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LA DESHONRA RUSA Como todos los años, Putin ha vuelto a reunirse esta primavera con los líderes del G7. De nuevo, ha sido recibido con honores de estadista. Y, como siempre, la periodista rusa Anna Politkovskaya (Nueva York, 1959) ha aprovechado todas sus intervenciones públicas para denunciar la hipocresía de Occidente, "que permite el genocidio de Chechenia" orquestado por el presidente ruso". Afirmaciones similares aparecen en su último libro, La deshonra rusa (RBA Libros). Publicado en:
El Periódico (Libros), 15 de julio de 2004
(Versión íntegra antes de ser editada para su publicación) Magda Bandera | 15-07-04 Afirmaciones similares aparecen en su último libro, La
deshonra rusa (RBA Libros). En él se recogen duras acusaciones
contra el ejército ruso, basadas en sus últimos viajes a
la república caucásica. También recupera algunas
de las historias incluidas en sus libros anteriores Una
guerra sucia
y Terror en Chechenia (ver el reportaje "Donde los muertos
valen más"). Las obras de Politkovskaya, los artículos publicados en su diario,
la Novaia Gazeta,
y sus apariciones en público suelen tener gran repercusión
en su país. Cuando hablo en el extranjero, las embajadas
corren a informar a Moscú sobre lo que he dicho. Su última
obra ha colmado el vaso hasta el punto de que se convocó una reunión
en la Cámara Alta rusa para discutir cómo hacer entender
a los ciudadanos que todo lo escrito por esta periodista era mentira. Cuando se le pregunta si considera que La deshonra rusa ha provocado
semejante revuelo por ser su libro más duro, Politkovskaya ensaya
una sonrisa irónica en su inexpresivo rostro: No, en absoluto.
Aún no he publicado lo peor. Pero lo hará pronto.
En los últimos meses, quien fuese propuesta como mediadora por
los guerrilleros chechenos que asaltaron el teatro de Dubrovka de Moscú
en octubre de 2002 ha estado reconstruyendo minuto a minuto las 57 horas
que duró el secuestro. En La deshonra rusa hay un buen
avance. Politkovskaya reproduce sus conversaciones con los suicidas chechenos
desde el momento en que ella llegó a Moscú tras coger un
vuelo urgente desde Los Angeles, donde se encontraba en el momento del
asalto. El periodismo al estilo Putin
Autocensura aparte, los periodistas rusos sufren fuertes presiones por
parte del Gobierno. ¿Hay algunos temas especialmente delicados?
Politkovskaya contesta que sí: Se ponen muy nerviosos con
las referencias a los escuadrones de la muerte del ejército ruso.
También les disgustan los artículos sobre la unión
de bandas terroristas con las bandas estatales. Este hecho ocupa bastante espacio en La deshonra rusa: En
su tercer año, la guerra ha generado una hidra monstruosa: las
brigadas criminales rusochechenas. Estas brigadas están integradas
por militares o ex militares rusos y ex combatientes chechenos, como para
demostrar que el conflicto carece de cualquier fundamento moral. Estas
bandas, que saquean, matan, violan y torturan, se burlan olímpicamente
de las diferencias ideológicas, religiosas y nacionales entre Rusia
y Chechenia, esgrimidas por los políticos y politólogos
en Moscú. Publicar datos de este tipo le ha valido a la Novaia Gazeta más de una llamada del Kremlin. Entiendo que a veces la presión es demasiado grande, pero si no puedo escribir lo que he visto con libertad, prefiero no redactar una sola línea sobre este tema concreto, dice Politkovskaya. Una periodista muy sui generisPolitkovskaya incluye en su último libro un capítulo dedicado
a la vida cotidiana de un periodista en tiempo de guerra.
Extraño en una corresponsal bastante alejada del egocentrismo y
los excesos de buena parte de la tribu, y totalmente comprometida con
una causa concreta. En el epílogo de La deshonra chechena,
la periodista explica lo difícil que resulta conseguir agua potable
en Chechenia. Por ese motivo, lavarse los dientes es algo excepcional.
Aun así, de vez en cuando es posible negociar con los militares
una dosis de agua para un baño. Para ello se montan verdaderos
numeritos y se derrochan sonrisas. En cualquier caso, vale
la pena intentarlo porque un baño en plena guerra es la felicidad
máxima. Obtener comida en Chechenia es otra odisea: No hay nada como la
guerra para adelgazar. Pan y té es lo único que cabe permitirse
sin demasiado riesgo. Por la mañana y por la noche: té y
pan. Al día siguiente: té y pan. El alojamiento también
es un problema en Chechenia. En esta región prácticamente
no hay hoteles. Así no es de extrañar que esta guerra no
tenga el suyo propio, como sucede en la mayoría de los conflictos,
que suelen contar con un edificio que sirve de refugio a la tribu. En las habitaciones los reporteros improvisan más de una fiesta
privada donde pasar las horas muertas, comparten alguna que otra borrachera
y, de vez en cuando, información. Algunos de esos alojamientos
se han convertido en símbolos como el Hotel Palestina de Bagdad
y el Holiday Inn de Sarajevo, situado en plena avenida de los francotiradores.
En cualquier caso, desde esas habitaciones de lujo, venidas a menos en
tiempos de guerra, es difícil saber qué le está sucediendo
a la población civil. Ese es otro de los motivos por los cuales
Anna Politkovskaya nunca se aloja en ellos, sino que lo hace en las casas
que les sugieren sus amigos chechenos. Ello implica un grave riesgo, ya
que al caer la noche abundan los saqueos y las detenciones arbitrarias
de los soldados rusos. Otro problema añadido son los delatores de las aldeas. Estos chivatazos
han hecho que más de una vez los soldados la interceptaran y ajustaran
después cuentas con sus anfitriones. Por eso tuve que convertirme
en maquis: entrar en los pueblos a la caída de la noche y deslizarme
a hurtadillas hasta la casa donde se me esperaba, hablar con los vecinos,
dormir y salir al alba intentado pasar desapercibida, explica la
periodista. No se trata de un detalle, asegura Politkovskaya: Mis
visitas han costado la vida a bastantes personas que desde entonces forman
parte de mi biografía (...). También ha ocurrido que asesinasen
no sólo a la persona que habló conmigo, sino también
a algunos miembros de su familia. En el haber de mi cuenta de periodista
figura un muchacho de quince años, asesinado junto con su madre,
Marja, una activista del pueblo que recogía información
sobre los crímenes de guerra cometidos contra los habitantes del
lugar (...). ¿Saben ustedes cómo vivir con esta carga? Yo
no sé. Esa carga impulsa a la autora de La deshonra rusa a seguir viajando a Chechenia una y otra vez para recoger toda la información que encuentra sobre los abusos contra la población civil con la vocación y eficiencia de un notario. Dice estar haciéndolo por si después se necesita. Puede ser muy útil si algún día se celebra un juicio por los crímenes contra la Humanidad que se cometen a diario en el Cáucaso. La Rusia de PUTINEn el último libro de Politkovskaya, Chechenia comparte protagonismo
con la propia Rusia. En este país la población también
vive presa del mal de Chechenia y hasta el vocabulario de
los niños ha acabado por contaminarse: Escena en una calle
de Moscú. Niños de diez u once años vuelven del colegio.
Oigo risas alegres. Vamos a hacerle una zatchistka (un registro
de los que llevan a cabo los militares en Chechenia)... Y se acercan sigilosamente
a una compañera de clase, algo despistada, para introducirle algo
en la mochila. La palabra ha calado hasta convertirse en sinónimo
de robo legítimo o un progromo motivado. Los ciudadanos también se han habituado a que los soldados que
vuelven del frente cometan con ellos abusos semejantes a los que ejercen
sobre los civiles chechenos. El hombre acostumbrado al saqueo tiene
dificultades para controlarse. Dos años después del comienzo
de la segunda guerra chechena no quedaba en la república nada que
robar. Así, los que se habituaron a esa droga se dedicaron
a saquear a los suyos, escribe Politkovskaya. Viendo esas acciones en las calles del mismo Moscú, algunos rusos intuyen la verdad sobre lo que sucede en Chechenia, pero pueden hacer poco. Hay gente con conciencia, que lucha por la paz a través de las ONGs, pero la mayoría de la población está desinformada. Además, hay miedo. Tras algunas manifestaciones, la gente es sistemáticamente arrestada, aclara Politkovskaya. Por otro lado, el país necesita un enemigo, sostiene la periodista:
En la Rusia de Putin hay pocos resultados positivos: la economía
sigue estando dominada por los oligarcas y la protección social
es inexistente. ¿Sobre qué bases puede construirse una política
interior? Sobre la nostalgia de la gran Unión Soviética
y sobre la nostalgia del Imperio, porque necesitamos sentirnos grandes(...).
Rusia necesita un pequeño y un malvado
para sentirse grande e importante. El goce orgásmico de ser una
gran potencia se alimenta de la aniquilación del otro, de su humillación,
lo cual se logra con absoluta impunidad. Las acusaciones de Politkovskaya van más allá y presenta pruebas de que a Putin no sólo no le interesa luchar contra el terrorismo, sino que además ha jugado la baza de la alianza con el movimiento islamista. La deshonra rusa
Autora: Anna Politkovskaya Traducción: Catalina Martínez Editorial: RBA Páginas: 218 Precio: 17,00 € |