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El libro de Salam Pax

Lolita y otros dolores

Tres libros hablan de clandestinidad, censura y evasión en otras tantas sociedades oprimidas por el fundamentalismo religioso y político. Leer Lolita en Teherán, Quadern de Bagdad y El librero de Kabul ensalzan la literatura y la palabra como las únicas vías de escape ante la locura colectiva. Asimismo, retratan la vida cotidiana de Irán, Irak y Afganistán desde una perspectiva que nunca aparece en los medios de comunicación de masas.

Publicado en: El Periódico, 31 de octubre de 2003 (versión original del texto antes de su publicación)

Magda Bandera | 31-10-03

La evasión como forma de escapar a la opresión y el aislamiento

“Vivir en la República Islámica es como tener relaciones sexuales con un hombre al que aborreces”, le dijo un día a su marido la profesora de literatura inglesa Azar Nafisi. Esta iraní, que impartió clases en la Universidad de Teherán hasta que fue expulsada por negarse a llevar el velo, desarrolla la metáfora en su libro Leer Lolita en Teherán.

”Si te obligan a acostarte con alguien que te disgusta, dejas la mente en blanco y finges estar en otra parte, tiendes a olvidar tu cuerpo, detestas tu cuerpo. Eso es lo que hacemos aquí, hacer constantemente como que estamos en otra parte... planeándolo o soñándolo”, escribe.

Esa sensación es compartida por muchísimas iraníes. Ella pudo comprobarlo durante los dos años en que se reunió cada jueves por la mañana con siete de sus mejores alumnas. Fue en otoño de 1995 cuando, desesperada por no poder ejercer, decidió crear en su casa un pequeño oasis clandestino para hablar de literatura. Aquel seminario le salvó la vida. Dos años después emigró a Estados Unidos.

“Quienes vivíamos en la República Islámica de Irán nos dábamos cuenta de la trágica e insensata crueldad a la que estábamos sometidos. Teníamos que burlarnos de nuestra propia desgracia para poder sobrevivir. Ésta fue una de las razones por las que el arte y la literatura pasaron a ser tan esenciales para nuestra vida”, escribe Nafisi.

Una pulsión similar es la que describe Salam Pax en su diario electrónico, publicado ahora por La Magrana con el título de Quadern de Bagdad. El arquitecto de 29 años Salam Pax –el apellido es falso y lo escogió por ser la traducción en latín de su nombre- comenzó a escribir su diario electrónico para comunicarse con su amigo Raed cuando éste se fue a estudiar a Jordania.

La primera entrada de este blog tiene fecha del 7 de septiembre de 2002 y ya entonces Salam se permite bromear sobre una posible lista de emergencia en caso de bombardeo de su país: “velas, alcohol (¿vino negro, quizá?”), buenos libros y cositas para picar”.

Las referencias a la guerra fueron creciendo a medida que avanzaban los preparativos bélicos y con el tiempo miles de internautas empezaron a conectarse con asiduidad a esta bitácora para leer los osados comentarios del “blogger árabe profano y pervertido”, como se autodefine Salam.

Tanto es así que el joven bagdadí se convirtió en una leyenda por estar escribiendo escondido en algún lugar de Bagdad. Incluso medios de comunicación extranjeros como Reuters, la BBC y The Guardian escribieron noticias sobre su página personal. La curiosidad por descubrir su identidad llegó a ser peligrosa para Salam y su familia.

Según Ian Katz, director de opinión de The Guardian, la expectación estaba justificada, porque se trata de “el text més fresc i estimulant que arribava d’Iraq. Hi havia dues coses que impactaven instantàniament. La primera era la seva irreverencia gairebé vertiginosa amb el règim de Saddam”. Algo que no podían permitirse los periodistas extranjeros ante la amenaza de expulsión fuera del país.

La segunda característica es que frente a la caracterización de los iraquíes dcomo “pobres, antioccidentales, histéricos y totalmente diferentes”, Salam “era igual que nosotros”. El blogger hablaba en inglés coloquial y se declaraba incondicional de David Bowie y Massive Attack. Esa similitud le valió ser acusado de montaje iraquí y espía del Mossad y de la CIA, entre otros.

No obstante, con los meses se hizo evidente que sólo alguien que viviera en Bagdad podía conocer los detalles que él incluía en las diferentes entradas de su blog. Salam Pax explica a sus lectores cómo era la vida en Bagdad durante los últimos años de la era Sadam, desde el modo en que se divertían los jóvenes hasta algunas de las torturas inflingidas por el régimen.

La principal diversión para los veintañeros como Salam son las fiestas privadas en casas donde el reto es conseguir vodka barato y una buena pipa de agua. Además de estas rutas, están las diurnas que consisten en pasear por las calles, pararse en un bar de zumos de fruta y revolver los cds de contrabando en las tiendas de música. La llegada de amigos extranjeros suele convertirse en una buena excusa para una fiesta, pero también presenta algunos peligros

Pax los explica al describir algunas torturas a un internauta estadounidense que le dice que si su gente tuviera arrestos no habría dictador que los sometiera. Indignado, el arquitecto contesta: “¿Perdona, però, ¿qui et penses que ha de suportar que li fiquin al cul ampolles trencades? ¿I a qui et et penses que li electrocuten els collons? No t’atreveixis mai a dir que sóc un ploricó. Tu no tens ni idea de què se sent quan s’emproten un membre de la teva familia perquè és sospitós d’activitats antigovenamentals... i la sospita es basa en el fet que té un parell d’amics estrangers”.

Sin embargo, Salam se muestra muy crítico con las dos especies de extranjeros que visitan Irak durante las semanas previas a la agresión: periodistas y escudos humanos.

Sobre los extranjeros que visitan Irak durante los meses previos a la agresión, Salam no escatima reproches. El blogger corrige los errores de los corresponsales a los que sigue a través de internet y de su antena parabólica. Asimismo, se burla de los corresponsales que se aburren mientras esperan que la guerra empiece para poder filmar. Salam menciona a un periodista de la BBC que escribe sobre el clima prebélico y se sorprende al ver que los iraquíes hacen vida normal. “A veure, ¿què se suposa que hem de fer? ¿Córrer pels carrers xisclant? La guerra truca a la porta, aaaaaaaaaah!”.

Algo después de acabada la guerra, Salam aceptó una entrevista con el periodista de The Guardian. Ese día escribió “M’he venut l’ànima al diable. He parlat amb en Rory, del Guardian. Mireu, m’ha pagat un dinar fabulós en un lloc que tenia aire condicionat i un munt de gent de l’estranger (...) Vendría els meus pares per una bona ampolla de vi”. Poco después empezó a escribir una columna quincenal en este diario, pero no ha perdido el tono irreverente y ni siquiera este diario escapa a sus críticas.

La acción de los escudos humanos en Irak también suscita los reproches de Pax: “Només els seguiu el joc. Ho hauria entès si haguessin estat preparant ajuda humanitaria: medicaments, menjar, unitats mediques transportables, qualsevol cosa menys escuts humans (...). Si voleu ajudar, aneu a la frontera on s’espera una gran quantitat de refugiats: tindran por, potser estaran ferits i necessitaran ajuda. Estar-se assegut en una central elèctrica amb l’esperança que no la bombardegin és ridíciul, ara mateixa ja no en tenim prou, d’electricitat”.

Los comentarios se radicalizan cuando descubre dónde se alojan y cuánto cuestan sus comidas: El Hotel Al-Rashid, “que vindria a ser com el Waldorf Astoria de Bagdad, cap altre hotel és tan car i exclusiu (...). El que de debò m’ha emprenyat és saber que els escuts humans reben bitllets de dietes per valor de 15.000 dinars per àpat... ¿Sabeu quant val la ració mensual de menjar per a una família de quatre membres... la de tot un mes, no pas la d’un àpat? 30.000 dinars”.

Por este motivo, Pax llama “turistas de guerra” a los escudos humanos: “Avui anaven a Babilònia. És la manera més barata de fer aquell viatge a l’Iraq que sempre heu volgut fer, però que us feia por (...). Un de cada tres d’aquests “escuts” escriurà algun article en alguna banda”.

Pero Pax no los leerá. Él dice preferir los blogs a los que se ha hecho adicto”: “Hi ha gent que mira telenovel·les, jo llegeixo blogs. Viatjo a través de la xarxa guiat pels bloggers. M’involucro en els arguments que s’hi narran”.

Salam admite que esta “adicción es un poco voyeurística, pero esas cosas mundanas del día a día le fascinan, porque son “llambregades de vides tan diferents de la meva, i uns textos extraordinaris (...). No teníem accés a la televisió per satèl·lit i les revistes s’havien d’entrar al país de contraban. Per mitjà dels blogs, jo podia fer un cop d’ull a un món diferent”, añade.

Ni Nafisi ni Salam Pax lo tuvieron fácil para conseguir sus respectivas “dosis”. El adicto a internet tuvo que enfrentarse a apagones y bloqueos del servidor constantes, mientras que Nafisi se decepcionaba día a día al ver que las mejores librerías de Teherán eran clausuradas, algunos volúmenes retirados y la distribución de obras extranjeras interrumpida.

Un proceso similar se vivió en Afganistán cuando los talibanes llegaron al poder. La periodista Asne Seierstad (Copenhague, 1970) describe en “El librero de Kabul” (Maeva) el sufrimiento de su protagonista, Sultán Khan, a lo largo de décadas: “Primero, los comunistas me quemaron los libros, luego los muyahidin saquearon la librería y, finalmente, los talibanes volvieron a quemar mis libros”.

La periodista conoció a Khan cuando llegó a Kabul en noviembre de 2001 acompañando a las fuerzas de la Alianza del Norte. Poco después, le pidió a este “hombre elegante y canoso” que le dejara pasar unas semanas con su familia. Basándose en esa estancia, Seierstad escribió un libro tan exitoso como controvertido, ya que el librero protagonista –cuyo nombre real es Shah Muhammad- ha decidido denunciarla por falsear los hechos.

Por otra parte, muchos critican que Seierstad haya escogido un narrador omnisciente para relatar hechos que ella no vivió. En cualquier caso, el objetivo de la corresponsal danesa es el mismo que el de Nafisi y Pax: intentar hacer visibles vidas anuladas. Para conseguirlo, Seierstad alternó la burka con sus propios trajes. Ello la convirtió en “una especie de hermafrodita. En mi calidad de mujer occidental, podía moverme tanto entre las mujeres como entre los hombres”.

Los tres libros tienen otra cosa en común. En todos ellos se hacen referencias a Los versos satánicos de Salman Rushdie. Su autor sigue siendo juzgado en muchas de las charlas improvisadas en las callejuelas de Oriente Próximo.

 

Algunos ejemplos de censura en los tres libros

¿Podía alguien concentrarse en el trabajo de la universidad cuando “lo que le preocupaba a la junta de profesores era cómo eliminar la palabra vino de una novela de Hemingway?”, se pregunta Azar Nafisi en Leer Lolita en Teherán.

Hasta 1994, el director de la censura cinematográfica en Irán era ciego. Antes había sido un censor de teatro, que se sentaba en una butaca junto a un ayudante que le explicaba lo que sucedía en escena. A continuación, el censor indicaba las partes que había que modificar.

La televisión no corrió mejor suerte. La comisión investigadora de la Televisión Nacional redactó un largo informe en el que condenó la proyección de Billy Budd por hacer proselitismo de la homosexualidad. Lo irónico es que habían escogido esta película “principalmente porque en ella no salían personajes femeninos”. Otra aberración fue eliminar a Ofelia en una versión rusa de Hamlet para la televisión.

En Irak las cosas no han sido más fáciles en las últimas décadas. En febrero los locutores de la emisora de radio en lengua inglesa de Bagdad recibieron instrucciones de no pronunciar el nombre del grupo de música Bush. “L’han de lletrejar: “Be u essa hac han tret un nou single”. Em jugo qualsevol cosa que els discjòqueis de l’emissora donen gràcies a Déu que no existeixi cap grup que es digui Schwartzkopf”.

El gobierno iraquí permitió tener acceso a internet desde las casas privadas en el 2001. Pero había restricciones: “Una pàgina negra amb lletres grans de color taronja: accés denegat. Et feien signar un paper en què es deia que no provaries d’entrar a llocs que fossin de naturalesa “no amistosa”. Bloquejaven determinats termes de cerca i tenien una colla de gent que examinava les peticions d’URLs que passaven pels seus servidors. A vegades el senyor Mata-Pàgines s’emprenyava molt per tota la gent que googlejava Saddam o els seus fills, i el Google quedava bloquejat”.

Pese a todo, las páginas pornográficas eran más castigadas por el censor electrónico que otras de “peligroso” carácter político. Salam explica que este hecho tienen que ver más con el deficiente nivel de inglés del Matapáginas que con sus creencias religiosas.

Estas últimas son las que han convertido en inservibles los libros de texto de los niños afganos redactados durante el regimen talibán (las niñas no tenían). En estos se explicaba el alfabeto del siguiente modo: “y como en yihad, nuestro objetivo en este mundo; I como en Israel, nuestro enemigo; K como en Kaláshnikov, ganaremos; M como en muyahidin, nuestros heroes; S como…".

 

Paralelismos entre Lolita y el pueblo de la República Islámica de Irán, según Azar Nafisi (algunos extractos)

Las siete alumnas del seminario de Azar Nafisi leyeron textos de Scott Fitzgerald, Henry James y Jane Austen. Pero fue Nabokov quien les ayudó a entender su propio secuestro. La filóloga establece varios paralelismos entre Lolita y la República Islámica de Irán:

  • Anulación. “La desesperada verdad de la historia de Lolita no es la violación de una niña por un viejo verde, sino la apropiación de una vida por otra”. A Lolita “no sólo le arrebatan su vida, sino también la historia de su vida”, como a la inmensa mayoría de las mujeres iraníes.
  • Obsesión. “La verdad sobre el pasado de Irán fue en cierto momento tan inmaterial para quienes se apropiaron de él como la verdad de Lolita para Humbert”. Según Nafisi, la verdad de Irán, como la de Lolita, perdieron relieve ante las obsesiones del ayatolá y de Humbert respectivamente.
  • Síndrome de Estocolmo. “Lo que Nabokov reprodujo fue la textura de la vida en una sociedad totalitaria, donde el individuo está completamente solo en un mundo ilusorio y lleno de falsas promesas; donde ya no se sabe distinguir el salvador del verdugo”.
  • La mejor defensa, un buen ataque. “Humbert se exculpa acusando a su víctima, un método con el que estamos bastante familiarizados en la República Islámica de Irán”.
  • Inocentes transgresiones. Como Lolita, las alumnas aprovechaban sus encuentros para rebelarse: para hacer gala de su insubordinación, “enseñando un poco de pelo por debajo del pañuelo, poniendo un poco de color en la gris uniformidad de nuestro aspecto, dejándonos crecer las uñas, enamorándonos y escuchando música prohibida”.
  • Imagen distorsionada. Los censores parecen tratar los textos “de la misma forma en que Humbert trata a Lolita: sólo se ven a sí mismos y lo que quieren ver”. Nefisi aseura que el ayatolá Jomeini trató de convertir las vi das de los iraníes en un producto de su imaginación.