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39 veces la primera vez

39 veces la primera vez

Leer fragmentos:
CAPÍTULO 18: "SEGÚN ELLA"
CAPÍTULO 20

Fue muy difícil encontrar 39 personas dispuestas a contarme cómo perdieron su virginidad. Siempre que le comentaba a un amigo que el libro que me habían encargado trataba sobre “la primera vez” sucedía lo mismo: ¡ostras!, silencio, risitas. No me preguntaban nada, estaba claro a qué “primera vez” me refería. Luego, inmediatamente, levantaban el dedo y lo movían en dirección “no, no, conmigo no cuentes”, hasta que algo después se acercaban para decirme: “Si quieres, puedo buscarte a alguien”. Así fue como nacieron los cafés con oreja.

Los cafés con oreja comenzaban siempre sin oreja. Un amigo de una amigo de un amigo y yo nos citábamos en un bar para charlar. Reproducíamos el ritual amoroso bien estructurado: unos minutos para relajarnos, reconocernos, medirnos, perder la timidez; un buen rato de gozoso jolgorio en el que nos soltábamos, ya del todo desinhibidos, y una tercera parte –la famosa “fase post-orgásmica”-, durante la cual sentíamos que habíamos compartido un pequeño secreto. No recuerdo dos despedidas iguales. Hubo ocasiones en las que sonreímos imaginando cómo íbamos a mirarnos a la cara después de aquello, y hubo otras en las que bromeamos acerca de las “orejas”, las que estuvieron a punto de desplomarse sobre nuestras tazas cada vez que sus propietarios nos oían pronunciar las palabras “penetración”, “desnuda”, “preservativo”, “polla”, “amor”, y se inclinaban peligrosamente para afinar los tímpanos y no perderse ningún fonema”.

39 veces la primera vez ha sido traducido al catalán y al portugués. La idea de escribir un libro sobre la pérdida de la virginidad fue del editor Sergio Gaspar (DVD/ L'Illot), quien me dio libertad total para escoger el formato más adecuado. Los monólogos funcionaron bien por su frescura –mil gracias a todos los entrevistados por su tiempo y sinceridad- y pronto se agotaron las primeras tres ediciones del libro. Círculo de Lectores publicó su propia versión en el 2000 y la editorial DeBols!llo hizo otro tanto en el 2002, aunque ésta última ya ha sido descatalogada. Por su parte, la editorial portuguesa Noticias ya lleva dos ediciones publicadas de A primeira vez.

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Editorial: DVD
Año de edición: 1999
156 páginas
ISBN: 8495007126

Capítulo 18: "Según ella"

Todo empezó con el traqueteo del tren. Habíamos ido de excursión y al regresar nos tocó un máquina muy destartalada, con unas sacudidas de lo más sugerente. Nos pusimos picarones y jugamos a seguir el ritmo con el cuello y los hombros. Llevábamos dos meses saliendo, enrollándonos en todos los portales del barrio, con sus pantalones siempre a punto de reventar y yo alucinando con los grititos que se me escapaban. Pero lo que más me chocó fue su desparrame de hormonas olorosas. Fue una verdadera sorpresa porque eran dignas de una mofeta. Es que precisamente una de las primeras cosas que me atrajeron de aquel chico era lo bien que le olían las camisas. Puede parecer una tontería, pero era algo tan casero, tan familiar, que me dio confianza y yo, que siempre había sido muy tímida y recatada para enrollarme con nadie, con él no me lo pensé ni un momento.

Durante los días que siguieron a la excursión, sacamos el tema del traqueteo varias veces en plan indirectas. El caso es que no sé cómo, pero acabamos preparando un viaje en coche-cama. En aquella época había una oferta que se llamaba "especial parejas", pagaba uno y viajaban dos. Decidimos que la noche de San Juan era ideal para escaparnos, porque nuestros padres no nos esperaban hasta las siete o las ocho de la mañana. La idea era salir de Barcelona a eso de las siete de la tarde, hacer unos trescientos kilómetros en coche-cama y luego volver en asientos normales. Nos daba igual acabar en Zaragoza o en Valencia.

Lo calculamos todo hasta el mínimo detalle, pero ninguno de los dos se atrevía a expresar cuál era el objetivo del viaje. Se iba aproximando la fecha y nada, conocíamos al dedillo el nombre de todos los expresos, pero de hacer el amor, ni palabra. Antes de que las cosa se hiciera más y más surrealista, agarré el toro por los cuernos y le pregunté directamente qué pensaba que haríamos en el coche-cama. Se quedó cortadísimo. Entonces le dije que habría que conseguir preservativos y él se ofreció a comprarlos.

Y ahí empezó la gymkhana. Desde ese momento hasta que mi himen desapareció para siempre jamás pasamos más trabajos que Hércules. Lo digo así y parece que le dé mucha importancia al himen, cuando lo cierto es que al principio no la tenía en absoluto. Cuando empecé a salir con Marco, yo tenía veinte años y él, veintitrés. Y a esa edad no tienes tantos miedos. Sólo queríamos estar bien y disfrutar. Yo nunca sentí la presión de "soy virgen, soy virgen, tengo que solucionar este problema". Sabía que lo haría cuando me apeteciera y con tranquilidad. La primera parte la pude cumplir, pero la segunda...

Lo de la estación fue para grabarlo. Fuimos a las taquillas y preguntamos cuál era el primer tren hacia Zaragoza y a qué hora llegaba. Lo apuntamos.
- ¿Y el de vuelta a Barcelona? -añadí.
- ¿Para cuándo?
- Para hoy mismo, justo una media hora después de llegar.
- ¿Cómo?
- Sí, es que tenemos que entregar un paquete y volver.
- Hum. Pues el de vuelta sale justo quince minutos antes de que llegue el de ida.
- Ah, pues nada. ¿Y hacia Valencia, tenéis algo?
- ¿Cómo?
- ¿A qué hora sale el tren de Valencia?
- ¿Y el paquete de Zaragoza?
- Ya, ya lo arreglaremos. Pero, ¿y a Valencia?

El de Valencia era posible, pero cuando pedimos el coche-cama, la chica de la taquilla nos dijo que era un gasto absurdo: para cuatro horas no valía la pena dejarse tanto dinero. Estuve por decirle que a ella eso no le importaba, pero me puse casi tan colorada como Marco.
Total, que regresamos y nos fuimos a la verbena. Esa noche no pasó nada, pero para mí fue esencial, porque ya habíamos tomado la decisión (...).

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Capítulo 20

Las cajas grandes rebosaban globitos de color carne que se colocaban cuidadosamente dentro de las pequeñas. Fue divertido que reclutaran a su pandilla para empaquetar todos esos plásticos antes de saber qué eran. Y aún lo fue más cuando descubrieron que aquellas cosas servían para hacer reír. Los mayores que trabajaban en el almacén se pasaban el día contando chistes sobre los globos. Tenían dos nombres: uno muy largo para hablar con el encargado, y otro más corto para bromear en la calle.

A Sole le encantaba guardarse puñados en los bolsillos y después llenarlos de agua en el colegio. Pero cambió de juego el día en que comprendió para qué se utilizaban realmente. A partir de entonces, se convirtió en una celestina infantil que inventaba notas de ánimo para esconderlas en las cajas de preservativos. Durante aquellos meses escribió muchas veces la palabra "suerte".

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Copyleft Magda Bandera. Permitida la reproducción citando al autor e incluyendo un enlace al contenido original
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