de víctimas
mortales; el aluvión de mujeres que, cada vez más, se refugian
en los centros de acogida, y las denuncias cada vez más comunes
en comisarías y juzgados o en los incipientes circuitos de atención
a las víctimas que impulsan las administraciones locales y autonómicas
dan buena cuenta de la magnitud del problema.
Los datos concretos, que los hay, tampoco dejan lugar a un atisbo de
duda. Los maltratos son un problema de primera magnitud en España,
con especial énfasis en algunas comunidades autónomas. La
última macroencuesta que realizó el Instituto
de la Mujer, dependiente del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales,
refleja que en el 2002 cuando se realizó el trabajo
un 11,1% de las españolas eran víctimas de maltratos por
parte de sus parejas (maridos, novios o compañeros). Un porcentaje
escandaloso que crecía en comunidades como Madrid (13,4%), Andalucía
(13,3%) o Extremadura (12,1%). En Catalunya, las maltratadas eran el 9,7%.
El estudio determinó los casos de malos tratos teniendo en cuenta
las respuestas de la encuestadas y estableciendo un criterio técnico
para definir los parámetros de la violencia sexista. Sin embargo,
las cosas cambiaban mucho cuando se preguntaba a las mujeres si se sentían
maltratadas. Atendiendo a sus respuestas, sólo un 4% un porcentaje
nada baladí sufrían maltratos.
Lo alarmante del estudio no queda ahí. La relación de maltratos
y grupos de edad demuestra que el desprecio y la mano ligera
no es un residuo de un machismo trasnochado. Si bien el grupo de mujeres
de 45 a 65 años es el que más sufre la violencia de sus
cónyuges el informe recoge que un 15,1% de estas mujeres
son maltratadas, más de una de cada diez jóvenes de
18 a 29 años (un 10,3%) se encuentran en el triste club de las
agresiones físicas o psíquicas conyugales. En el segmento
de 30 a 44 años, según la encuesta, un 10,4% de las mujeres
viven la misma pesadilla.
Las cifras más concretas, las que sí se pueden contabilizar,
reflejan la cara más agria del problema: son las denuncias de maltratos
que llegan a los cuerpos de seguridad y los juzgados y el rosario de víctimas
mortales atribuidas a este género de violencia. A lo largo del
año pasado, las comisarías de la Policía Nacional
y los cuarteles de la Guardia Civil tramitaron en toda España cerca
de 60.000 denuncias por presuntos delitos o faltas relacionados con los
malos tratos cometidas por cónyuges o antiguos cónyuges,
según datos del Ministerio del Interior.
A esta cifra habría que añadir las que atendieron en el
País Vasco y las provincias de Girona y Lleida la Ertzaintza y
los Mossos d'Esquadra.
En cuanto al número de mujeres y hombres que murieron
a manos de sus parejas a lo largo del año pasado, el Instituto
de la Mujer cifra en 81 las víctimas (68 mujeres y 13 hombres),
si bien sus datos no son coincidentes con los de otros organismos y asociaciones.
Al recoger el Goya, Alicia Luna también criticó que el
Gobierno redujera las ayudas a las casas de acogida. Su frase no era hecha.
Luna se refería a una situación muy concreta, la que atraviesa
el Centro de Recuperación Integral para Mujeres y Niños
Víctimas de Violencia después de ver reducida en 100.000
euros la subvención para este año. Su directora, Ana María
Pérez del Campo, andaba muy liada esta semana escribiéndole
una carta a los obispos y buscando apoyos para evitar el cierre
del centro.
Un centro modélico
Situado en la Comunidad de Madrid,
es el único en toda España que ofrece un tratamiento integral
a las víctimas en el que trabajan conjuntamente psicólogos,
abogados y educadores. A diferencia de los seis meses que pasan las mujeres
en las casas de acogida convencionales, las estancias en el centro duran
aproximadamente unos dieciocho meses. Su prestigio es tal que recibe mujeres
de toda Europa, desde británicas hasta portuguesas.
Se trata de una represalia política, porque estamos diciendo
continuamente que la política colorista del Gobierno no va a acabar
con la violencia sexista. Y lamentablemente las últimas cifras
nos dan la razón, opina Pérez del Campo. Los
planes del Gobierno son paliativos, se limitan a prestar una atención
inmediata a las víctimas, pero las acciones no se pueden quedar
ahí. Así no sólo se erradica la violencia, es que
ni siquiera se contiene. Según la directora del centro, es
imprescindible impulsar un plan integral contra la violencia, porque de
otro modo ocurre lo de siempre, se intenta solucionar un dolor de
cabeza producido por un cáncer con una aspirina. Y el paciente
se muere.
Los hechos demuestran que la política seguida por el Gobierno
no es efectiva. La violencia sexista es un problema muy complejo y por
eso es imprescindible que se incorpore la opinión y la experiencia
de las asociaciones de mujeres que trabajan el tema, afirma Ángeles
Álvarez, portavoz de la Red de Organizaciones Contra la Violencia
de Género. El Instituto de la Mujer no se reúne con
las asociaciones de mujeres, concluye.
Otro gran problema para resolver el problema de la violencia es, según
Álvarez, que el Gobierno apuesta claramente por conceder
los recursos a instituciones religiosas. Sólo hay que mirar el
0,5% del IRPF, que ha sido para grupos vinculados a la Iglesia. Y, concretamente,
en el tema del maltrato hay otras instituciones más adecuadas,
como el modelo que promueve la Federación
de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, responsable del
Centro de Recuperación
Integral. Esta semana la Conferencia
Episcopal ha sido noticia por su polémica pastoral, pero hace
tiempo que las asociaciones venimos señalando que la esencia ideológica
que defiende la Iglesia atenta contra los principios que se tienen que
seguir para que una víctima del maltrato logre recuperarse.
Hace dos días, Jueces
para la Democracia hacía unas declaraciones en el mismo sentido.
Según esta entidad, la Iglesia española ha generado un sentimiento
de culpabilidad en las mujeres víctimas de malos tratos.
Para evitar aumentar el daño psicológico a las víctimas,
Pérez del Campo insiste en la necesidad de impulsar un plan integral
que incluya la formación adecuada de los profesionales que trabajan
con mujeres maltratadas: En la universidad hay que incluir estudios
sobre la violencia sexista. En la actualidad, ni médicos ni abogados
ni asistentes sociales reciben formación específica.
Para la portavoz de la Red de Organizaciones Contra la Violencia de Género,
es vital que los tratamientos sean integrales y que corran a cargo de
equipos multidisciplinares: Hay veces en que el deterioro psicológico
de las mujeres es tal que no les permite acudir al juzgado en las condiciones
adecuadas. Los abogados tienen que estar en contacto con los psicólogos
de las víctimas para prever estas situaciones. Y al revés.
Una mujer que va a un juzgado, tiene una crisis tras enfrentarse a su
maltratador. Por eso es importante que los psicólogos sepan cuáles
son los tiempos jurídicos de sus pacientes.
En España, sólo la Red de Casas de Acogida de Andalucía
tiene un modelo parecido al del Centro dirigido por la Federación
de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas. El resto son casi
todas casas aparcamiento, según la definición
de las principales asociaciones de mujeres. Este tipo de casas prosigue
Álvarez es un recurso que sirve para solucionar un problema
concreto, pero no real. Si no hay un seguimiento, tras su estancia la
mujer es devuelta a la sociedad sin comprender qué le ha pasado
y por qué le ha pasado. Por el contrario, si recibe un tratamiento
integral, sale con las claves para evitar que la situación se repita.
La situación en Catalunya es una de las peores de todo el Estado.
La abogada María José Varela recuerda que ante la falta
de casas de acogida de la Generalitat para paliar las situaciones más
desesperadas, los ayuntamientos envían a las mujeres en situación
de emergencia a hoteles y residencias para transeúntes, y esos
lugares tampoco son los adecuados. También Amnistía
Internacional hizo recientemente una denuncia similar. En noviembre
del año pasado, esta ONG pidió a los políticos que
destinaran más medios y menos propaganda. Amnistía
Internacional denunciaba que no haya ni diagnósticos ni planes
de acción para atender las necesidades específicas
de las mujeres del medio rural. Asimismo, señalaba que la
protección institucional y el apoyo a las víctimas varía
notablemente en función de la provincia y la comunidad autónoma
donde se encuentre cada mujer. No existen unos estándares mínimos.
La ONG incluía entre sus protestas la referencia a la situación
de las mujeres inmigrantes que son maltratadas y que no se atreven a denunciar
por temor a las represalias legales.
Déficit de plazas
El problema económico hace imposible que se cumplan las pautas
que aprobó el Parlamento
Europeo en 1986. Tal como apunta Varela, entre sus recomendaciones
se decía que debía haber una plaza para cada 10.000 habitantes.
Aquí esa cifra es un sueño, pero al menos deberíamos
aspirar a tener un centro integral por comunidad autónoma,
propone.
Ese deseo es compartido por las integrantes de la Plataforma de Ex Residentes
del Centro de Recuperación Integral, quienes estos días
buscan apoyos para salvar el centro que les devolvió la dignidad.
Denuncian que hay un mensaje oficial y una realidad muy distinta.
El Gobierno tiene que fomentar una política de prevención
para erradicar el problema. Y para ello debe introducir una perspectiva
en las escuelas, desde las mismas guarderías, porque estamos ante
una violencia de tipo ideológico, la del sistema patriarcal.
También es necesario liberar a los hombres de la educación
sexista fundamentalista, propugna Pérez del Campo. Para ella,
no se debe restar importancia a los valores que, pese al discurso oficial,
se les sigue inculcando a los niños no llorar, ser los primeros
en todo y tomar como un insulto que se les llame nena.
|
|