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GUERRA EN IRAQ
Pacifistas: boicot al conformismo

La guerra ha estallado en Iraq, pero el colectivo pacifista se resiste a dar su lucha por perdida. A través de Internet o del boca a boca, surgen nuevos frentes a favor de la paz.

Publicado en: La Vanguardia, 23 de marzo de 2003

Magda Bandera | 23-03-03
"Cuidado con los boicots absurdos”, advertía la semana pasada un mensaje de correo electrónico que corrió por la red con la velocidad que sólo este medio es capaz de lograr. A continuación, se proponía una “manera inteligente” de dañar a las empresas que podrían beneficiarse con la guerra en Iraq. “No podemos dejar de comprar petróleo, porque nos perjudicaríamos a nosotros mismos y no tendríamos el apoyo general, pero sí podemos concentrarnos en las dos compañías petrolíferas más grandes del mercado. Así las obligaremos a bajar sus precios y todas las demás tendrán que seguirles. Por favor, traducid este mensaje al máximo de lenguas posibles y difundidlo al máximo”.

Como esta propuesta, cientos, pero cada vez mejor organizadas y ordenadas en agendas on-line, que son consultadas sin cesar. Hasta el punto de que la principal web española dedicada a los movimientos sociales, www.nodo50.org, estuvo a punto de verse desbordada por el flujo de visitas que siguió a la caída de las primeras bombas. “Se multiplicaron en un 400%”, explica uno de sus coordinadores. Las citas electrónicas más importantes en España tendrán lugar el próximo fin de semana, cuando está previsto que muchos autocares se dirijan a la base militar de Rota y se celebre una gran consulta popular sobre la guerra similar a la que se llevó a cabo el año pasado con motivo de la deuda externa.

Hay iniciativas para todos los gustos. Unas destacan por su ruido, como las caceroladas, y otras, por el silencio, que estos días se guarda periódicamente en muchas plazas. Una de las propuestas más originales es la que propone un apagón de 15 minutos el próximo día 27 para simular las consecuencias que provoca un bombardeo. También hay muchos que han iniciado huelgas de hambre y las acampadas proliferarán en los próximos días.

Ganar la opinión pública

“Se trata de no perder el ritmo. No hemos podido evitar la guerra, pero aún podemos hacer muchas cosas. Para empezar, podemos evitar la siguiente”, dice, esperanzada, Anna Vila, una estudiante de Derecho que hasta que estalló la guerra se sentía “contenta”, porque últimamente en su casa comían sin televisión. “El debate en torno a la guerra nos tiene a todos muy alterados y unidos. Nunca mis padres, mi hermano y yo habíamos estado de acuerdo en un tema, pero me da miedo que esta armonía generalizada desaparezca cuando la guerra acabe y aparezcan un montón de niños iraquíes sonriendo con la bandera estadounidense. Ahora es cuando los pacifistas tenemos que trabajar más que nunca o perderemos la batalla de la opinión pública”.

El sociólogo Enrique Gil Calvo también comparte este temor: “La opinión pública es muy voluble. Sólo hay que mirar a los británicos: en cuanto han llegado los primeros muertos y se ha exaltado el patriotismo se les ha olvidado todo. De momento, en España la ciudadanía está unida y se sigue manifestando contra la guerra y contra la impunidad de Estados Unidos, pero todo podría cambiar en un mes”.

Para Gil Calvo todo depende de la duración del conflicto y del gobierno que sustituya al de Saddam. “Ahora que Europa ha decidido correr un tupido velo y guardar silencio en lugar de condenar la guerra, puede que las opiniones públicas de sus respectivos países cambien.”

En este sentido, el autor de Nacidos para cambiar se muestra muy escéptico sobre el futuro de “la llamada nueva superpotencia mundial. Cuando la guerra no sea noticia de primera página y llegue la final de la Liga de Campeones ya veremos qué pasa, la gente es muy olvidadiza y pragmática”. Según el sociólogo, un factor que resultará vital para mantener alto el nivel de movilización será “la actitud que adopte Hollywood esta noche”, porque los actores son un referente para todos esos jóvenes que se han manifestado por primera vez.

No obstante, Gil Calvo considera que el éxito del movimiento contra la guerra ha servido para reforzar la capacidad crítica y organizativa de los sectores más activistas, “como los colectivos antiglobalización, que han salido muy reforzados”.

Desobediencia civil

Esta es también la conclusión de Adele Oliveri, economista y activista italiana que participa activamente en la plataforma barcelonesa Aturem la Guerra, de Ciutat Vella. “Esta experiencia nos ha enseñado a organizarnos mejor, a saber cómo debemos movilizarnos y a empezar a plantearnos la desobediencia civil como una opción”, afirma.

Aunque admite que eso de la desobediencia civil produce rechazo entre algunos pacifistas, sobre todo entre los mayores. “La gente está acostumbrada a la obediencia. Por eso no se atreven a desobedecer, ni siquiera ante leyes y políticas injustas. Pero esta guerra es claramente ilegal. El Gobierno no está siendo un ejemplo de respeto a las leyes internacionales, así que tampoco debe exigir respeto a los ciudadanos. En Italia, hay muchas personas que han decidido empezar a actuar en esta línea. Por eso había tantos jóvenes tirándose a las vías para impedir el paso de trenes con material bélico”, explica esta activista.

Sin llegar a este tipo de acciones,uno de los tipos de desobediencia civil más eficaz es la objeción fiscal, según explica Arcadi Oliveres, presidente de Justícia i Pau. Esta ONG lleva 20 años apostando por esta lucha, pero nunca habían tenido tantas demandas de información al respecto como ahora.

Por su parte, Jorge de Castro, profesor de secundaria de Madrid, apela a la objeción de conciencia. “Varios diputados alegaron objeción de conciencia a la hora de votar la ley del Aborto. Resulta sorprendente que en esta ocasión, ningún diputado del PP esgrimiera esta razón para oponerse a la guerra, tal como ha manifestado el Papa”, considera.

Para intentar explicárselo, De Castro apunta a la gran presión que ejerce el poder en torno a esta guerra. “Los medios están siendo especialmente activos, asegura.” Esta es, precisamente, otra de las denuncias más generalizadas entre los activistas, que “buscan en Internet las informaciones que no se encuentran en ningún otro lado”, explica Anna Vila. “Además, entre tanta angustia, me relaja ver esos vídeos que se burlan de nuestros dirigentes. Eso sin contar con las campañas más locas, como la que propone mandar galletitas saladas a Bush.

 

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